Cubanálisis El Think-Tank

ARTÍCULO ORIGINAL PARA EL THINK-TANK DE CUBANÁLISIS

  

                                                      por Antonio Arencibia

                                                                                                                                                            

 

DOS CARRILES PARA LA SUCESIÓN: REFORMAS O DEPENDENCIA

 

Tras cuatro meses de ausencia, la última visita de Hugo Chávez a Cuba sorprendió a más de un analista político por el nivel de concesiones que obtuvo del equipo de Sucesión. No se sabe si se quiso apartar de las actividades por el 40 aniversario de la muerte de Ernesto Guevara, pero todo comenzó cuando prometió ir, una semana después de  la conmemoración oficial, a rendirle tributo al guerrillero cubano-argentino en la ciudad de Santa Clara.

 

La llegada de Chávez a Cuba se oscurecía en el parte gubernamental que no reportaba quién fue a recibirlo al aeropuerto, pero la ABN, de Venezuela, informó al resto del mundo que no fue Raúl Castro, sino Carlos Lage quien le dio la bienvenida. Con el paso de las horas se hizo evidente que había un control de los acontecimientos a favor del visitante ejemplificado por su entrevista con Fidel Castro, el video-reportaje grabado por el equipo de prensa chavista y la magnitud del recibimiento oficial en Santa Clara, -a nivel de visita de Estado-, en el que fuera acompañado por Ramiro Valdés y Lage y no por el General de Ejército.

 

El largo programa radio-televisivo “Aló, Presidente” contó a su favor con la transmisión en exclusiva del video de la entrevista Chávez-Castro y la verdadera primicia de que el pueblo de Cuba escuchase, -por vez primera “en vivo” desde hacía más de un año-, la voz del Comandante Ausente que, por demás, no se dignó dirigirse al país.

 

Una oferta que se tiene que rechazar

                                                                                                       

Si nos concentramos en los aspectos folklóricos del viaje, Hugo Chávez ganó ampliamente el maratón de exageraciones, disparates y atrevimientos, en Santa Clara y La Habana, aunque hubo momentos en que Ramiro Valdés se le acercó peligrosamente. El Teniente Coronel de Sabaneta confundió el nombre de Ranchuelos, cambió el de Cienfuegos por “Mil Fuegos”, auguró la cercana muerte de Fidel Castro, y se mostró confianzudo hacia ministros de su gobierno y del régimen de La Habana, como corresponde a un mal educado que invita a cenar. Pero su momento cumbre fue cuando en conversación telefónica con el enfermo dictador, reveló los planes de ambos. Aquello que en Cuba no se conocía fuera de los círculos de poder:

 

 "A la oligarquía venezolana le da urticaria. No queremos que se enfermen, pero Lage lo dijo, que Cuba tenía dos presidentes y luego yo dije por allá: Venezuela tiene dos presidentes también. Pero somos un solo gobierno. Nosotros vamos hacia la confederación de Repúblicas bolivarianas, martiana, caribeña, suramericana".

 

Si durante todo el viaje, la retórica chavista se centró en explotar las leyendas revolucionarias de Castro y Guevara, utilizándolas para magnificar su propia figura como continuadora y nuevo líder continental, en aquel instante Hugo Chávez desbordó sus propias posibilidades. Lo que ni siquiera el Comandante había planteado claramente, tomó cuerpo ante los cubanos con esas declaraciones. En momentos en que prácticamente se toca con la mano una Cuba sin Fidel, surge la posibilidad de que su espectro encarne en el neo-dictador venezolano con características de co-líder de una posible confederación totalitaria.

 

Enfrentando el término integración económica al de unión política, Hugo Chávez está pretendiendo dar vida en el siglo 21 al sueño decimonónico fracasado de Bolívar. Como hizo saber el visitante, ni siquiera Fidel Castro conocía las palabras del Libertador al general Urdaneta, un mes antes de morir: “Yo no tengo patria a la cual hacer ningún sacrificio, mis enemigos me quitaron la patria, ¡qué puede hacer un pobre hombre contra el mundo!”.

