Cubanálisis El Think-Tank

ARTÍCULO ORIGINAL PARA EL THINK-TANK DE CUBANÁLISIS  

 

                                                                          por Antonio Arencibia

El debate sobre el socialismo del Siglo XXI ( PARTES I Y II )

 

 

La obra El Socialismo del Siglo XXI,  de los alemanes Dieterich y Peters ha sido objeto de estudio y discusión en muchos países, empezando por Venezuela, donde pretende servir de base teórica a una nueva fase del bolivarianismo chavista, pero hasta hace un año,- en que se puso a la venta en la XV Feria del Libro de La Habana-, los cubanos no habían podido acceder a su contenido.

 

Heinz Dieterich Steffan, sociólogo marxista, y profesor de la UNAM, dijo al ser entrevistado recientemente por Rebelión, que ya en 1996 había elaborado el concepto de “socialismo del siglo XXI”, al cual Arno Peters, (calificado por Dieterich en el libro de “genio renacentista”), le dio basamento con su tesis sobre la “economía de equivalencias”[i].

 

En el desarrollo de su teoría el profesor Dieterich Steffan, ha estado muy relacionado con tres escuelas que estudian lo que se ha bautizado como nuevo socialismo. En la Escuela alemana de Bremen, junto a Peters y Konrad Zuse, estudió la aplicación de la planificación por computadoras al conjunto de la economía y en el 2005 esa escuela publicó su obra “Hugo Chávez y el Socialismo del Siglo XXI”.  Por su parte la Escuela de Escocia, está vinculada al Partido Socialista de los Trabajadores (SWP) y analiza estas cuestiones desde una óptica trotskista, mientras que la Escuela norteamericana de Michael Albert insiste en la “economía participativa” y se caracteriza por su tesis de “abolir el mercado”.

 

Conocedor del especial vínculo entre Cuba y Venezuela, Dieterich Steffan se lamentaba recientemente que, no obstante conocer Fidel Castro desde hace años las obras que el ha escrito o patrocina, “Cuba ha optado hasta el día de hoy, por estar virtualmente ausente de la discusión mundial” sobre el tema.  Tal decisión, opinaba el autor, va a tener un considerable costo político-teórico y práctico para el país, que deberá evolucionar fuera del actual modelo de socialismo histórico “que después de noventa años de existencia ha llegado al límite de su vida productiva”[ii].

 

Sin entrar aún en materia tenemos aquí uno de los problemas con que se enfrenta ese nuevo proyecto de socialismo que ha proclamado Hugo Chávez a los cuatro vientos, ya que según confiesa Dieterich: “La Revolución [Cubana] puede tratar de evolucionar hacia el Socialismo del Siglo XXI. [ Pero] hasta la actualidad no hay indicios de tal intención”[iii].

 

El problema se complica porque el profesor Dieterich le añadió a su proyecto inicial la teoría de la transición latinoamericana hacia el nuevo socialismo, basada en la formación del Bloque Regional de Poder del que forma parte Cuba. Conociendo que cualquier cambio en una de las partes afecta al conjunto del bloque, si el mandatario venezolano llegara a implementar la concepción del sociólogo alemán, esto repercutiría en los planes estratégicos de integración económica regional concebidos por él y Fidel Castro.

 

Si Chávez siguiera los preceptos de “El Socialismo del Siglo XXI” de Dieterich, se harían cambios en el sistema de contabilidad y se debería producir la sustitución gradual de los precios en Venezuela por el principio del valor. Si estos cambios valiesen la pena, no sería la primera vez que Cuba se ajustase a difíciles patrones foráneos, -aún a disgusto de Castro-, como sucedió al integrarse la Isla al desaparecido Consejo de Ayuda Mutua Económica. Pero para la dirigencia actual y los tecnócratas cubanos hay riesgo de volar a ciegas en un experimento lanzado por Venezuela pero poco estudiado y debatido en nuestro país.

 

Los puntos de vista de la nomenklatura cubana

Se equivoca Dieterich, o distorsiona la verdad, cuando dice que Cuba, (léase Castro) ha optado por estar virtualmente ausente del debate. El propio caudillo ha recibido los textos básicos de la nueva doctrina de manos del profesor alemán y ha autorizado las conferencias de éste sobre el tema en la Sociedad Económica de Amigos del País e incluso en la Confederación de Trabajadores de Cuba.

