Cubanálisis El Think-Tank

ARTÍCULO ORIGINAL PARA EL THINK-TANK DE CUBANÁLISIS

  

                                                                                          por Antonio Arencibia

                                                                                                                                                            

 

 CUBA: CRISIS EN LAS ALTURAS

 

El ya famoso incidente de Hugo Chávez y el rey Juan Carlos ha servido para que los voceros del castro-chavismo trajeran a colación el contexto de las luchas de los próceres de nuestro continente contra el colonialismo español. La maquinaria propagandística oficial de los regímenes de Venezuela y Cuba resucita a destiempo los enfrentamientos entre el Libertador y las tropas de Fernando VII y pretende establecer inaceptables paralelismos.

 

En realidad nunca hubo por parte del presidente Chávez Frías intentos de marcar una posición independiente en la Cumbre de Santiago de Chile. Siempre se trató de una provocación abierta, pues la primera andanada fue lanzada por Chávez a su llegada a tierras chilenas, mediante un ataque contra el tema central del evento propuesto por su anfitriona, la presidenta Michel Bachelet. El proyecto chileno supone dar pasos en la renovación del pacto social en democracia, de forma tal que se logre el acceso universal de la población a los servicios sociales.  En opinión del mandatario venezolano, eso es imposible de lograr sin que primero se establezca la justicia social. A partir de ese momento quedaba claro que la asistencia de Hugo Chávez al cónclave de mandatarios era servir de elemento desestabilizador de la XVII Cumbre Iberoamericana.

 

Como señalé en un trabajo anterior, el Teniente Coronel tenía, y tiene, razones muy poderosas para distraer a sus conciudadanos de los serios debates en torno a la reforma constitucional, que le convertiría en una especie de presidente vitalicio. Pero al asumir una posición agresiva en la Cumbre, no calculó que los insultos reiterados proferidos contra José María Aznar como “cómplice” en el golpe de estado del 2002, estaban llamados a provocar la inesperada reacción, que Castro ha calificado de “la orden abrupta del Rey de España”.

 

Durante esta crisis diplomática, Fidel Castro ha volcado todo su peso político en apoyo a Chávez mediante tres “Reflexiones” fechadas los días 10, 12 y 15 de noviembre. En la primera de ellas, después de saludar como demoledora, la crítica de su discípulo venezolano “a Europa”, la emprendía contra el evento calificando de “mezcla indigerible de cinismo y de mentira” la decisión de los jefes de estado y de gobierno presentes en Chile, de dedicar a la juventud latinoamericana la próxima reunión Cumbre.

 

Peor aún es que el Comandante en Receso escriba o dicte a sus amanuenses que el discurso de Zapatero y la frase del Rey, constituyen “pruebas irrebatibles de las conductas y los métodos genocidas del imperio, sus cómplices y las anestesiadas víctimas del Tercer Mundo” y que diga que Chávez obtuvo en aquella reunión una victoria, “un Waterloo ideológico”. Con su mente ya obtusa, Castro olvida que aquella fue la batalla que derrotó a Bonaparte, el modelo histórico de un caudillo militar que pretendía encarnar una revolución.

 

El tiro por la culata y otras consecuencias

 

Por eso hay que hablar de la derrota de Hugo Chávez, porque su impertinencia le fue contraproducente en esta ocasión. Cuando acusaba a José María Aznar de apoyo al golpe de estado en su contra, no estaba hostigando al gobierno del Partido Popular, sino se quejaba de forma pública y tardía ante un Jefe de Gobierno español de signo político opuesto, y cuyo Ministro de Exteriores, Miguel Angel Moratinos, en diciembre del 2004, planteó similares críticas a Aznar en el Congreso de Diputados de España.

 

Por consiguiente, y con las excepciones de rigor por parte de la prensa y los grupos de la izquierda radical, los medios y la opinión pública se han colocado mayoritariamente del lado de Rodríguez Zapatero y el rey Juan Carlos. Tan fue así, que Chávez, quiso cambiar la connotacion del incidente que protagonizó con el rey Juan Carlos, declarando que la prensa chilena e internacional lo estaban "sobredimensionando". 