 

Con Castro prácticamente fuera del juego, suenan pretenciosas y absurdas las palabras que, -según Chávez-, éste le dirige al despedirse: "[N]i tú ni yo moriremos así. No moriremos así".[1]

 

Dificultades en la red de proyectos

 

El equipo sucesor, además de sus propias reticencias a confederarse con la Venezuela chavista, sabe que tal unión es una píldora intragable para el pueblo de Cuba. Durante la firma de convenios de la delegación de Venezuela con la que encabezaba el jefe del gobierno interino, Chávez dio muestras inesperadas de respeto hacia Raúl Castro pues comprende que es el que está al frente del gobierno y necesita el respaldo de éste a sus planes. Por eso acepta continuar la urdimbre de planes y proyectos conjuntos con la esperanza de que se lleguen a aceptar en un futuro sus propuestas:

 

 “Cada día creo que, en la medida, claro, en que vayamos consolidando los pisos iniciales, hay que ir pensando en los pisos superiores; solo lo digo como para ir pensando en esos pisos superiores: una confederación de repúblicas”

 

A los 19 convenios previos con Venezuela, se le han sumado ahora 14 nuevos, y se han plasmado en nada menos que 352 proyectos sociales, económicos y tecnológicos. Pero no todo marcha como estaba previsto y hay bastantes quejas. No en balde el venezolano pide públicamente:

 

Nos llamamos, Raúl, tú me llamas: "Mira, Chávez, está retardado"; yo te llamo: "Mira, Raúl, está retardado esto"; nos mandamos un papel, los embajadores son muy activos, los ministros.[2]

 

La cuestión es que se han hecho promesas increíbles como si se tratara del crédulo pueblo al que se dijo hace más de cuarenta años que Cuba iba a producir más queso que Holanda. Ahora casi como una burla ante los serios problemas de la vivienda, los cubanos tienen que escuchar a Hugo Chávez proponer la edificación de un complejo petroquímico en Cienfuegos con el que se hagan casas de poli cloruro de vinilo (PVC). Claro, solo habrá que resolver el “pequeño” problema de su resistencia ante los ciclones tropicales.

Mientras Hugo promete literalmente “villas y castillos’ de plástico, Raúl sigue la vieja política de su hermano, cierra los ojos a la debacle del plan de construcción de viviendas y autoriza la venta a Jamaica de 40,000 toneladas de cemento cubano.[3]

 

Por eso hay incumplimientos respectivos que retrasan los planes principales. Ahora nos enteramos que no obstante los ambiciosos planes de venta de un millón de barriles diarios de petróleo venezolano a China, aún no se ha podido lograr el crédito chino de 70 millones de dólares para tender el cable submarino entre Maiquetía y Santiago de Cuba, y Chávez tiene que orientar públicamente a su Ministro estrella, Rafael Ramírez,  a que busque ese dinero de otra manera.

 

Como señalé anteriormente en Cubanálisis[4], el pasado 26 de julio, cuando Raúl Castro planteaba los serios problemas de producción y abastecimiento de leche en Cuba, Hugo Chávez anunciaba la compra de un lote de ganado cubano de raza “Siboney”. Ahora, casi tres meses después, el venezolano tiene que reconocer que aún no han llegado y dice como en reproche:

 

“Pronto creo que va para allá la primera oleada de ejemplares de la raza Siboney”  [subrayado mío AA].

 

Se puede suponer que las razones de este último incumplimiento se deben a lo difícil que es para Cuba desprenderse de recursos que están priorizados por el gobernante interino.  Pero como el propio visitante reconoce que tanto Cuba como Venezuela tienen “un alto grado de dependencia alimentaria”, se le ocurre proponer una solución supranacional al problema:

 

[D]eberíamos darle a esto máxima prioridad y concentrar a los mejores investigadores, que los tenemos, los mejores científicos, buscar las mejores tierras, acelerar la fabricación, adquisición de materiales, de herramientas, de maquinaria, modernizar nuestros parques y nuestras maquinarias, las semillas, los fertilizantes, la organización de los productores pequeños, medianos en cooperativas, en unidades estatales, unidades mixtas, diversas formas productivas, pero hay que producir alimentos, alimentos y más alimentos.[5]

 

No se trata aquí siquiera de cambiar lo que produces por lo que produce el otro y no tienes, como fue el intercambio de azúcar por petróleo bajo la dependencia soviética. Ahora se trata de unir dos estados en la búsqueda, desde arriba,  de soluciones globales que nada tiene que ver con la liberación de las fuerzas productivas. Es la repetición a escala bi-nacional de los planes stalinistas de los años 30: maquinarias, semillas, fertilizantes, granjas estatales, cooperativas controladas por el estado, y ni una palabra sobre el altamente productivo agricultor individual.

 

Entre la dependencia y las reformas

 

Hace rato que cualquier observador desapasionado observa  distancias entre Raúl Castro y Hugo Chávez. Estas se han manifestado claramente en torno al tema de Irán y en el discurso respecto al gobierno de Estados Unidos. La fría respuesta del general Castro a la propuesta de confederación por los sucesores ha sido evidente[6]. El intento de Chávez de sustituir el debate de las reformas, (casi silenciado en la prensa del régimen), por su muy publicitado plan de producción de alimentos mediante la unión de recursos de Cuba y Venezuela, ataca a la Sucesión en el único punto donde cuenta con ciertas esperanzas por parte de la población: la implementación de verdaderas reformas estructurales.