Como Castro sabía lo que se está cocinando y sus implicaciones, no ha querido o no ha podido lanzarse personalmente al debate y solo ha dejado un mensaje mediante sus personeros.

Como es habitual entre los elementos cercanos al dictador cubano, son muy discretos cuando hablan de un tema donde no hay claro criterio de la posición del Jefe. Así han opinado sobre el “socialismo del siglo XXI”, primero Ricardo Alarcón y recientemente Armando Hart.

Alarcón respondió a la pregunta de dos periodistas de izquierda en momentos en que todavía Fidel Castro se encontraba gobernando, criticando, -como es ahora moda-,  el viejo socialismo, y pasándole la pelota a los chavistas con el socialismo nuevo:

 “A mí me parece, - dijo-,  que la contribución correcta es la que hace Chávez, cuando formula el Socialismo del Siglo XXI. Que tampoco es un socialismo cualquiera, tiene características de la propia Venezuela (…) Si logran el socialismo los venezolanos no va a ser como el cubano. Por eso me gusta la expresión de Chávez, Socialismo del Siglo XXI, porque es muy abierta, tiene en cuenta todas estas realidades.” [iv]

 

De esa forma quedaba claro que la interpretación que tuviera el mandatario venezolano de lo que había escrito Dieterich no le concernía a los cubanos: en aquel momento Alarcón era portador del mensaje “allá ustedes”.

 

La cuestión se complicó después con los nuevos pasos que ha estado dando Hugo Chávez tras su reelección de diciembre pasado por su insistencia en la opción socialista para Venezuela y en la creación del Partido Socialista Unido de Venezuela. La mayoría de los políticos de izquierda, -que en aquel país son muchos y de muy diversas tendencias-, han planteado como cuestión de sentido común, que no se debe crear ese partido sin tener antes una seria discusión sobre el contenido del “nuevo socialismo”.  Esta situación, junto al alejamiento de Fidel Castro del primer plano protagónico durante los últimos seis meses, le ha dado un papel más preponderante a la problemática del socialismo chavista y ha extendido la importancia del debate allende las fronteras de Venezuela, como una cuestión de interés inmediato para la izquierda radical latinoamericana, sacando a los cubanos de su mutismo.

No en balde, en medio de la mayor gravedad del Comandante, su muy cercano amigo Alfredo Guevara se lamentaba: “A Fidel le falta cumplir un deber con todos nosotros y con las futuras generaciones, y es dejar claro que el socialismo es socialismo de veras y no caricatura del socialismo”[v] Por su parte el profesor Dieterich Steffan justificaba la demora de los cubanos en entrar al debate sobre cambios en el socialismo diciendo que primero era requisito que el Comandante fracturase  violentamente (sic) “la tradición de certeza ideológica de 45 años”, como hizo al cuestionar en noviembre del 2005 el sostenimiento de su propio régimen en el futuro. Después que tan tremendo cuestionamiento fuese procesado dentro del Estado, el Partido y  la población, -juzgaba el alemán-, “la solución se plantearía”[vi].

La realidad es que no se puede esperar el cumplimiento de “un deber”, por parte de Castro que tendría que consistir en una impensable autocrítica demoledora, por ser el supremo responsable de la miserable situación del país. Por eso mismo el inicio del análisis de  las soluciones a los problemas de Cuba está supeditado a la desaparición física del Comandante.

Armando Hart ha publicado por vez primera en la prensa cubana un artículo sobre el nuevo socialismo. En el trabajo el ex ministro, saluda la idea chavista de un “socialismo autóctono” y acota que “va quedando atrás, para siempre, el «socialismo» del siglo XX europeo, aquel vencido «socialismo real» que no lo fue porque, precisamente, no fue socialismo.”

