Cubanálisis El Think-Tank

             ARTÍCULO ORIGINAL PARA EL THINK-TANK DE CUBANÁLISIS

 

 

 

     Antonio Arencibia, La Coruña, España

  

 

 

                               

                                                                                                                                                            

 

CUBA 2012: NI CAMBIOS POLÍTICOS, NI ECONÓMICOS

 

Hace apenas una semana ha terminado la Conferencia del Partido Comunista de Cuba sin aportar nada nuevo, pero entre los criterios vertidos por algunos opositores y disidentes cubanos de dentro de la Isla ha llamado la atención el planteamiento de que Raúl Castro “ha perdido la última oportunidad”. Aunque es comprensible que en el debate político se le exageren los errores al adversario, esto confunde a los que se oponen al régimen, porque equivale a decir que se esperaban importantes cambios de índole política en ese evento.

 

Los cambios, por lo menos los que se proyectan y se suponen que se empiezan a aplicar, son solo los de la “actualización” económica neocastrista, que la cúpula raulista impuso en el VI Congreso del PCC. Nada más se podía esperar de la Conferencia que no fuera lo que el propio dictador-sucesor había anunciado: limitar a dos períodos de cinco años el tiempo de los que ocupen cargos de dirección en las principales instancias del régimen (Gobierno, Partido, Estado). Esa auto renuncia consensuada de los detentadores vitalicios del poder solo se hará de forma puntual en caso de imposibilidad física o mental.

 

¿Qué importancia tiene que no surgieran ahora mismo los nombres de los nuevos prospectos a “cuadros dirigentes” de nivel superior, escogidos de la llamada cantera que la Comisión Ejecutiva del Buró Político ha estado formando, como dicen “sin prisa, pero sin pausa”? Primero se tienen que llevar a cabo un par de “grandiosos funerales” y algunos otros no tan grandes.

 

¿Acaso alguien imaginó que los comandantes y generales surgidos de la guerrilla iban a renunciar en bloque a la dictadura del partido único que ellos aceptaron para perpetuar por otros medios su propia casta militar? Ese clan de abuelos privilegiados, ungidos por el contubernio de más de medio siglo con los Castro, son cualquier cosa menos suicidas. Además, están tan acostumbrados a disfrutar de las “mieles” que han arrebataron a la burguesía criolla que no hace falta una “piñata”, pues esta se hizo en los primeros años del llamado Gobierno Revolucionario.

 

Por otra parte, medio siglo de mando es demasiado, incluso para esos veteranos, que estarían dispuestos a hacer mutis, pero están obligados a permanecer junto a Raúl Castro en la implementación de los futuros acuerdos sucesorios, con la esperanza de que la nueva tripulación no hunda definitivamente el Granma.

 

El problema de que el Partido Comunista de Cuba garantice la continuidad histórica de la Revolución, mediante la dictadura colectiva, como reiteró la Conferencia, y recoge el artículo 5 de la Constitución castrista, dependerá de la eficiencia económica que resulte de ese proyecto híbrido en que se está convirtiendo el viejo sistema.

 

Cambio de mentalidad, el milagro pendiente

 

Nadie en su sano juicio podía esperar otra cosa de la Conferencia que no fuera adecuar el estilo de trabajo del partido único al apoyo de la estrategia neocastrista, que pretende transformar paulatinamente el socialismo de estado en un “socialismo de mercado”, que no sería más que capitalismo de estado vergonzante.

 

Para ese objetivo estratégico se requiere un milagro: que los militantes del Partido Comunista y la UJC, así como los dirigentes de la central sindical oficialista (CTC), cambien súbitamente de mentalidad. Ahora deben no solo aceptar, sino estimular, las actividades laborales de cooperativas y empresarios privados, bautizados con el nombre de “formas empresariales no estatales”.

