Cubanálisis El Think-Tank

             ARTÍCULO ORIGINAL PARA EL THINK-TANK DE CUBANÁLISIS

 

 

 

     Antonio Arencibia, La Coruña, España

  

 

 

                               

                                                                                                                                                            

 

DICTADURA Y RELIGIÓN: EL PORQUÉ DE SU ALIANZA TÁCTICA

 

¿Qué pueden tener en común la comunión de un candidato presidencial otrora ateo, la sanación de un dirigente por intercesión divina o de los santos populares, y una procesión en Cuba con la imagen de la Virgen? Pues sí, tienen muchísimo en común: son las nuevas mañas de que se valen los caudillos para su perpetuación en el poder. Claro que ahora la religión no es el nuevo “fantasma que recorre Europa”, (y América, y Medio Oriente y llega hasta China), porque no viene por su propio peso, sino que la traen de la mano unos viejos políticos que renuevan su imagen con el apoyo de prelados, monjes y muftis. ¿La traen, o la religión organizada se deja llevar? Para empezar a dilucidar esta cuestión tenemos que revisar la historia reciente, y ver hasta que punto la relación actual en Cuba entre Iglesia y régimen es la norma o la excepción.

 

Empecemos por un ejemplo poco conocido por los cubanos. Saddam Hussein, que implantó en Iraq el laicismo característico del partido socialista árabe BAAS, decidió jugar la carta religiosa durante su guerra con Irán, apoyándose en los musulmanes de la secta suní contra los chiítas iraníes. Llevó esa manipulación hasta inventarse una genealogía que lo hacía figurar como descendiente del Profeta del Islam. Luego hizo construir tres mezquitas, una de ellas en Bagdad con el nombre de “La Madre de Todas las Batallas”, cuyos minaretes tenían la forma de misiles Scud.

 

La estrafalaria y sospechosa devoción de última hora de Saddam lo llevó, según dicen, a donar su sangre durante dos años, - más de siete galones- para escribir con ella un ejemplar del Corán, que hoy en día, -a cinco años de su ejecución en la horca-, sigue guardado, pues el libro sagrado del Islam no puede ser destruido. Toda la estrategia pro suní del derrocado dictador ha cambiado con la invasión norteamericana y la entrega del poder a la mayoría chiíta iraquí.

 

En otro ejemplo más afín a la realidad cubana, el cambio de enfoque del Partido Comunista Chino respecto a la religión, ha sido notable desde mediados de la década de 1980. Aunque la Constitución china estipula que ningún órgano estatal, organización o individuo puede obligar a los ciudadanos a creer o no creer en religión alguna, ni puede discriminar a los ciudadanos por esos motivos, esto no se cumple en el caso del cristianismo, del islamismo de la minoría étnica uigur y de los lamaístas tibetanos. La protesta de estos últimos ha llevado algunos monjes a la auto inmolación tras gritar: “Libertad para el Tíbet”.

 

No obstante, los comunistas chinos han estado favoreciendo otras religiones, como el budismo y el taoísmo, consideradas más cercanas culturalmente a la mayoría étnica Han. Así, autorizaron un masivo programa de reconstrucción de templos, muchos de ellos destruidos durante la llamada Revolución Cultural. Hace pocos años, el presidente Hu Jintao resaltó la importancia de las obras de caridad religiosas, porque ayudan a resolver problemas sociales, y recientemente el gobierno chino organizó conferencias internacionales sobre el Budismo y el Taoísmo. A esta última asistió Jia Qinglin, uno de los principales dirigentes partidistas chinos, y participaron 500 delegados de más de 20 países.

 

Según reporta el NYT Magazine, “los chinos están en medio de un gran despertar religioso. En las ciudades, los jóvenes profesionales miran hacia el cristianismo. El budismo atrae a la clase media, mientras el taoísmo ha renacido en las pequeñas poblaciones y en el campo”. No obstante, a pesar de dar acceso en sus filas a ricos y millonarios, el PC Chino mantiene la contradicción de abogar porque sus miembros rechacen toda religión. Pero la contradicción mayor es que el papel creciente del mercado está cambiando la vida y costumbres de los chinos.

 

Por eso, el 25 de diciembre será fecha muy bienvenida por la población de Xitan, en la provincia de Zhejiang, que es llamada la “Aldea Navideña de China” porque tiene 240 fábricas y empresas que se dedican a producir adornos de Pascua. Hay que señalar que el valor millonario de esa producción no solo procede de su exportación a Occidente, sino del mercado nacional, porque ya millones de chinos empiezan a adornar sus arbolitos de Navidad cada año. Por su parte, los centros comerciales y hoteles de las ciudades chinas se han decorado e iluminado para estimular un ambiente propicio a esta temporada de ventas y regalos.