 

Hart al final de su escrito hace un planteamiento que, -publicado en La Habana-,  sugiere que ya hay autorización por parte de Raúl y el equipo de sucesión de empezar a abordar dentro de Cuba la problemática hasta ahora circunscrita al extranjero:

”Ahora corresponde a los estudiosos e investigadores de estos temas examinar, a la luz de los grandes forjadores, las ideas socialistas, los puntos clave de este pensamiento…” [vii]

 

Debate cubano sui generis

 

Como sabemos, hoy en Cuba se examinan “las ideas socialistas” de forma muy discreta. Hasta el momento no se han publicado más que breves notas en la prensa foránea sobre las propuestas de dar mayor autoridad a las cooperativas agrícolas, de extender la propiedad privada a otros sectores, y de incrementar los incentivos a los trabajadores, que los economistas y estudiosos de las ciencias sociales en la Isla están elaborando para presentar a la cúpula gobernante cuando se les solicite. Los participantes reconocen que esas discusiones se están llevando a cabode forma cuidadosa y controlada (…)[ y]  por primera vez en muchos años”[viii]

 

Por ello hay que leer entre líneas y casi adivinar lo que hay detrás del sordo y lento  debate dentro de Cuba. Procedamos a interpretar los artículos de algunos periodistas oficiales.

 

Por ejemplo en Juventud Rebelde, Luis Sexto presenta en su Blog un texto titulado “Socialismo del siglo XXI: ¿entelequia o necesidad?”, donde cuestiona el nombre porque pudiera entenderse relacionado a cuestión de fechas pero no refleja su diferencia de los socialismos anteriores.

 

Seguidamente el periodista entra en materia y plantea que:

 

“De las experiencias socialistas del siglo XX queda una enseñanza que puede adquirir rango de axioma: no sabemos a ciencia cierta lo que es el socialismo en cuanto forma y método. En cuanto ideal sí, porque implica una aspiración irrenunciable de refundar la sociedad mundial sobre bases de justicia, igualdad, libertad. Esta meta no pasará de moda”[ix]. [Subrayado mío AA].

 

Un elemento sorprendente en el trabajo que analizamos es cuando nos informa su autor que el difunto Carlos Rafael Rodríguez, miembro del viejo Partido Comunista cubano desde 1939, había explicado que el socialismo de la Unión Soviética y Europa Oriental “se disolvió porque ‘estaba mal concebido y mal realizado’.

 

Esa frase de quien el Sr. Sexto califica como “uno de los cerebros más sólidos del movimiento revolucionario de Cuba” echa por tierra la explicación, de que la culpa de ese desplome radicaba en Gorbachov y la perestroika, versión muy en boga en los círculos de poder castristas.

 

Pero para curarse en salud, enseguida el hábil periodista pasa a ensalzar el pensamiento de Fidel Castro como antidogmático, y saca lecciones del impactante discurso de éste de noviembre del 2005 sobre la posible “reversibilidad del socialismo” en Cuba. Dice el periodista de Juventud Rebelde  que para evitar eso  el país debe sacar de “su estructura fermentos del llamado socialismo del siglo XX, el socialismo que fracasó, con el cual Cuba mantuvo tantas inevitables afinidades y tanta colaboración en la época de la ‘guerra fría’.

 

Teniendo la cautela como guia el autor no  dice cuales son los “fermentos”viejos que hay que excluir del socialismo a la cubana. También es interesante un párrafo muy respetuoso de este trabajo donde se marcan distancias con  Armando Hart, quien había escrito que muchos olvidaron en el viejo socialismo que el hombre es también materia. A eso le responde Sexto: “Este articulista, sin ánimo de enmendar, añadiría que a veces también algunos olvidaron que el hombre es también subjetividad. Conciencia. Espíritu al que las fronteras y los cartabones limitan y deforman.” [x]

 

Esta pequeña escaramuza entre cubanos es parte de un aspecto bien interesante de la polémica sobre el nuevo socialismo en el que ha intervenido Heinz Dieterich y tiene mucho que ver con la idea del “hombre nuevo” concebido por Che Guevara.

 

 En entrevista concedida a Eduardo Riveros Quiroz, el alemán ha dado su criterio de que el modelo socialista para Venezuela debe tener en cuenta el alto nivel consumista del ciudadano de ese país, para lo que tiene que  echar a un lado los aspectos morales de “predicarle a la gente siempre que tiene que ser como el Che y no consumir”.[xi]

 

¿Habría entonces un socialismo de consumo (Venezuela) y otro de infraconsumo (Cuba)?

