Cubanálisis El Think-Tank

ARTÍCULO ORIGINAL PARA EL THINK-TANK DE CUBANÁLISIS

                                                 Antonio Arencibia, Miami

                                                                                                                                                            

 

CHÁVEZ Y LA GUERRA ANUNCIADA

 

Quien haya leído en Cubanálisis mi anterior trabajo “El show populista regional pierde público”, podría decir -ante los nuevos acontecimientos- que no calculé bien todas las potencialidades de Hugo Chávez en el mundo del espectáculo político.

 

Y en efecto, me quedé corto, pues el aspirante a sucesor de Fidel Castro multiplicó sus actividades, y en solo 15 días:

 

·        descartó el regreso de Zelaya a Honduras;

 

·        se fue de gira por medio mundo;

 

·        ordenó a su Canciller y a su Ministro de Defensa seguír exigiendo la condena de Unasur a Colombia por su convenio militar con Estados Unidos;

 

·        ordenó hacer los preparativos de la Segunda Cumbre América del Sur-África, que va a celebrarse a fines de este mes en Margarita;

 

·        y a su regreso a Caracas ha revelado otro acuerdo con Rusia de compra de armamentos, que representa una gran amenaza para la paz en la región.

 

Como se ha dicho por otros analistas, ante situaciones difíciles, Hugo Chávez “huye hacia adelante”, y por eso no sorprende su aventurerismo, sino la desfachatez de sus declaraciones provocadoras y lo absurdo de sus proyectos.

 

Al comenzar su viaje, Chávez propuso a la Cumbre de la Unidad Africana en Trípoli, Libia, “la conformación de un banco o un sistema financiero que vaya articulando América Latina y África” y la creación de “una nueva moneda para el comercio internacional del Sur”.

 

La utopía de una unión Sur-Sur será su tema predilecto como anfitrión de la reunión en Margarita que agrupará a 54 altos dignatarios de África y 12 de Suramérica los días 26 y 27 de septiembre.

 

El periplo de Chávez

 

Después de ser condecorado por Moamar el Gadafi, el mandatario venezolano dijo a Telesur, sin sonrojarse en lo más mínimo, algo que resulta absurdo teniendo en cuenta su edad: “Mi generación lo quiere mucho, a Gadafi. Las nuevas generaciones quizás no lo conocen tanto como lo conocimos nosotros en los 60”. Y dio fe de su pleno acuerdo con el déspota libio señalando que “el 25 va a llegar Gadafi a Margarita. Quiere llegar antes para que nos reunamos, revisemos la agenda de la cumbre, la agenda de los dos, con carpa y todo”.

 

El periplo de Chávez, después de Libia, continuó por  Argelia, Siria, Irán, y Turkmenistán, con una parada en la Mostra de Cine de Venecia, y luego continuó en Bielorrusia, Rusia y España.

 

En el sur de Siria, en el Estadio Nacional de Sueida, Chávez pronunció un discurso en el que acusó al gobierno de Israel de “genocida” y convocó a los asistentes a construir  “una Siria socialista” y a librarse  del “veneno del capitalismo y del imperialismo” para convertir al país en una potencia de Medio Oriente.

 

Si no conociéramos los despistes de este personaje el llamamiento de Chávez a favor de una “Siria socialista” parecería una crítica, teniendo en cuenta que el Partido Baas, que proclama el socialismo árabe, gobierna en Siria sin interrupción desde 1963.

 

Durante su estancia en Teherán, la capital iraní, Chávez, acompañado por Mahmud Amadinejad, fue recibido por el líder supremo, el ayatolá Alí Jamenei, quien dijo que  Irán y Venezuela deben encabezar y fomentar “el nuevo frente independiente”.

 

Habría que preguntarse el propósito de tal frente. Pero en “Las líneas de Chávez”, escritas en Teherán, éste se encarga de esclarecerlo: “la única amenaza real y verdadera para todos nosotros –dice- es la continuidad de la hegemonía del imperialismo yanqui”. El modo de conjurar esa supuesta amenaza –sigue diciendo- es conformar “un mundo multiplural y pluripolar” y asegurar “los procesos de acercamiento e integración de los bloques geopolíticos”.

 

Gasolina para Irán

 

El último día de su visita a Irán Hugo Chávez anunció que Venezuela comenzaría en octubre la exportación diaria de 20 mil barriles de gasolina a ese país, en un convenio por un monto de ochocientos millones de dólares.