 

Esto va a obligar a los sucesores a tomar una decisión que ya lleva demasiado tiempo de pospuesta. Arriesgarse al cambio. Al respecto, hay analistas que especulan que elementos cercanos a Raúl Castro le están alentando a ejecutar un “auto-golpe”, para eliminar a los elementos anti-reformas encabezados por la facción de los talibanes criollos. Pero una acción de ese tipo arriesgaría romper el control social logrado desde la Proclama del 31 de Julio y sería considerada una amenaza a la estabilidad de la región y la seguridad de Estados Unidos por la Administración Republicana.

 

Aunque entre los Think Tanks norteamericanos de peso pesado hay enfoques diferentes respecto a como enfocar la Sucesión de Fidel Castro, están prevaleciendo los puntos de vista “duros” de la Fundación “Heritage” por coincidir con los del Ejecutivo norteamericano. Auspiciada por la Heritage, la serie “Cuba en la Encrucijada”, hace énfasis en los riesgos de seguridad que representa la Isla y que el Departamento de Seguridad Nacional (Homeland Security)  parece tomar bien en serio, al prepararse para un escenario socio-político catastrófico en la Base Naval de Guantánamo ante un éxodo masivo de cubanos.

 

Por su parte las propuestas del Lexington Institution[7] a favor de que Estados Unidos se involucre activamente en el proceso de reformas anunciado en Cuba y cese el rechazo a contactos diplomáticos y personales allí, tiene pocas posibilidades ante la decisión del Presidente Bush de anunciar próximamente “nuevas iniciativas”. Aunque el vocero adjunto del Departamento de Estado reconoce que “Cuba atraviesa una transición, que en gran parte ya ha comenzado”[8], la política exterior iniciada tras el fatídico 11 de septiembre cambió la tradicional combinación de “el garrote y la zanahoria”.

 

Hoy, seis años después, se ve claramente que no basta con la fuerza militar y las amenazas para imponerse en el complejo mundo globalizado. La negociación que une presiones y concesiones, ha dado inesperados resultados en lugares tan disímiles como Libia y Corea del Norte, y la imposición de recetas democráticas está desestabilizando a importantes aliados de Norteamérica como el General Pervez Musharraf. Tambien se ha puesto de manifiesto que procesos electorales multipartidistas han dejado de ser garantía de democratización, como se ha comprobado en Venezuela, Bolivia, Ecuador y Palestina.

 

A pesar de todo lo anterior, no se espera por parte de la actual administración en Washington, más que la continuación de su línea de nuevas restricciones al gobierno interino de Raúl Castro. Si no le bastara la dependencia respecto a Chávez en el suministro de petróleo, -ampliada ahora al área de refinación-, la Sucesión está crecientemente enredada en planes  de todo tipo, para los que no hay financiamiento suficiente y ahora tiene que enfrentar el reto de aceptar la propuesta alimentaria chavista o lanzarse apresuradamente a cambios de estructura y concepción en la producción agrícola.

 

Pero en estos momentos no parece que Raúl Castro esté preparado a avanzar, sino más bien a timonear el barco en las aguas procelosas de estos tiempos. Como en los mitos griegos, navega entre Escila y Caribdis. Ni puede implementar reformas, ni quiere incrementar la dependencia de Chávez. Por eso, a un año de las elecciones norteamericanas y con el barril de petróleo a casi cien dólares, reza con el fervor de los ateos, para que todo le salga mejor que hasta el momento.

 

Pero la espera y la oración, no son rasgos de un navegante enfrentando una tormenta  ni de un gobernante capaz en momentos de decisión.

 

 

NOTAS:
 

[1] “Discurso de Hugo Chávez, Presidente de la República Bolivariana de Venezuela, en el acto de firma de acuerdos entre Venezuela y Cuba”, Granma, Octubre 16 de 2007.

[2] Idem.

[3] ”5000 Tonnes of Cement to Arrive in the Island from Cuba Within Two Weeks”, Jamaica Information Service, October 3, 2007.

[4] Antonio Arencibia, “Año II del Sucesor en Jefe: primera quincena”, cubanálisis, Agosto 13/07

[5] “Discurso de Hugo Chávez, Granma, Octubre 16 de 2007.

[6] “Discurso del General de Ejército Raúl Castro Ruz,  durante la ceremonia de firma de nuevas iniciativas para una mayor integración económica entre Venezuela y Cuba”, Granma, Octubre 16 de 2007.

[7] Philip Peters, Vice-Pres of the Lexington Institution, “As Cuba reforms economy, US is missing the boat”, Naples Daily News, October 20, 2007.

[8] “Presentará Bush iniciativas para ayudar a Cuba durante la transición”, Octubre 20 de 2007, Notimex, www.milenio.com.