 

Los elementos de la intelligentsia o de la nomenklatura en la Isla saben que el debate sobre ese tema y otros parecidos está llegando, pero saben también que el campo está minado y depende, como siempre, de la buena voluntad de “arriba”. Por eso otros periodistas oficiales como Jorge Gómez Barata no se abstienen de la crítica pero dejan una puerta abierta para la retirada cuando establecen las diferencias entre la historia del socialismo soviético y el cubano. Al escribir para Argenpress dice el periodista que: “Los errores teóricos a que condujo el stalinismo fueron trasladados a los países liberados por el Ejército Rojo y al movimiento comunista internacional.”[xii]

 

De esa afirmación se desprende que la revolución socialista cubana, no impuesta por los tanques soviéticos, quedaría como “revolución autóctona”, libre de cometer sus propios errores, pero ello no explica como la nación tomó un camino que los viejos comunistas sabían estaba “mal concebido y mal realizado”.

 

¿Qué pudo conducir a Cuba a aquel socialismo si no fue la decisión inconsulta de un caudillo con delirio de liderazgo mundial que sometió al país al modelo del régimen soviético, donde, -como escribe Gómez Barata-,  “[s]er socialista dejó de ser una opción política para convertirse en un acto que implicaba asumir aquello que llamaban una concepción del mundo y que contemplaba desde el credo filosófico, la actitud crítica ante la religión hasta la aceptación del realismo socialista. [Donde la]  imposición asumió cotas delirantes cuando consagró como leyes de la historia fenómenos coyunturales, como la colectivización de la agricultura o la emulación socialista…”[xiii]

 

Al igual que en el reciente y sorpresivo debate de los intelectuales, el equipo de sucesión va a poner límites muy claros a los que opinen sobre los problemas del socialismo cubano, como siempre se ha hecho en estos años de dictadura. Porque como ha expresado Haroldo Dilla desde Santo Domingo, “…si los escritores y artistas padecieron un quinquenio gris, los científicos sociales no han conocido otra cosa”[xiv]

 

Por ello muchos sociólogos, economistas, académicos y periodistas se abstienen de opinar hasta el momento en que se autorice el debate y conozcan las reglas del juego. Mientras transcurre el tiempo y se hace más perentorio el debate es bueno estudiar a continuación lo que se dice sobre el tema en Venezuela y otras partes de América Latina sin perder de vista la meta, que según Luis Sexto, no pasará de moda para el socialismo: refundar la sociedad mundial sobre bases de justicia, igualdad y libertad.

 

 

El debate sobre el socialismo del Siglo XXI ( SEGUNDA PARTE )

  

 

 

 

El caudillismo ecléctico de Chávez

 

Desde que Hugo Chávez declaró el 30 de enero del 2005, durante el V Foro Social Mundial  en Porto Alegre, Brasil,  su intención de trascender el capitalismo en Venezuela por la vía  del socialismo, se encendió un fuerte debate en aquel país y en el continente americano sobre lo que el propio mandatario calificaba de ensayo:

 

“…en Venezuela lo que estamos modestamente haciendo, - dijo-, no es sino un ensayo y como todo ensayo pues, requiere siempre de ser vigilado, monitoreado dicen, a ver cómo se comporta (…) Es un ensayo, un experimento y abierto a todas las experiencias maravillosas que en el mundo ocurren…”[1]

En un trabajo anterior he tratado de resumir los componentes heterogéneos de la “visión” socialista de Chávez.[2] Aunque son muchas las contradicciones de su socialismo basta observar que en el discurso antes citado se refería a Marx, Lenin, Trotski y Mao, pero antes y después del mismo  declaraba categóricamente que no tiene un proyecto marxista para Venezuela.[3]

Con esas palabras Hugo Chávez tocaba un punto neurálgico que ha dividido a las grandes corrientes del socialismo desde hace más de un siglo. No se trata del rechazo, hoy generalizado entre la izquierda, del modelo del llamado socialismo real, puesto en práctica en Rusia desde 1917 y extendido por el Ejercito Rojo a Europa Oriental en 1945. Incluso en Cuba, que actuó como importante agente del expansionismo soviético durante muchos años, es moneda de curso corriente entre los intelectuales la crítica a los errores derivados de la copia mecánica de aquel sistema, aunque obvian la responsabilidad de los jerarcas del régimen castrista en el asunto.