 

También deben insistir en la absurda sindicalización de los cuentapropistas y predicar los nuevos principios “políticamente correctos”, buscando que se ejecuten las entregas planificadas al estado, el pago puntual de los impuestos, o que no se exageren los precios de los productos y los servicios. Tareas casi imposibles de cumplir en sectores donde se ha autorizado al genio de la búsqueda de ganancias salir de la lámpara, en medio de una gran escasez. Pero, “la militancia”, aprendiendo de cincuenta años de doble moral de sus propios dirigentes, va a simular no solo que cumple su nueva misión, sino que cree en ella.

 

Junto a esas formas no estatales a las que todavía el estado no garantiza siquiera recursos, han surgido grandes planes que a primera vista se parecen a los faraónicos proyectos de los tiempos del castrismo puro y duro, que tantos recursos consumieron antes de fracasar.

 

Pero lo que marca la diferencia con aquellos es que la modernización del puerto de Mariel, la ampliación de la refinería de Cienfuegos, y la perforación petrolera en aguas profundas de la Zona Económica de Cuba en el Golfo, están concebidos y dirigidos por empresas mixtas con capital extranjero venezolano, brasileño, chino y español.

 

Se trata de obras, en sectores estratégicos, que rebasan en su implementación y funcionamiento pleno el tiempo de vida de la gerontocracia. Pero, aún siendo esos planes muy sensatos y bien estudiados, se han creado en el marco de un régimen burocrático, ineficiente y proclive al incumplimiento de sus compromisos de pagos. Por ello, si fracasaran, sus costos habrían de sumarse a la enorme deuda que los Castro dejan para que se le cobre al pueblo cubano.

 

Ahora bien, aunque los riesgos de estas grandes obras han sido bien calculados por los inversionistas, en caso de dar resultado esas inversiones, los beneficios que aporten tardarán varios años en producirse, por lo que es imposible aducir que “beneficiarán a los Castro”.

 

¿Cómo se aplica el “Zhuanda Fangxiao” en Cuba?

 

Pero, como antes se planteó, lo que puede volcar el bote del neocastrismo es la ineficiente economía interna. Los últimos parches aplicados por el régimen, como la cooperativización de barberías, o la autorización, mediante pago de tasas, de los anuncios de los negocios privados, parecen cambios, pero no van al meollo de la cuestión.

 

La rémora para un despegue económico es el sector estatal de la economía. Los altos gastos que ocasiona la creciente importación de alimentos demuestran que la agricultura estatal está en quiebra, y que no basta con el pequeño y asfixiado sector privado y cooperativo para abastecer a la ciudadanía.

 

La que fuera azucarera del mundo tiene que comprar azúcar a otros países, y la industria del ramo ha tocado fondo al producir menos que en las zafras de tiempo de la Colonia. En un encuentro periodístico durante su reciente visita a Cuba, Dilma Rousseff apuntaba la entrega de créditos al régimen por 400 millones de dólares para comprar alimentos de Brasil, y de otros 200 millones para mejorar la agricultura de la Isla. No obstante, el estímulo a la iniciativa privada extranjera es bien escasa, y solo se ha autorizado la inversión brasileña en el sector azucarero en un solo central, de los cerca de medio centenar que quedan activos, pero poco eficientes, tras el desmantelamiento de la industria ordenado por Fidel Castro.

 

Como ha señalado el colega Lázaro González, la esencia del capitalismo de estado chino se recoge en el lema “Zhuanda Fangxiao”, surgido durante la reforma de las empresas estatales de 1997, que significa: “mantener lo grande, deshacerse de lo pequeño”. Pero parece que la cúpula neocastrista no ha leído correctamente el manual, pues están dejando deteriorar lo grande que tienen, y obstaculizando lo pequeño, que necesitan que se consolide.

 

Veamos como persisten en ese error. Hace algún tiempo el régimen le compra carne a Brasil para la cuota normada de niños capitalinos menores de trece años, y ahora nos enteramos por un informe de la ONE, (Oficina Nacional de Estadísticas de Cuba), que la producción estatal decayó de un 79,4 por ciento en el 2010 al 67,9 por ciento en el 2011, y esto trajo como resultado el decrecimiento general de 2,100 toneladas de productos cárnicos por parte del estado.

