Cubanálisis El Think-Tank

ARTÍCULO ORIGINAL PARA EL THINK-TANK DE CUBANÁLISIS

  

 

 

                                Antonio Arencibia, Miami

                                                                                                                                                            

 

CUMBRE DE CANCÚN: INÚTIL TIMONAZO A LA IZQUIERDA

 

Un análisis medianamente serio de la expulsión de Honduras de la OEA, su acuerdo de aislar al  gobierno de Micheletti y el no reconocimiento al nuevo presidente Porfirio Lobo debería admitir que esa organización se acercó a las posiciones a que aspiraba el bloque de países del ALBA, después de la defenestración de Mel Zelaya.

 

Más aún, la condena generalizada de los países del hemisferio contra el mal llamado golpe de estado contra un mandatario que violaba la Constitución de su propio país, creó un clima y un precedente que objetivamente desalientan las conspiraciones militares contra los gobernantes autoritarios de Venezuela, Bolivia, Nicaragua y Ecuador. Entonces hay que preguntarse: ¿Por qué se dio el consenso de los gobiernos reunidos en la Rivera Maya mexicana, para crear un nuevo foro regional que excluya a Estados Unidos y Canadá?

 

Reunidos en Playa del Carmen, en la Riviera Maya mexicana, representantes de 32 de los 33 países de América Latina y el Caribe aceptaron la propuesta que tiene la complacencia del anfitrión, Felipe Calderón, el respaldo de Lula da Silva, la obsoleta fundamentación histórica de Hugo Chávez, y su celebración por el dictador Raúl Castro como una gran victoria.

 

Cada uno de estos personajes tiene una motivación distinta. En el caso del presidente Calderón,-según describe acertadamente Eduardo Uribarri-, “fue una oportunidad dorada de ‘recargar’ su liderazgo diplomático continental, en particular sus nexos con el Caribe”. Hay que recordar que México no pertenece al bloque Unasur, que lidera Brasil, y se ha ido relegando a observador de segunda fila en los principales asuntos hemisféricos.

 

El estrechamiento de lazos mexicanos con el Caribe tiene un punto crítico en el relanzamiento de sus relaciones con el régimen de La Habana que incluye la próxima visita de Felipe Calderón.  Indudablemente el mandatario azteca quiere superar el enfriamiento de los contactos políticos y diplomáticos surgido tras el famoso “¡Comes y te vas!” que le planteara el presidente Fox a Fidel Castro para que terminase su visita antes de la llegada del presidente Bush a la cumbre de Monterrey.

 

Pero no se puede obviar el interés del gobierno mexicano por reanudar el cobro de la deuda de 400 millones del Banco Nacional de Cuba con el Banco de Comercio Exterior de México. ¿Significará este reacercamiento darle la espalda a la disidencia cubana? Si tomamos como indicador el silencio del gobierno mexicano ante la muerte de Orlando Zapata Tamayo, la prioridad del presidente Calderón no será precisamente la lucha por los derechos humanos en la Isla.

 

El caso de Lula es mucho más obvio. Termina su mandato afincado en el crecimiento del liderazgo continental de Brasil y enfrascado en dotar a la candidata de su partido (la ex guerrillera urbana Dilma Rousseff), del apoyo de la izquierda radical de su país y la región.

 

Como parte de esos objetivos,  Luis Inacio da Silva, no contento con el rol de su país en el Grupo de Río y en Unasur, apoya la creación de un organismo que excluye a dos países imprescindibles para sostener un diálogo hemisférico efectivo.

 

Su viaje a Cuba para impulsar las inversiones brasileñas y “despedirse” de Fidel Castro, coincidió con el asesinato político del disidente Orlando Zapata, y la mejor explicación de la cínica frase de Raúl Castro a la prensa internacional de que la “lamentaba” es para que Lula pudiese repetirla más tarde, sin causar revuelo. Hay que ayudar a salvar cara a un amigo del régimen que llega con créditos hasta el 2012 por 1,200 millones de dólares.

 

De  Hugo Chávez no puede añadirse nada que sorprenda. Se paseó por Cancún vestido no con la guayabera típica que usaron los demás mandatarios, sino con camiseta “roja-rojita” bajo camisa verde olivo, mientras  hacía  a sus colegas un ridículo saludo militar.

 

El teniente coronel golpista habló en el cónclave de dar continuidad con el nuevo ente a la desintegrada Conferencia de Tacubaya, que se convocó entre 1826 y 1828 en los suburbios de la capital mexicana como parte del anhelo de unidad de Bolívar.

 

Pero pronto abandonó la historia de lo que aconteció hace 182 años para entrar en materia actual cuando dijo que “la OEA ya no sirve para nada”. Seguidamente se inmiscuyó en la política de Brasil al preguntarse retóricamente: “yo no sé por qué Lula se tiene que ir, pero le va a entregar a Dilma el primero de enero”, y como colofón propuso a Lula para que sea el Secretario de la organización que se va a formar.

 

En su interesante artículo, “Paz o Guerra”, Américo Martín contrapone el diálogo entre los  mandatarios colombiano y ecuatoriano en la Cumbre de Cancún y el enfrentamiento de Chávez y el presidente de Colombia, y  destaca la conducta contradictoria ante Uribe de los dos aliados del ALBA.

 

En ese sentido,  algunos “mal pensados”, -entre los que me cuento-, consideramos que el choque Uribe-Chávez en aquella reunión,  y el intento del venezolano de abandonarla, fue provocado por éste con el intento de afectar el proceso de normalización de relaciones entre Ecuador y Colombia.