 

El planteamiento de Chavez de un socialismo no marxista va más allá y se enlaza con el cumplimiento de viejas promesas sociales que se remontan a la Francia de 1789. Gregory Wilpert, editor del sitio Internet www.Venezuelanalysis.com/ ,citaba un discurso del Teniente Coronel, donde éste hablaba de dirigir la Revolución Bolivariana hacia el socialismo:

 

“… un socialismo del siglo XXI que se basa en la solidaridad, en la fraternidad, en el amor, en la libertad y en la igualdad”[4]

El Señor Wilpert se preguntaba ante tales planteamientos:

 

“¿se está encaminando verdaderamente Venezuela hacia algo que se podría llamar "Socialismo del siglo XXI"? Esto es, ¿se está encaminando Venezuela hacia algo que se podría llamar un orden post-capitalista en el que antiquísimo sueño de libertad individual, igualdad y justicia social (liberté, egalité, et fraternité, usando la divisa de la Revolución Francesa) se convierta en una realidad para todos los ciudadanos?”[5]

Y se respondía a la pregunta formulada con una afirmación rotunda:

 

“El socialismo de Estado del siglo XX sólo cumplió los objetivos de la justicia social (o solidaridad o fraternité) y, hasta muy cierto punto, de igualdad formal (ya que los miembros del partido eran “más iguales” (Orwell) que los no miembros). Por tanto, el socialismo del siglo XXI habría cumplido (completamente) los ideales de igualdad, libertad y solidaridad (o justicia social) formales. En otras palabras, para que el socialismo del siglo XXI se diferencie del socialismo de Estado del siglo XX, tendría que ser un socialismo libertario, que asegure que el “libre desarrollo de cada uno es una condición del libre desarrollo de todos” (Marx)[6]

 

Retorno a la I  y atención a la II Internacional

 

Esto nos lleva al socialismo libertario y el ingreso de Mijail Bakunin en la Asociación Internacional de los Trabajadores o Primera Internacional. El fundador del anarquismo se incorporó a esa organización en 1868, cuatro años después de fundada, y su antagonismo con Carlos Marx  condujo a su expulsión y la de sus seguidores en el Congreso de La Haya de 1872. Transcurrieron otros cuatro años tras la salida de los anarquistas y la Primera Internacional se disolvía.

 

El origen de este enfrentamiento en el campo de las ideas políticas residió en la interpretación de la experiencia de la Comuna de París de 1871, que llevó a Marx a escribir La guerra civil en Francia. Para Bakunin las ideas de Marx planteadas en ese texto eran autoritarias y predijo en su obra “El Estado y la Anarquía”que si llegaba a tomar el poder un partido marxista sus dirigentes serían tan nefastos para los explotados como la clase dirigente contra la que habían estado luchando.

 

El enfrentamiento entre dos corrientes del socialismo a nombre de la defensa de los trabajadores y la construcción de una sociedad futura sin explotación se hizo sistemático y llegaron a ser caracterizadas como “socialismo de estado” (marxismo) y “socialismo libertario” (anarquismo).

No es posible en este trabajo abordar las variantes políticas que se autodenominan marxistas o anarquistas en la actualidad. Baste decir, como es común en el habla popular de Cuba, que cuando Chávez se declara no marxista y quiere ensayar el socialismo “mete un fuerte ruido en el sistema”, especialmente en la casa de sus amigos de la Isla, y de paso pone en crisis al Profesor Heinz Dieterich Steffan, que basa su socialismo del siglo XXI en la interpretación de la ley del valor de Carlos Marx.

 

Es por eso que en la discusión del tema de Venezuela, en el ámbito izquierdista de Estados Unidos y en América Latina se ha barajado también la llamada variante “revisionista” del marxismo, la socialdemocracia, para explicar el posible rumbo chavista.

 

Fue precisamente en el marco de la Segunda Internacional, establecida en 1889, seis años después de la muerte de Carlos Marx, que surge el proyecto socialdemócrata La organización, que pasará a ser conocida como Internacional Socialista, tuvo un fuerte carácter político dado por los partidos socialdemócratas de Europa, principalmente los de Alemania y Rusia y estaba liderada o influida por Federico Engels, Augusto Bebel, Karl Kautsky y Jorge Plejanov. En el seno del partido alemán, se llevó a cabo una seria polémica en torno a la actualización del marxismo en la que intervinieron Kautsky, Eduardo Bernstein y otros socialistas. Como resultado de las críticas de Lenin y otros socialdemócratas que rompieron con la Segunda Internacional durante la I Guerra Mundial, la socialdemocracia fue caracterizada como “revisionista”; por su parte Kautsky condenó la Revolución Bolchevique de 1917 de Lenin, como anti-democrática y  “antimarxista”. En la peor tradición de la izquierda, tomada de la historia de las luchas religiosas, las divergencias en el seno de la Segunda Internacional se resolvieron mediante excomuniones mutuas y “garrotazos” ideológicos que se extienden hasta nuestros días[7].

