Cubanálisis El Think-Tank

ARTÍCULO ORIGINAL PARA EL THINK-TANK DE CUBANÁLISIS

                                                      por Antonio Arencibia

                                                                                                                                                            

 

 DE BURÓCRATAS Y MODELOS

 

Todos sabemos que entre los objetivos de Raúl Castro no se contempla la democratización de Cuba. Obligado por la incapacidad del viejo dictador ha tenido que asumir el gobierno y no le ha quedado otro remedio que enfrentar la crisis general del país tomando medidas elementalmente racionales.

 

No obstante, la contradicción principal en esta etapa del raulismo estriba en su intento de movilizar algunas fuerzas sociales sin quitarse la piedra castrista del zapato. Por ejemplo, la “liberación” de celulares y computadoras,  incrementa simultáneamente aspiraciones y críticas en los sectores económicamente más polarizados de una sociedad que jamás volverá al igualitarismo.

 

Por eso cada pequeña concesión al mercado es más luz que revela la  inviabilidad del régimen que estableció Fidel Castro, pero como no puede hablarse claramente de la indigencia ideológica y práctica de ese modelo sin culparlo, carga la burocracia con la responsabilidad de los desaguisados.

 

La destitución del Ministro de Educación

 

Los que conocen bien el asunto aprecian la ironía de la defenestración del último Ministro de Educación, y la reflexión de Castro donde le acusa de haber “perdido energía y conciencia revolucionaria”.

 

La sustitución llega tras varios artículos en Juventud Rebelde que criticaban duramente el estado de las escuelas y un discurso de Alfredo Guevara en el Congreso de la UNEAC donde enjuiciaba al sistema educativo por sus “criterios y prácticas descabellados e ignorantes de principios pedagógicos, psicológicos elementales”.

 

Pero en su reflexión, el compañero Fidel escribe como si a Luis Ignacio Gómez lo hubiese nombrado otra persona y él no tenía  la obligación de controlar los 70 viajes que dio al exterior.

 

Por eso para entender el despido del Ministro hay que analizar una declaración y  otra acusación que Castro le hace:

 

“…toda la vida, desde que tuve conciencia revolucionaria, la consagré, en primer lugar, al tema de la educación…”

 

“[Gómez] no debió pronunciar los últimos discursos y hablar de futuros encuentros de educadores del hemisferio y del mundo, exaltando una obra que fue fruto genuino de numerosos cuadros revolucionarios y no personal, como pretendía hacer creer a los invitados.”

 

Para poner las cosas en su lugar hay que recordar que todo lo referido a la educación después de 1959 ha sido implementado por Fidel Castro y que se le han tenido que consultar o aceptar sus decisiones en cuestiones que van desde el largo de la saya de los uniformes escolares; el cierre de admisiones en los preuniversitarios urbanos a favor de becas en el campo; el sistema de evaluación de los estudiantes, hasta el envío masivo de maestros y profesores a cumplir acuerdos del régimen con gobiernos extranjeros.

 

Por eso, se puede entender que el ex-ministro falló cuando no atribuyó, de manera suficientemente reiterada, los “logros” del ramo al Pedagogo en Jefe.

 

Otra arista del rejuego que se mantiene entre los dos Castro es que Raúl pone el hacha del “terror psicológico” en manos del Gran Enfermo para que haga políticamente polvo al burócrata condenado declarando que no se le tenía “ninguna confianza”.

 

Hay en esta situación un cambio de posiciones, que algunos considerarán una especie de justicia poética. En el pasado Raúl Castro, en más de una ocasión tuvo que demostrar su lealtad cuando fueron destituidos de altos cargos hombres de su entorno que Fidel no aceptaba.

 

Su designación personal del General de Brigada (R) José Ramón Fernández como supervisor de toda la esfera educativa es muestra de que continúa imponiendo a su gente en los cargos principales, como se vio en la creación de la comisión ejecutiva del Buró Político donde cinco de sus siete integrantes son altos militares en ejercicio o retiro.