 

Algunos comentaristas se burlaron del acuerdo, por el cual un país petrolero envía ese derivado a otro país petrolero, sin tener en cuenta que Chávez estaba adelantándose a un embargo de gasolina a Irán que la administración Obama está sopesando, para presionar al gobierno de los ayatolás a negociar sus planes nucleares.

 

Los críticos de ese proyecto respaldado por muchos legisladores norteamericanos se basan en que es difícil que Rusia o China se sumen a ese embargo, pero he aquí que se aparece el Teniente Coronel de Sabaneta con el acuerdo de venta de gasolina venezolana. Chávez intenta copiar a Fidel Castro, haciendo el papel de punta de lanza de los adversarios de Estados Unidos.

 

Dos días después del anuncio de la venta de gasolina venezolana al gobierno iraní, Robert Morgenthau, Fiscal del Distrito de Manhattan por muchos años, presentaba en Washington un informe titulado  “El nuevo Eje de Irán y Venezuela”, reproducido en los principales periódicos norteamericanos, donde señala envíos de equipos iraníes de laboratorio al gobierno venezolano para la fabricación de explosivos, y destaca la posible producción de uranio en Venezuela, con destino a Irán.

 

Con Lukashenko y Medvedev

 

A su llegada a Minsk, el 9 de septiembre, Chávez propuso a su anfitrión, el dictador de Belarús, Alexander Lukashenko, unir a los dos países en una “nueva unión de repúblicas”, como prueba de sus excelentes relaciones. Dijo el presidente venezolano que tal entidad “No será una unión como la de las repúblicas socialistas (URSS) sino de repúblicas libres agrupadas en una unión”.

 

Obviemos esa propuesta de Chávez de pequeñas alianzas entre países, como un rasgo de su carácter de histrión. En el mundo de hoy los centros de poder están bien definidos, por eso no le queda otra que coaligarse en serio con los rivales estratégicos de Norteamérica, ya sea el totalitarismo modernizante de China o la autocracia vergonzante de Rusia.  

 

De ahí que –según la prensa rusa- este viaje de Chávez a Moscú propició que Rusia y Venezuela alcanzaran “un nuevo nivel de acuerdo estratégico”, particularmente en la esfera militar.

 

Esto se confirmó tras el regreso del presidente a Caracas, donde informó de la compra de modernas armas rusas, y que en Venezuela se va a comenzar el proceso para el desarrollo de energía nuclear con el apoyo de Rusia.

 

 

Amparado por un crédito ruso de 2,200 millones de dólares, Chávez convenió la adquisición de 92 tanques T-72 B y sistemas reactivos antiaéreos de 300 MM “Smerch”. Los tanques son de 40 toneladas y desarrollan una velocidad máxima de 60 km-hora; los sistemas antiaéreos tienen un alcance de 2,500 Km, y están diseñados contra misiles y aviación estratégica y táctica.

 

Ese armamento se suma al de anteriores compras a Rusia por 4,000 millones, que incluyeron 24 aviones caza Sukhoi-30, más 50 helicópteros de combate, y cien mil fusiles AKM.

 

La guerra anunciada

 

Es exacto lo que dice el cubano-venezolano Fausto Masó, que “Chávez viajó a una Rusia que ya no existe. Imagina una alianza semejante a la de Cuba con la Unión Soviética que provocó la crisis de los cohetes, casi una guerra mundial”.

 

Pero precisamente porque los tiempos han cambiado, Estados Unidos no puede permitir que nuevamente en su vecindad, esta vez en Venezuela, se vaya a establecer una cabeza de playa comercial-militar ruso-china-iraní. La reactivación de la IV Flota naval norteamericana en las aguas de la región, y su acuerdo de incorporar personal militar a siete bases colombianas, son señales de advertencia de Estados Unidos a sus rivales de Eurasia.

 

Pero aún si se interrumpiese o atenuase la presencia militar extra-continental, está latente la carrera armamentista en nuestra región, iniciada desde hace años por las enormes compras de material bélico por parte de Chávez.

 

Como Colombia es un obstáculo a su sueño “bolivariano” de revivir la Gran Colombia, y se prepara para la guerra. Américo Martín alerta en un medular trabajo que los viejos odios por guerras nunca olvidadas entre las naciones del continente pueden provocar un llamado general a las armas.

 

Chávez ahora, igual que Fidel Castro antes, no puede sostenerse sin la confrontación permanente. La desestabilización de los gobiernos que se le enfrentan, e incluso la guerra, forman parte de sus designios.

 

El peligro es mayor aún cuando Hugo Chávez se quita el traje de payaso y se viste de estratega.