 

En un interesante ensayo titulado El confuso socialismo del siglo XXI, el  economista José Guerra, de la Universidad Central de Venezuela, cita la Introducción que Federico Engels escribió, -poco antes de morir-, a la obra de Marx, Las luchas de clases en Francia de 1848 a 1850, donde llegó  cuestionarse el concepto de revolución como un hecho de “minorías consientes a la cabeza de masas inconscientes”, que asaltarían el poder político.  Admitía Engels en ese trabajo póstumo que “… la historia nos dio a nosotros un mentís y reveló como una ilusión nuestro punto de vista de entonces. (…) El método de lucha de 1848 está hoy anticuado en todos los aspectos…”. “La ironía de la historia universal lo pone todo patas arriba. Nosotros, los ‘revolucionarios’, los ‘elementos subversivos’ prosperamos mucho más con los medios legales que con los medios ilegales y la subversión”. Añade el profesor Guerra que Engels  tenía plena confianza en Eduard Bernstein, quien era considerado su mejor discípulo. El trabajo resume a continuación las críticas de éste a El Capital de Marx para concluir que, desde el punto de vista político, para  Bernstein “la democracia es un medio y un fin al mismo tiempo. Un medio para la lucha por el socialismo mientras que es la forma de gobierno en que debe realizarse el socialismo”. [8]

En el rechazo a la dictadura del proletariado preconizada por Marx encontramos una coincidencia entre el socialismo democrático y el socialismo libertario con la diferencia que el último no ha podido jamás alcanzar el poder mientras que la socialdemocracia gobierna en varios países europeos mediante el establecimiento del llamado estado de bienestar (welfare state) que se apoya en amplios sectores públicos, la propiedad privada, la regulación del mercado por el estado y la democracia multipartidista. Por ello, al comparar lo que está ocurriendo en Venezuela desde hace siete años con la retórica chavista muchos observadores insisten que solo se trata de un experimento socialdemócrata más.

 

Los chavistas y el verdadero socialismo

 

En Venezuela al calor de las declaraciones de Hugo Chávez respecto al socialismo se han lanzado a la palestra muchos de sus seguidores para añadir su propia confusión a la de su jefe. Las respuestas del intelectual chavista Rigoberto Lanz y la dirigente del Movimiento V República, Aurora Morales al diario Tal Cual de Teodoro Petkoff, demostraron la vaguedad de sus ideas sobre cual de los “socialismos posibles” correspondería a ese país.

 

Entre los que peor parados salieron en entrevistas periodísticas se encuentra el ex Secretario de Despacho del Presidente, Haiman El Troudi, quien dijo que “solo saben lo que no debe ser el socialismo del siglo XXI “ y reconoció la necesidad de un Plan Nacional de Producción para poder enfrentar la economía “ecléctica” venezolana. Le acompaña en esa distinción la viceministra y asesora del gobierno Mary Pili Hernández,  quien recomiendó la lectura de los discursos de Hugo Chávez para entender el nuevo socialismo y nos dejó sorprendidos al asegurar que el socialismo nació en Brasil y que leyendo a Simón Bolívar, Chávez concluyó que El Libertador era socialista.[9]

 

Es comprensible que tras escuchar a Chávez, a sus asesores y a algunos intelectuales favorables al socialismo bolivariano, haya dicho Heinz Dieterich que se observaba en  Venezuela “una especie de indigestión teórica” por la multitud de conceptos y modelos que la población tuvo que asimilar en apenas seis años, entre ellos: Revolución Bolivariana, antiimperialismo, desarrollo endógeno (desarrollismo) y socialismo del Siglo XXI.