 

Buscando un modelo

 

Poco a poco se hace claro que para la supervivencia de su régimen dictatorial, Raúl Castro está dando pasos para resolver el problema de la producción de alimentos, al que ha calificado como de “máxima seguridad nacional”.

 

Como el sistema socio-económico está sufriendo algunas modificaciones, sucede que los incrementos de precios de acopio resultan en impulsos de determinadas producciones, pero esto a su vez pone al desnudo otras deficiencias en el sector industrial o de comercialización.

 

El lector interesado puede consultar la sección de Cubanálisis donde se han reproducido artículos de la prensa oficial, particularmente el titulado “El contradictorio aumento de la producción porcina…”, que ejemplifican la situación que apuntamos.

 

Como el modelo del socialismo histórico está totalmente desacreditado en su variante estalinista, y la experiencia de la “perestroika” y el “glasnost” fue, -según los trotskistas-, una contrarrevolución de un sector de la burocracia soviética, el nuevo gobierno de Raúl Castro está estudiando otras posibles opciones antes de transformar la estructura actual.

 

Hay una propuesta de modelo que no se ha materializado históricamente. Parte de la tesis, muy debatida, de un retorno al leninismo. Los que la propugnan son una extraña mezcla de elementos guevaristas, trotskistas y gramscianos, que hacen el principal hincapié en la ideología. Esta propuesta de ingeniería social no se corresponde con la realidad cubana de  medio siglo de movilización y consignas sin avances materiales.

 

El otro modelo está vigente en China y en Vietnam, se le conoce como “socialismo de mercado”, y es en esencia una variante del capitalismo de estado. Hay países, como Malasia, que salieron del subdesarrollo bajo el gobierno autoritario de 22 años del primer ministro Mahathir bin Mohamad: musulmán, anticomunista, y opuesto a la minoría china en su país.

 

El premio Nóbel de Economía, Joseph Stiglitz,  explica como Malasia logró avanzar:

 

Demasiadas excolonias rechazaron su herencia colonial y se volvieron hacia Rusia y el comunismo. Prudentemente, Malasia emprendió una ruta alternativa, dirigiendo en cambio su mirada hacia los muy exitosos países del Este asiático.

 

Invirtió en educación y tecnología, promovió una tasa alta de ahorro, puso en marcha un programa sólido y eficaz de acción afirmativa y adoptó políticas macroeconómicas adecuadas.

 

Malasia también reconoció que el éxito exigía que el gobierno desempeñara un papel activo. Evitó la ideología y siguió o rechazó los consejos de terceros sobre una base pragmática.

 

Lo más revelador es que durante la crisis financiera de 1997 no adoptó las políticas del FMI –y como resultado tuvo el declive más corto y menos pronunciado de los países afectados. Cuando se recuperó, no tenía la carga de deudas y empresas en quiebra de muchos de sus vecinos.

 

Cambiando lo que se debe cambiar, no es desechable para los comunistas cubanos la experiencia de desarrollo capitalista de Malasia bajo Mahatir con su pragmatismo, su autoritarismo y abandono de la ideología.

 

Por su parte, Mahatir bin Mohamad ha visitado a Cuba en varias ocasiones, recibió a Castro en Kuala Lumpur durante la Cumbre de NOAL del 2003, y el 24 de abril de este año fue recibido por Raúl Castro en La Habana. El ex Primer Ministro favorece el incremento de las inversiones de su país en Cuba para incentivar el comercio entre ambos países.

 

Cuba y Vietnam: la agricultura

 

En mi trabajo “Un comentario sobre el modelo vietnamita”,  publicado el 17 de marzo en Cubanálisis, destacaba como en 1996, una nueva dirección comunista  dio un frenazo a las primeras reformas de Vietnam ante el temor a los altibajos del mercado mundial, que se confirmaron con la crisis financiera asiática del año siguiente.

 

Las recetas del FMI y un desembolso de $ 40,000 millones lograron estabilizar las monedas de los países más afectados: Corea del Sur, Tailandia e Indonesia. Como vimos anteriormente, la resistencia de Malasia a esa fórmula, le ganó a Mahatir la admiración de Castro.