 

¿Será que los líderes comunistas han comprendido que la religión puede ayudarlos a mantener el control social, adormeciendo con una inyección de “opio” al sobre- explotado pueblo chino?

 

El chavismo juega la carta religiosa

 

En América Latina la historia reciente abunda en ejemplos de manipulación religiosa por parte de dictadores y caudillos populistas. Pero la posición de Hugo Chávez en este asunto no ha sido precisamente coherente, lo cual no extraña, teniendo en cuenta que ni siquiera lo es en su definición del “nuevo socialismo” que pretende instaurar en Venezuela. Fue más bien una simulación de humildad cristiana el tono de voz lacrimoso del Teniente Coronel cuando emergió, crucifijo en mano, en abril del 2002, tras ser liberado de sus captores al fracasar el golpe de estado en su contra. Aquella invocación suya “a Cristo, a Dios nuestro Señor” y su petición de “paz espiritual” para todo el país, no duró mucho. Durante un discurso en la Asamblea Nacional se dirigió al representante de la Santa Sede acusando al actual cardenal-arzobispo de Caracas, Jorge Urosa, e igualmente “al anterior cardenal”, de haber sido golpistas en el 2002

 

Mándele un mensaje a su Santidad... Mientras manden estos obispos aquí, nos sentiremos bien alejados” de la jerarquía católica, dijo Chávez al Nuncio, y después hizo pública su intención de revisar el convenio de Venezuela con el Vaticano que le da ciertos privilegios económicos a la Iglesia Católica.

 

Pero de parte y parte casi toda esta confrontación cambió con la grave enfermedad de Hugo Chávez.

 

Ahora, la Conferencia Episcopal Venezolana (CEV), que ha criticado al gobierno chavista porque su proyecto socialista va contra la Constitución de Venezuela, ha pedido a los fieles católicos orar por la salud del presidente, y ha enviado un mensaje a otras iglesias cristianas en Venezuela para que también lo hagan. Chávez, que ha declarado varias veces que es marxista, ha estado subrayando que “antes de ello, y más profundamente”, es cristiano. Así, el 12 de julio de 2011, en la Academia Militar de Caracas, el Obispo de San Cristóbal, monseñor Marino Moronta, presidió la eucaristía por la salud de Chávez y le administró la unción de los enfermos. En otro servicio religioso celebrado en agosto en el Palacio de Miraflores, el supuestamente recuperado líder, reconocía a sus sanadores: “El primer doctor se llama Jesús de Nazaret, el más alto de los curanderos, el segundo es Fidel, y el tercero es el equipo médico”.

 

Sin salirnos del ámbito cristiano, el 18 de agosto, miembros de 50 iglesias evangélicas celebraron una plegaria ecuménica por la pronta recuperación del mandatario enfermo, y el 8 de septiembre Chávez celebró la fiesta de la Virgen del Valle, patrona del oriente venezolano, proclamando la fecha Día de Júbilo Nacional. También, y en el marco de otras devociones católicas, está la visita que hizo Chávez el 20 de octubre, al regresar de su tratamiento médico en La Habana, al santuario del Cristo de La Grita, en el estado Táchira. Al llegar en peregrinación dijo a la prensa: “Quiero dar gracias a Dios y por eso la promesa al Santo Cristo de La Grita. Vine a presentarme al jefe, al comandante de los comandantes, al Cristo Redentor”.

 

Días más tarde, el 26 de octubre, se celebraba el nacimiento del médico José Gregorio Hernández, considerado santo por muchos venezolanos y extranjeros, aunque la Iglesia no ha terminado el trámite de su canonización que requiere la “comprobación de curas milagrosas”. Y fue en esa ocasión en la que Hugo Chávez declaró lo siguiente: “Me anoto en la lista de los que hemos sido bañados por el milagro del siervo de Dios, me siento parte de esa legión de hombres y mujeres de los que vivimos gracias a los milagros”. De inmediato también declaró la fecha Día de Júbilo Nacional.

 

Tampoco el caudillo dejó pasar la fiesta del 11 de noviembre, festividad de Nuestra Señora de Chiquinquirá, “la Chinita”, como llaman los venezolanos a esta advocación de la Virgen. No asistió a Maracaibo como se esperaba, pero escribió en su cuenta oficial en twitter: “Chinita de Maracaibo, Chinita de Venezuela, ¡contamos contigo para seguir viviendo, para seguir haciendo Patria! ¡Patria para tus hijos mi Chinita!”.