Preocupados por esa confusión algunos militantes comunistas plantearon al profesor alemán que se debería estudiar los clásicos del marxismo, pero éste capeó la cuestión señalando dos dificultades: 1) que ese estudio es condición necesaria pero no suficiente para lograr la transformación socialista en Venezuela y 2) que no hay tiempo suficiente para estudiar primero y pasar después a la realidad socialista de la revolución allí y en la región. Por eso propuso, -sin pestañear-, concentrar “todo el tiempo” en estudiar la propuesta de socialismo de la que es autor, ya que según afirmaba “entre el socialismo de Marx y Engels y el socialismo del Siglo XXI no hay ninguna competencia ni incompatibilidad”[10]

En efecto, a diferencia de las tesis de la socialdemocracia, lo que Dieterich propone, es que se elimine la economía de mercado y el sistema de precios y se vaya a la planificación centralizada de la economía. Y como se sabe que el capitalismo actual es demasiado complejo, la solución estriba, - siempre según Dieterich Steffan-, en el empleo de la computación para el cálculo socialista.

 

Pedimos al Doctor Eugenio Yañez su opinión sobre algunos elementos de la teoría del valor trabajo según  el nuevo socialismo del profesor alemán, y nos respondió:

 

“La tesis de los ‘multiplicadores’ es un invento del socialismo ‘real’: se establece un salario mínimo y uno máximo, por decisión del que manda. Entonces se calcula por los burócratas qué índice debe aplicarse al trabajo más calificado. Ejemplo: el obrero gana 100 pesos, el obrero calificado 1.5, es decir, 150 pesos, el técnico medio 2.2, o sea, 220 pesos, el ingeniero 3.5, 350 pesos, y así. Y se hace una “equivalencia’ por calificaciones: un ingeniero es igual a un médico, un químico, un veterinario, así... De más está decir que eso no funciona.

 

La conclusión de Dieterich es que con la cibernética y las computadoras se puede tener una rápida retroalimentación del mercado y, por lo tanto, ajustar esos indicadores. Es cierto que los cálculos se hacen enseguida de esa forma, pero los ‘índices’, es decir el mínimo y el máximo, se determinan políticamente en base a lo que se considera que es ‘la justicia social’, y punto. Sigue siendo el viejo sueño comunista de regular el mercado de arriba a abajo por la voluntad de los hombres”.[11]

No podemos,  por razones de espacio, detallar las incongruencias dentro del socialismo del siglo XXI que propugna Chávez. Basta señalar que se declara no marxista pero recoge elementos del marxismo clásico propuestos por Dieterich en su tesis para aplicarlos en Venezuela y al mismo tiempo incorpora a su potpourrit socialista las interpretaciones del anarquista italiano Toni Negri para transformar la estructura legal del país. De esta competencia absurda donde todas las tendencias ofertan su producción ideológica a un acaudalado comprador, no puede salir beneficiado el ciudadano venezolano.

 

Como alertara Gregory Wilpert en el artículo citado, los obstáculos más importantes para instituir el socialismo en Venezuela son internos: la persistencia de una cultura del clientelismo político disfrazada de apoyo al proyecto bolivariano, y el latente culto a la personalidad en torno a  Hugo Chávez.[12]

 

Una de las principales figuras del proceso venezolano, José Vicente Rangel,  hace menos de dos años afirmaba en La Habana “vamos a pasar de la democracia bolivariana a la democracia socialista, al socialismo del siglo XXI, con nuestros propios recursos, sin manuales, soberanamente, a partir de nuestras realidades, sin mesianismos de ninguna especie, sin voluntarismos”[13].Hoy, apartado del gobierno, el exvicepresidente ha reconocido su preocupación por lo que sucede en el país al declarar a la prensa:

 

“Chávez está por encima de las instituciones porque encarna al pueblo, y eso […] es inquietante porque si Chávez no controla ese poder puede derivar en lo que lo llaman sus adversarios, yo no creo que haya dictadores democráticos, […] como tampoco creo que haya un demócrata dictatorial, y como quiera que yo soy un demócrata yo creo en las instituciones, y una de las grandes labores de Chávez es fortalecer las instituciones, las instituciones de la revolución…”[14]

Tardío lamento de  quienes han ayudado a impulsar el carro del chavismo hasta donde actualmente se encuentra. Los clientes políticos de Hugo Chávez, sean socialistas de estado, socialistas libertarios, trotskistas, o socialistas democráticos ingenuos, pronto comprenderán que las verdaderas ideas socialistas del Caudillo se pueden resumir en la frase: “El nuevo socialismo soy yo”. 

