Cubanálisis El Think-Tank

ARTÍCULO ESPECIAL EN EL THINK-TANK DE CUBANÁLISIS

¿Apoyaría Martí al régimen cubano?

 

Miriam Leiva, Cubanet

   

 LA HABANA, Cuba, enero, www.cubanet.org -El 160 aniversario del nacimiento de José Martí, en La Habana, el 28 de enero, se conmemora en Cuba con interpretaciones de su pensamiento y obra, según conviene a la estrategia política del momento. Entre sus pródigos escritos, contentivos de su pensamiento político y social, y con los testimonios de sus denodados empeños por lograr la independencia nacional, sobresalen los dedicados a la formación y desarrollo del Partido Revolucionario Cubano (PRC).

 

Luego de varios años de ardua labor unificadora entre los emigrados, sobre todo entre los excombatientes de las guerras por la independencia, Martí viajó de Nueva York a Cayo Hueso, donde los presidentes de las agrupaciones políticas y personalidades representativas aprobaron las Bases del Partido Revolucionario Cubano y sus Estatutos Secretos, el 5 de enero de 1892. Entre enero y abril fueron discutidos y acatados por los clubes de emigrados de las diferentes localidades, y se proclamaron el 10 de abril, en Cayo Hueso, Tampa y Nueva York.

 

Desde 1959, a los cubanos se nos ha dicho que Martí dispuso que solamente debiera existir un partido, soslayando el contexto histórico en que él gestó el PRC, cuando la frustración por la forma en que terminó la guerra de 1868-1878, las rencillas entre los jefes mambises y el desánimo entre los excombatientes y emigrados, nutrían la discordia y amenazaban con aniquilar los planes de una nueva lucha emancipadora.

 

Esas circunstancias (y el modo en que realmente las veía Martí) pueden apreciarse en muchos de sus textos. Por citar un ejemplo, en “El Tercer Año del PRC. El Alma de la Revolución y el Deber de Cuba en América”, artículo publicado en Patria, el 17 de abril de 1884, donde expresa: “Un pueblo no es la voluntad de un hombre solo, por pura que ella sea, ni el empeño pueril de realizar en una agrupación humana el ideal candoroso de un espíritu celeste, ciego graduado de la universidad bamboleante de las nubes… Un pueblo es composición de muchas voluntades, viles o puras, francas y  torvas, impedidas por la timidez o precipitadas por la ignorancia. Hay que deponer mucho para atar mucho, que sacrificar mucho, que apearse de la fantasía…”

 

Uno de los mayores méritos de José Martí fue su capacidad para aunar voluntades por encima de las grandes disputas y recelos, con firmeza, y demostrando sus cualidades de organizador y estratega. Lamentablemente, una vez desembarcado en La Playita, zona oriental de Cuba, el 11 de abril de 1898, el alto mando militar no estuvo dispuesto a subordinársele -aunque sí al reconocimiento como Delegado, pues lo nombró mayor general del Ejercito Libertador-, ni aceptar la jerarquía de un gobierno en armas lastrado por las nefastas experiencias de la gran contienda anterior. Entristecido, José Martí murió en Dos Ríos el 19 de mayo.

 

Baste contrastar los siguientes conceptos martianos (aparecidos también en el artículo citado anteriormente) con lo establecido en la etapa de la revolución de 1959: “A su pueblo se ha de ajustar todo partido público, y no es la política más, o no ha de ser, que el arte de guiar, con sacrificio propio, los factores diversos u opuestos de un país de modo que, sin indebido favor a la impaciencia de unos ni negación culpable de la necesidad del orden en las sociedades –solo seguro con la abundancia del derecho- vivan sin choque, y en libertad de aspirar o de resistir, en la paz continua del derecho reconocido, los elementos varios que en la patria tienen título igual a la representación y la felicidad”.

 

Ese Martí no habría participado de la imposición en la Constitución de Cuba del Articulo 5: “El Partido Comunista de Cuba, martiano y marxista-leninista, vanguardia organizada de la nación cubana, es la fuerza dirigente superior de la sociedad y del Estado, que organiza y orienta los esfuerzos comunes hacia los altos fines de la construcción del socialismo, y el avance hacia la sociedad comunista”.

 

Tampoco Martí habría admitido la Disposición Especial, adicionada en 2002, que fijó que: “el carácter socialista y el sistema político y social contenido en ella sean declarados irrevocables”.

 

En el 160 aniversario martiano se ejecuta la farsa de las elecciones para delegados provinciales y diputados a la Asamblea Nacional del Poder Popular, prevista para febrero próximo. Bien se conoce que en las asambleas se aprueban las personas designadas desde el partido comunista para conformar una lista con  la cantidad exacta a ser elegida, la mayoría de las cuales son miembros del mismo partido.

 

Quien fue elegido Delegado del Partido Revolucionario Cubano, el 8 de abril de 1892, para períodos anuales, y renovado en su cargo los tres años siguientes, hasta que marchara a la manigua mambisa, quedaría estupefacto ante las nominaciones y votaciones de los últimos decenios. Con su amplitud de criterios y abundante verbo, habría impedido su aprobación, y hasta hubiera escrito hoy otros artículos sobre el presidio político en Cuba. O quizás residiera aún en Nueva York.