 

En una nueva etapa de cuidadosas reformas los comunistas vietnamitas siguieron avanzando hacia el mercado aunque mantuvieron control sobre las empresas estatales, el sistema bancario y sectores del comercio exterior.

 

En nuestro primer análisis considerábamos que por razones de extensión, población e incluso alineamiento pro-soviético le era más aceptable al nuevo gobierno cubano el modelo de cambios a la vietnamita.

 

Hoy, tras leer el número de The Economist del 24 de abril, que trae un reportaje especial sobre Vietnam podemos señalar algunas semejanzas y diferencias con las medidas propuestas por Raúl Castro en la agricultura cubana.

 

Por ejemplo, mientras en China el usufructo de la tierra se otorga a nivel local, en Vietnam se mantiene a nivel central. Por ello, el nuevo esquema de toma de decisiones en la agricultura a nivel municipal en Cuba se asemeja más a la experiencia china.

 

En busca del incremento de la producción y las ganancias de los productores agrícolas los dirigentes del PCC municipales y provinciales actualmente están preconizando la diversificación de la producción. En el caso de Cuba, tras el desmantelamiento de la agricultura cañera y la industria azucarera, parece lógico el desmonte de marabú y el cultivo de esas tierras.

 

Pero en Vietnam, segundo exportador de arroz del mundo, la diversificación, -dice The Economist-, “pudiera haber ido muy lejos”, pues muchos campesinos del delta del Mekong han dejado de cultivarlo a favor de la camaronicultura, en momentos en que se produce el encarecimiento del cereal en el mercado mundial.

 

Debido a esa situación la presidenta filipina Gloria Macapagal Arroyo solicitó en febrero a Vietnam garantías para el abastecimiento de arroz a su país.

 

Por su parte, a fines de abril, la agencia de noticias malasia AFX Asia, reportaba que el gobierno vietnamita ha suspendido la firma de nuevos contratos de exportación de arroz hasta el mes de junio para garantizar el abastecimiento a la población e incrementar el precio del grano.

 

A propósito del tema, en declaraciones a la revista Opciones el 25 de abril, el embajador de Vietnam en Cuba, Vu Chi Cong, informaba que según acuerdos previamente firmados, este año se va a mantener y posiblemente superar el volumen del intercambio entre los dos países, que incluye 400 000 toneladas de arroz vietnamita. (La información completa aparece en "Cuba en la prensa mundial")

 

También este año técnicos vietnamitas cumplirán una nueva etapa en los convenios de ayuda al crecimiento de la producción arrocera familiar y cooperativa en las provincias de Sancti Spíritus, Granma, Holguín y Camaguey.

 

Los resultados obtenidos desde el punto de vista estrictamente económico por las reformas de mercado en Vietnam le han permitido sobrepasar a la India en la exportación de arroz y a Brasil en la exportación de café de la variedad robusta, y se presenta hoy como una economía en acelerado proceso de desarrollo.

 

No obstante, Vietnam todavía busca en otros países elementos a tomar en cuenta, como el pequeño y próspero Singapur, cuyo partido dominante, el PAP, controla la economía y gobierna en la práctica solo. Vietnam duda todavía para sus empresas nacionales entre los modelos occidentales, los coreanos o los japoneses: es un ejemplo de lo que se califica como sincretismo económico.

 

Raúl Castro y la nueva cúpula dirigente, con el socialismo de estado desacreditado, echan mano al nacionalismo e insisten en un socialismo criollo sin apellido, ya sea chino o vietnamita, pero por lo que hasta ahora hemos visto están tomando prestado del uno y del otro.

 

Pero al final, el problema de los dirigentes comunistas y de la enorme burocracia que les acompaña es que no quieren perder el control absoluto, y eso no juega con el libre mercado, que es el que ha permitido el impresionante desarrollo de China y Vietnam.

 

Lo que ha comenzado por la agricultura en Cuba puede llegar a mover la economía, pero aunque mucho avance nunca logrará lo que se alcanza en una sociedad de hombres libres, que elija a sus dirigentes y debata abiertamente sus errores.

 

Ese es el modelo que funciona.