 

No podemos descartar en este recuento el bilongo de sanación celebrado en Miraflores, y el culto conjunto en La Habana de los afrodescendientes cubanos y venezolanos, donde se invocaron a los orishas Babalú-Ayé y Oshun, y a las deidades María Lionza, el Gran Cacique Guaicaipuro, y el Negro Felipe.

 

Tales manifestaciones del sincretismo religioso popular fueron manipuladas con consignas políticas. Podemos decir que todas esas rogativas, ceremonias y profesiones de fe por y de Hugo Chávez, que contaron con la muy activa participación de diversas instituciones y organizaciones religiosas, pueden haber convertido su enfermedad y posible curación en un elemento electoralmente favorable al continuismo chavista en las presidenciales de octubre del 2012.

 

La “conversión” de Daniel Ortega

 

Pero donde podemos encontrar semejanzas notables con la actualidad cubana es en la transformación del radical Comandante Daniel Ortega de la década de los ochenta en el presidente “devotamente católico” de la Nicaragua del siglo XXI. Lo más sorprendente no es solo el cambio de Ortega, también lo es el de Monseñor Miguel Obando y Bravo, acusado en los ochenta por el Gobierno Sandinista de ser “archienemigo de la revolución”, y de buscar ayuda a favor de la Contra con el gobierno de Reagan.

 

El acercamiento entre los dos viejos enemigos se remonta a abril del 2005, cuando sorpresivamente Juan Pablo II aceptó la renuncia canónica del cardenal Obando como arzobispo de Managua por razones de edad y lo sustituyó por el entonces obispo de Matagalpa, Leopoldo Brenes Solórzano. Entonces Daniel Ortega, que era líder de la oposición, ofreció respaldo a Obando, y cuando alcanzó la presidencia en las elecciones de noviembre del 2006, nombró al cardenal dirigente de la Comisión de Paz y Reconciliación.

 

Como cuenta el periodista de El País Carlos Salinas Maldonado, ya en el 2004 Obando había oficiado una misa en celebración del 25 aniversario del triunfo sandinista, y por su parte Ortega le había pedido perdón públicamente por sus “errores del pasado”. Según Salinas, la alianza quedó sellada cuando el cardenal casó a Daniel Ortega y su compañera Rosario Murillo en septiembre del 2005.

 

Entre los opositores católicos al acercamiento de Obando con Ortega está Humberto Belli, ex ministro de Educación en los gobiernos de Violeta Barrios y Arnoldo Alemán. A Belli, figura importante del Opus Dei, se le atribuye haber fraguado en el Vaticano la aceptación por el Papa de la renuncia de Obando. Otros críticos del cardenal opinan que éste actualmente tiene muy poco peso dentro de la Iglesia y entre el pueblo, que repudia su coqueteo con el sandinismo, y creen que su rol al frente de la Comisión de Paz viola lo establecido, pues a los obispos se les prohíbe ocupar cargos públicos tras el retiro. Pero para los católicos que le apoyan, las relaciones del purpurado con Ortega lograron que los diputados sandinistas se sumaran en el 2006 a la legislación que castiga con penas de cuatro a ocho años de cárcel la realización de abortos terapéuticos en Nicaragua.

 

Ortega, que nunca comulgó ni se le vio en misa, lo hace ahora tras su boda por la Iglesia con Rosario Murillo. Desde entonces, y cada año con mayor fuerza, en vísperas del 8 de diciembre Daniel Ortega y su esposa asisten en la Plaza de la Revolución de Managua a los festejos religiosos de la Inmaculada Concepción. Así utilizan la festividad conocida como “La Gritería”, tradición de extraordinario arraigo en la población nicaragüense, para sus fines políticos. Por esa misma razón, el Frente Sandinista para la Liberación Nacional (FSLN), llevaba como lema que Ortega, su candidato a la presidencia, es “cristiano, socialista y solidario”. La “conversión” de Daniel Ortega fue eficaz: en los comicios del pasado 6 de noviembre obtuvo más del 62 por ciento de los votos emitidos, y ganó un tercer término presidencial.