 

O sea, que en el 2011, aunque el sector privado y cooperativo incrementó la producción de cárnicos un 14 por ciento más que el año anterior, el sector estatal de la carne -responsable hasta entonces del grueso del abastecimiento- redujo impunemente sus volúmenes, agravando la escasez y afectando los precios. Como consecuencia de esa política generalizada en el sector agropecuario, el informe de la ONE apunta que los cubanos se enfrentaron en el 2011 a la inflación de precios de artículos de primera necesidad, pagando casi un 20 por ciento más por la compra de alimentos.

 

Por supuesto que la prensa oficial no toca el tema de por qué se redujo el volumen de producción cárnica estatal respecto al año anterior, y solo habla en abstracto de la falta de previsión en la alimentación ganadera, porque el gobierno había decidido recortar gastos en pienso importado. Según el diario Granma, en una sola de las actuales 15 provincias del país, Villa Clara, murieron en 2011 “a causa de la desnutrición, accidentes u otras razones” nada menos que 19,157 reses, sin contar otras 1,300 que fueron robadas y sacrificadas.

 

Es decir, a pesar del alboroto sobre el cuatrerismo y el “hurto y sacrificio ilegal de ganado”, contra lo que el dictador-sucesor ha llamado a una campaña represiva, estos delitos en la provincia de Villa Clara representaron solamente menos del 6.8% de las muertes de ganado en esa provincia provocadas por negligencia e ineficiencia “socialista”. Sin necesidad de calcular o suponer cifras nacionales, se trata de un dato impresionante que muestra negligencia criminal, lo que supone en cualquier otro país una acción judicial que debería alcanzar, cuando menos, a funcionarios de nivel provincial.

 

¿Qué cambios?

 

Pero se trata de Cuba, donde Raúl Castro está iniciando los “cambios requeridos”, -pero como repitió en diciembre pasado-, con las siguientes condicionantes: “sin prisa”, “paulatinamente”, “con la integralidad y gradualidad requeridas”, “sin apresuramientos ni improvisaciones”. Es que la reforma más difícil de lograr es aquella que “los de arriba” quisieran, pero no pueden, porque temen a sus consecuencias.

 

Ese es el problema de la “actualización” neocastrista, basada en el voluntarismo de unos dirigentes que la quieren aplicar para evitar el abismo a donde ellos mismos condujeron a la nación.

 

Es voluntarismo también ignorar a los que advierten que no se puede mover nada en la economía que no repercuta en otros elementos del modelo. ¿No saben acaso que cuando se autoriza la empresa no estatal y no se crea para ella un mercado mayorista que la abastezca, se propician el mercado informal y el delito? Si el estado va a mantener las grandes empresas, ¿cuándo y cómo las van a hacer funcionar? Y las que no funcionan ¿las van a dar a productores nacionales o extranjeros, o las van a canibalear, como ya hicieron con los centrales azucareros demolidos?

 

Los neocastristas no son otros, sino los mismos que, tras décadas de adoctrinamiento, fracasaron en el proyecto de un “hombre nuevo”, y ahora quieren crear de la noche a la mañana un homo economicus cubensis eficiente y cumplidor de la ley. Creen que basta con una especie de conversión de fe para una nueva forma de hacer y producir, pero le temen tanto a la iniciativa privada que la inmovilizan con la camisa de fuerza de las prohibiciones, los impuestos y los controles abusivos.

 

Pero ese cubano emprendedor, aún obstaculizado y controlado hasta el extremo, hará uso de su habilidad de superviviente para arrancarle cada día otro pelo al lobo.

 

Es un ritmo lento que no consolida nada, pero con él al menos se sigue acercando el fin del calendario de los Castro. Mientras tanto, el general Castro viaja a Caracas para conmemorar con Hugo Chávez su fallido golpe de estado de 1992 y ver qué más le puede sacar. Y el Comandante aprovecha su ausencia y llena un teatro en La Habana durante seis horas para entretenerse en tonterías con ministros y altos funcionarios que no pueden rechazar su citación urgente.

 

Es como si no estuviese pasando nada importante, es decir, como en los viejos tiempos, que afortunadamente no volverán.