 

La Venezuela democrática, por su parte, ha convertido el regio “¿Por qué no te callas?” en un lema político de tremenda actualidad y efectividad. En las propias filas bolivarianas, se ha profundizado la escisión. Unos van hacia posiciones más a la izquierda que Chávez, mientras otros se deslindan de éste y pasan al centro del espectro político. En realidad, no hay mucho que discutir en cuanto al tipo de “socialismo” que se propone el mandatario porque no lo ha definido y no le interesa hacerlo. Lo que pretende Hugo Chávez de inmediato es alcanzar poderes discrecionales por tiempo indefinido, que le convertirían en el más desembozado dictador de la historia venezolana.

 

Como dato anecdótico tenemos las posiciones contrastantes de dos izquierdistas extranjeros que hasta ahora habían coincidido en su apoyo al chavismo. El sociólogo norteamericano James Petras, quien fuera objeto de severísimas críticas por parte de Fidel Castro en el artículo “Los superrevolucionarios”, emula con el decrépito dictador cubano en el apoyo a Chávez, pero reconoce que éste se enfrenta a “una amenaza mortal”. Tal situación se debe a  las críticas del general Raúl I. Baduel al proyecto de reforma constitucional chavista, que, -según el profesor Petras-, constituyen la convocatoria “explícita” a un golpe de estado, debido al “anticomunismo” del general.

 

Una actitud totalmente opuesta es la de Heinz Dieterich Steffan, considerado el teórico del “socialismo del siglo XXI”, quien rechaza las acusaciones de traición contra el general Baduel y sin embargo, considera que el pronunciamiento de éste “ha sacudido un orden nacional que parecía estable”. Para salir de esta situación, Dieterich propone nada menos que una “alianza estratégica entre Chávez y Baduel”, ya que reconoce una división en el seno de los que han apoyado hasta aquí al mandatario, es decir entre los seguidores  “del ‘chavismo’ duro” y los  “bolivarianos decepcionados”.

 

¿Qué es lo que quiere La Habana?

 

En momentos en que el inquilino del Palacio de Miraflores enfrenta su trance más difícil desde el golpe de estado de Carmona,  los representantes del régimen lo apoyan por un elemental sentido de supervivencia. Así, Carlos Lage estaba obligado a repetir en su discurso en la Cumbre Iberoamericana, el rechazo de Chávez a los planes de  cohesión social propuestos por la presidenta Bachelet, declarando que eso solo era posible en un país como Cuba, “fruto directo de la obra histórica de Fidel” y que jamás se alcanzaría como resultado de la economía de mercado.

 

Sin embargo, para confusión de las cancillerías extranjeras, ha sido característica de esta etapa de Sucesión, que los representantes del régimen de La Habana a veces emiten mensajes contradictorios. Por ejemplo, entre los mandatarios presentes en la Cumbre calificados por Fidel Castro de “supuestos izquierdistas”, estaba el brasileño Luis Ignacio da Silva, Lula, que planeaba viajar a Cuba en este mes de noviembre. Pues bien, para poder dar respuesta a solicitudes que le hiciera Carlos Lage en conversaciones bilaterales sostenidas en el evento, Lula ha debido retrasar su visita al menos por 30 días, Según el diario Folha de Sao Paulo:

 

“El presidente afirmó que su visita a Cuba tenía, inicialmente, dos motivos principales: un acuerdo para aumentar el volumen de créditos para que Cuba pueda comprar alimentos al Brasil y un acercamiento de Petrobras a los cubanos, para que esa empresa estatal pueda hacer prospecciones petroleras en la zona (económica) cubana del Golfo. Lula no dijo exactamente cuales fueron las peticiones de los cubanos, pero afirmó que “un gran numero de ellas” son fáciles de cumplir, especialmente en el área de la salud.  Cuba quiere la cooperación brasileña en vacunas y  lactancia materna. También quiere discutir el diferendo sobre la validación de títulos de los estudiantes de medicina en el país caribeño.”