 

El nuevo organismo latinoamericano y caribeño

 

Algunos analistas se preguntan si el nuevo organismo que se va a crear no terminará siendo una especie de ALBA II. Otros, como la periodista venezolana María Teresa Romero, opinan que:

 

Se trata del sueño histórico de Fidel Castro y de la izquierda radical latinoamericana ahora encarnada en Hugo Chávez y sus seguidores en el ALBA, el de no tener vigilancia ni control a regímenes que no cumplan con lo establecido en las Carta Democrática Interamericana.

 

Por su parte, el embajador de República Dominicana en Colombia, Angel Lockward, da una explicación diferente a la exclusión de Estados Unidos de la nueva entidad.

 

En artículo para el diario bogotano Semana dice que los países de la región le están pasando la cuenta por el abandono norteamericano desde 1990 de “su papel de referente en política y cooperación cuando trasladó sus intereses a Oriente”.

 

Pero no todo está definido, pues para su presidente, Leonel Fernández, la propuesta para crear un nuevo órgano que unifique la región “aún no está madura” y se requiere “desentrañar el entramado institucional” para poderle dar vida.

 

En el caso de Chile, su presidente electo, Sebastián Piñera, asumirá también en marzo la presidencia por dos años del Grupo de Río. El nuevo mandatario ha declarado en entrevista a Andrés Oppenheimer, que en su turno en la presidencia rotativa del Grupo se propone trabajar duro para fortalecer los mecanismos de defensa de la democracia y los derechos humanos de la OEA”.

 

Pero no se trata de un viraje chileno a la derecha, pues desde su llegada a la cumbre mexicana, la actual mandataria socialista, Michelle Bachelet, había declarado que “cualquier organización, estructura o ampliación de ese espacio de concertación política no debe ser visto nunca como un reemplazo de la OEA”.

 

La posición chilena se debe a que en la región son insustituibles mecanismos como la Comisión Interamericana de Derechos Humanos de la OEA. Su reciente informe sobre Venezuela, que señala la falta de una efectiva separación e independencia de los poderes del estado como factor que restringe el pleno goce de los derechos humanos en ese país, ha  llevado a Hugo Chávez a amenazar con retirarse de esa comisión.

 

La C.I.D.H. también ha condenado la muerte por inanición del disidente cubano Orlando Zapata Tamayo, tras 85 días de huelga de hambre y ha vuelto a declarar que:

 

las restricciones a los derechos políticos, a la libertad de expresión y de difusión del pensamiento, la falta de elecciones y la falta de independencia del poder judicial, configuran una situación permanente de trasgresión en Cuba de los derechos fundamentales de sus ciudadanas y ciudadanos.

 

¿Qué gana la izquierda radical?

 

Por todo lo anterior, la izquierda radical del barrio planetario lo único que tiene seguro para celebrar es la inauguración de un nuevo foro donde hacer discursos anti-norteamericanos y sustraerse a críticas por la conculcación de las libertades ciudadanas. Pero no hay que apostar a que logren la eliminación de la OEA.

 

En Cancún, por ejemplo, la aprobación de los 88 puntos de la Declaración Final fue por aclamación. Se trató de un retazo de acuerdos que incluyen referencias a aspectos de interés en las agendas nacionales de muchos países. Son una especie de compromiso global que no hace más que plantearse objetivos, sin señalar la vía para lograrlos.

 

Forman parte de esos “buenos propósitos” la referencia al diferendo argentino-británico por Las Malvinas, la de poner fin al embargo norteamericano contra el régimen castrista, la de solidaridad con Haití, o el reconocimiento a Ecuador por una iniciativa de preservación de biodiversidad y aislamiento voluntario de las poblaciones indígenas en la región de Yasuní.

 

En fín, sobran temas para debatir y culpar a los ausentes del nuevo organismo. Pero los aspectos prácticos, es decir, cómo lograr la integración económica y el desarrollo democrático de los países integrantes están solo esbozados, o notablemente ausentes en la Declaración de la llamada Cumbre de la Unidad de Cancún.

 

¿Qué pinta en todo este proceso la Cuba de los Castro?

 

El régimen, malamente administrado por el general-presidente, está cobrando a la izquierda, y a gobiernos timoratos como el de México, una especie de “royalty” continental por la marca registrada Revolución.

 

Como han hecho con las camisetas del Ché y otros símbolos, están ahora aprovechando la supervivencia de Fidel Castro para dosificarlo en entrevistas con visitantes de alto nivel. De ahí el viaje de Lula a Cuba después de Cancún, y el anunciado por Chávez y que no se sabe si ya se realizó en secreto.

 

Otro intento de mercadeo entre sus simpatizantes es la foto de Raúl Castro en lamentable pose de árbitro, levantando el brazo a Chávez como si fuera el vencedor  de la Cumbre y por lo tanto el heredero de Fidel Castro.

 

Para vender su podrida mercancía requieren titulares rimbombantes en la prensa oficial que intentar engañar con “nuevos logros” al público cautivo de la Isla. En Granma, su director Lázaro Barredo, cita palabras del general-presidente en Cancún para fabricar el sensacional y mentiroso encabezamiento  “Trascendencia histórica la creación de la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños”.

 

En medio de la represión y el crimen político, están obligados a escribir algo que, por reflejo, haga creer a los incautos del continente que el comunismo estalinista de Cuba, o su  variante disfrazada de “socialismo bolivariano”, todavía tienen futuro.