 

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[1] Discurso de Hugo Chávez  desde el Gimnasio Gigantinho, Porto Alegre, Brasil, 30 de enero de 2005. www.forumsocialmundial.org.br

[2] Ver Antonio Arencibia, La formación del castrismo y su ejemplo para Venezuela (I y II), Cubanálisis, 23 de enero de 2007.

[3] Entrevista hecha por Lucía Newman, corresponsal de CNN, 18 de Agosto de 2004 y Aló Presidente, 2-10-2005, citadas en  Mari Pili Hernández, ¿Qué es el Socialismo del siglo XXI?, 13/12/06, www.aporrea.org/

[4] Intervención de Hugo Chávez en la II Conferencia de Relaciones Alternativas, Viena, 13 de mayo de 2006 , www.gobiernoenlinea.gob.ve/

[5] Gregory Wilpert, El significado del socialismo del siglo XXI para Venezuela, Rebelión, 24-07-2006 

[6] Idem.

[7] En El Salvador, Rigoberto Palma acusó de “revisionistas”, estilo Eduardo Bernstein, a elementos del FMLN que se separaron para fundar el Frente Democrático Revolucionario. Ver “”FDR: La nueva pseudo izquierda”, Julio 6 de 2005, www.diariocolatino.com/ 

[8] José Guerra. “El confuso socialismo del siglo XXI”, www.analitica.com/  , 11 de enero de 2007

[9] Mari Pili Hernández, ¿Qué es el Socialismo del siglo XXI?, 13/12/06, www.aporrea.org/

[10] Heinz Dieterich,“La Revolución Bolivariana y el Socialismo del Siglo XXI”,17/08/05,www.puk.de/

[11] Eugenio Yáñez, comunicación al autor, febrero 15 de 2007.

[12] Gregory Wilpert, Op. Cit.

[13] Heinz Dieterich, “Venezuela:  ¿Puede triunfar el socialismo del siglo XXI?”, 31.7.2005, www.puk.de/

[14] José Vicente Rangel: "Chávez es el antipoder" Entrevista de Eleazar Díaz Rangel, Últimas Noticias, 11/02/07 - www.aporrea.org/

 

[i] Cristina Marcano, En Venezuela se han creado condiciones para construir el Socialismo del Siglo XXI,

Entrevista a Heinz Dieterich, Rebelión, 02-01-2007.

[ii] Heinz Dieterich, Cuba y Venezuela entre la economía de mercado y el Socialismo del Siglo XXI  en , Venezuela Analítica, 25 de enero de 2007.

[iii] Idem.

[iv] Néstor Kohan y Luciano Álzaga, Entrevista con Ricardo Alarcón, presidente del parlamento cubano. Abril 18, 2006, Rebelión / La Haine

[v] Intervención de Alfredo Guevara en la presentación de la segunda edición de Cien horas con Fidel. Palacio de las Convenciones, La Habana, 4 de octubre, 2006, www.bnjm.cu/librinsula.

[vi] H.Dieterich, Cuba y Venezuela…., op. cit.

[vii] Armando Hart Dávalos, El socialismo del siglo XXI , Juventud Rebelde, 9 de diciembre de 2006

[viii]  Bob Davis, Cuban Economists Envision Role For Markets in Post-Castro Era -Wall Street Journal, Jan. 10, 2007.

[ix] Luis Sexto, Socialismo del Siglo XXI. ¿entelequia o necesidad? www.latinacoop.es.vg y en Juventud Rebelde, http://luisexto.blogia.com. Lo que he subrayado será abordado en la segunda parte de este trabajo.

[x] Idem

[xi] Eduardo Riveros Quiroz. Entrevista con Heinz Dieterich, el máximo teórico del Socialismo del siglo XXI,

“Venezuela Analítica”, 12 de febrero de 2007. Debo aclarar que el profesor Dieterich no se refiere al  anticonsumismo en el marco de Cuba, sino que en Venezuela, algunos importantes seguidores de Chávez incluyen ese tema como un elemento básico del Socialismo Chavista. Ver Declaraciones de Haiman El Troudi, uno de los ideólogos de la Revolución, Últimas Noticias, Enero 27 de 2007.

[xii] Jorge Gómez Barata, Socialismo en el siglo XXI: Peligros que amenazan, Argenpress, reproducido en La Jiribilla, 02/15/07.

[xiii] Idem

[xiv] Haroldo Dilla, El establo de caballos finos, http://www.cubaencuentro.com/es. , 12 de febrero de 2007.