 

Neocastrismo con visita y jubileo de la Caridad del Cobre

 

La visita de Benedicto XVI en el 2012 será la segunda de un Pontífice a Cuba. Es una muestra de la atención que otorga el Vaticano a la Isla, y -si exceptuamos las nueve del Papa Wojtyla a su Polonia natal- marcará récord de viajes papales a un país comunista. Desde el punto de vista religioso, la agenda del Papa Ratzinger se centrará en la conmemoración del cuarto centenario de la Virgen de la Caridad del Cobre, que fuese coronada como Reina y Patrona de Cuba por Juan Pablo II en 1998. Como parte de los preparativos para esa celebración se ha llevado a cabo la procesión con la imagen del Santuario de El Cobre por toda la Isla, por primera vez en medio siglo.

 

La peregrinación culminará este 30 de diciembre con una gran misa en la Avenida del Puerto, como anunciara por la televisión estatal el cardenal arzobispo de La Habana. Pero además de esta inusitada presentación de Jaime Ortega, distintas emisoras de radio provinciales autorizaron el pasado 8 de septiembre, alocuciones del arzobispo de Santiago de Cuba y de los obispos de las diócesis de Pinar del Río, Bayamo-Manzanillo, Holguín-Las Tunas y Guantánamo-Baracoa, por la festividad de la Virgen del Cobre. Aparte de la peregrinación central ese día se llevaron a cabo dos grandes procesiones, una en la ciudad de Pinar del Río y otra en la de Santiago de Cuba.

 

Hay elementos patrióticos que ha sido muy resaltados por los prelados y sacerdotes cubanos en alocuciones y homilías en este año. Primero, que la declaración en 1915 de la Virgen de la Caridad como Patrona de Cuba se hizo por el Papa Benedicto XV en respuesta a una petición de los veteranos mambises, y también que el nombre completo del Titán de Bronce es Antonio de la Caridad Maceo y Grajales, bautizado así por la devoción a la Virgen de su madre Mariana Grajales, y que su hijo también siguiera. El régimen, aunque no simpatice con la divulgación de esos hechos históricos, ha autorizado la llegada de la procesión con la imagen de la Virgen al mausoleo de Lomas del Cacahual, provincia de Artemisa, que guarda los restos de Maceo y Panchito Gómez Toro y le ha dado todo su respaldo organizativo a esa visita con el ceremonial militar correspondiente.

 

No es nada creíble que Raúl Castro a su edad vaya a adoptar públicamente una religión como hizo Daniel Ortega, pero sus concesiones de más espacios para la Iglesia van a ser una señal de más tolerancia religiosa para los que le sucedan al frente del régimen. De ese modo llegamos al fin de año, que los habaneros celebrarán no con una fiesta por el nuevo aniversario de la fracasada Revolución, sino con una gran misa en la capital.

 

Luego vendrán las que oficie Benedicto XVI a fines de marzo, que contarán con la presencia de los principales jerarcas raulistas. A diferencia del caso del cardenal Obando en Nicaragua, no parece plausible que Jaime Ortega sea relevado repentinamente del arzobispado de La Habana a pesar de estar en edad de retiro. Ha sido muy útil al Sucesor como instrumentador de la excarcelación-destierro de presos políticos a España, y así se ha convertido en el principal contacto con el régimen al más alto nivel.

 

En los tiempos que se aproximan con la puesta en práctica de soluciones neo-liberales muy radicales para echar a andar la etapa neocastrista de la “Revolución”, son necesarios grandes aportes caritativos por parte de la Iglesia para paliar la agudización de las desigualdades. Tampoco les vienen mal a los jerarcas comunistas los consejos oportunos de quienes, -como los prelados católicos cubanos-, tienen gran interés que continúe sin grave alteración de la paz social este ambiente de tolerancia religiosa que favorece su proselitismo. Pero, ¿se quedará ésta alianza en un plano solamente táctico?

 

A mediados del siglo XIX y frente a los sucesos revolucionarios que estremecían a Europa, Austria organizó un verdadero estado policiaco, que pretendía a cambio de gran eficiencia administrativa y del progreso material, que el pueblo se olvidase de la libertad. Un demócrata de la época planteó que aquel régimen se sustentaba en “un ejército de soldados en pie, un ejército de funcionarios sentados, un ejército de sacerdotes arrodillados, y un ejército de delatores arrastrándose”.

 

Lograr la combinación horriblemente eficaz, de esos cuatro tipos de servidores garantizaría cierta estabilidad para caudillos, jerarcas y tiranos como los que se han descrito en este trabajo.

 

Afortunadamente, aunque la frase arriba citada encierra una regularidad histórica, sabemos también que ni todos los soldados obedecen ciegamente las órdenes, ni todos los sacerdotes se doblegan ante el líder de turno.

 

Esperemos que en Cuba esto último se cumpla.