 

La ampliación de la cooperación de Cuba con Brasil solicitada por Lage, forma parte de una estrategia general de la Sucesión que fue planteada públicamente por la Ministra Marta Lomas hace mes y medio cuando anunció “un nuevo clima para las inversiones”. No hay que decir que tal declaración contrasta con lo escrito por Castro, días antes, de que no “se puede inundar con dinero el país sin vender soberanía.

 

La obsesión del Comandante de perpetuar su legado anti-norteamericano a través de Hugo Chávez como heredero ideológico ha contribuido a nublarle el ya deteriorado raciocinio. Solo así se puede explicar que apoyase el disparate de una eventual confederación “gran nacional” de Cuba con Venezuela. A estas alturas, ha sido tan grande en ambos países el repudio a esa unión, que el propio Chávez Frías se desasoció de cualquier copia del “modelo cubano’ en su país y dijo que hablar de que Cuba y Venezuela tienen dos presidentes es solo “una metáfora”.

 

La indecisión de la Sucesión

 

 La dualidad de mensajes que emite el régimen se debe a dos visiones en torno a dos equipos: el que medra a la sombra aún poderosa del viejo y deteriorado Caudillo y el de los que entre las filas de los sucesores quiere impulsar algunos cambios impostergables.

 

El silencio de la prensa oficial sobre el debate económico propuesto por Raúl Castro es indicativo de que los talibanes están apostando al incumplimiento de las promesas de reformas. El Sucesor en Jefe, intimidado por la actitud de perro del hortelano del Comandante, que ni gobierna ni deja gobernar, está en la situación insostenible.

 

Los jóvenes que en Cuba, en 1953, se lanzaron a la lucha contra la dictadura de Batista auto-identificados como Generación del Centenario de José Martí, edificaron un estado totalitario. Hoy, rondando los 80 años, se acercan al fin de su ciclo vital y no pueden modificarlo. Hay que preguntarse entonces, ¿qué puede suceder?

 

El panorama actual en la Isla se parece cada vez más a la “situación revolucionaria” descrita por Lenin, que ocurre cuando “los de arriba” no pueden seguir gobernando como lo hacen tradicionalmente, y “los de abajo”no quieren seguir siendo dominados, en un contexto de agravación de las condiciones materiales de la población.

 

Aunque el jefe bolchevique se refería a la posibilidad de un cambio revolucionario a favor del comunismo, esas premisas se han dado una y otra vez en la historia, cuando las condiciones están maduras para derribar un régimen obsoleto.

 

En Cuba es patente que la “crisis de las alturas” envuelve a los dirigentes históricos, pero contradictoriamente, muchos de los dirigentes más jóvenes apoyan el inmovilismo frente al cambio. Por eso, para que ocurra una revolución democrática, han de surgir nuevos líderes de entre la población.

 

Concuerdo con lo planteado recientemente por el Dr. Eugenio Yañez, “el tiempo se está acabando… para todos”.

  

Fuentes

 

Fidel Castro, “El valor de las ideas”, “El debate de la Cumbre” y “Waterloo ideológico”, Granma, 11, 13 y 16 de noviembre de 2007.

 

“Planalto cancela visita de Lula a Cuba”, Folha on line, noviembre 15 de 2007.

 

Heinz Dieterich, “La ruptura Chávez-Baduel: impedir el colapso del proyecto popular”, Kaos en la Red, noviembre 8 de 2007.

 

Jaime Petras, “Entre los votos y las botas”, La Haine, noviembre 13 de 2007.

 

Alejandro Armengol, “Nuevo clima para la inversión extranjera”, Cuaderno de Cuba, 29 de septiembre de 2007.

 

”Apresurada marcha atrás de Chávez en su propuesta de unión con Cuba”, El Universal, Noviembre 15, 2007. Reproducido en Cubanálisis.

 

Eugenio Yañez, “El tiempo se está acabando…para todos”, Cubanálisis, 12 de noviembre de 2007.