Cubanálisis El Think-Tank

ARTÍCULO ORIGINAL PARA EL THINK-TANK DE CUBANÁLISIS

  

                                          Américo Martín, Venezuela

 

 

 

 

EL SOCIALISMO Y LA INTEGRACIÓN LATINOAMERICANA

(Capítulo 8 de su libro "El regreso de Napoleón")

 

Dos opciones enfrentadas

           

            La integración regional se ha instalado profundamente en la agenda de América Latina, con una fuerza similar a las que prevalecen en Europa y el norte de América. Pero a diferencia de éstas, hay un componente mayor de la ideología que del comercio en cuando menos una de las dos principales opciones que han venido tomado cuerpo. Los escenarios de la integración son subregionales y se sitúan en Centroamérica, las islas del Caribe, la plataforma del Pacífico, la Plataforma del Atlántico. Como fórmulas de integración, los proyectos que no partieron de pactos subregionales previos o definitivos quedaron fuera de la realidad y por el momento no cuentan. Tal ha ocurrido con ALALC y ALCA, este último propuesto por el presidente Bush

 

            Son muchos los ensayos integracionistas que han querido consolidarse en Latinoamérica. No obstante, en la actualidad se sostienen con vocación de permanencia el Mercado Común Centroamericano (MCCA), el CARICOM, la Comunidad Andina de Naciones (CAN) y el Mercado Común del Sur (MERCOSUR), además de otros importantes pero de alcance más limitado

 

                        Se debaten dos tendencias que pugnan por imponerse. La de los gobiernos “aperturistas”, que quieren preservar la índole comercial de una integración abierta al mundo, y la que llamaré “aislacionista” porque se empeña en cambiar su naturaleza para colocar lo político-ideológico en el centro y la lucha contra la globalización hacia fuera. Los gobiernos que se sitúan en uno o el otro de estos campos no han asumido a plenitud el antagonismo que los separa y generalmente optan por aplicar políticas híbridas. Eso no quiere decir que no reconozcan esas diferencias y que no sepan que lejos de superarse, se agudizarán La orientación comercial de MERCOSUR, por ejemplo, viene del Tratado fundacional de Asunción en 1991, del Protocolo de Ouro Preto en el mismo año y  de la Resolución 23/98 del Grupo Mercado Común. Su objetivo es: Aumentar la eficiencia y competitividad de las economías asociadas. No es cosa de cambiar eso, que es muy sólido, por los pálpitos revolucionarios de nadie.

 

            Algunos factores extra o intrarregionales tienden a acelerar contradicciones. El más importante de ellos es el de los Tratados de Libre Comercio con EEUU y la UE, aun cuando en este último con reticencia menos intensa. El argumento visible para oponerse es la relación asimétrica con la gran potencia norteña, el soterrado es la estrategia antiimperialista, llevada al plano de la ruptura. La asimetría, por supuesto, está lejos de ser una argucia. Es un problema formidable pero no insoluble porque en alguna medida depende de la inteligencia y sentido de la oportunidad como se realice la negociación. Chile suscribió un TLC con EEUU, otro con naciones del Pacífico y lleva muy adelantado el TLC con la UE. El resultado de esas operaciones está en cifras. Chile ha aumentado y diversificado sus exportaciones por la escala y solvencia de los mercados ricos, y no ha ocurrido que en EEUU se pierdan empleos o disminuyan sus exportaciones, como objetaban los sindicatos y otros fuertes grupos de opinión estadounidenses, abiertamente recelosos por temor a que la firma de TLC con América Latina pueda afectar laboralmente a EEUU (61)

 

            Esas reservas se han agudizado debido a la nueva relación de fuerzas en el Senado y la Cámara de Representantes de EEUU, lo que paradójicamente evidencia que no es EEUU, sino los países latinoamericanos los que están más interesados en suscribir acuerdos comerciales con EEUU (62)

 

            Éxito similar es el alcanzado por México, país que bajo el gobierno de Salinas de Gortari firmó el NAFTA con Canadá y EEUU, con un fuerte impacto en el volumen y la variedad de las exportaciones aztecas.

 

            A la cabeza del bloque de países aperturistas, que confieren a los pactos integracionistas un carácter básicamente comercial, se encuentran Brasil, México, Chile y Argentina. No excluyen el ángulo político ni el social y el cultural. Han aprobado programas solidarios con las etnias y para combatir la pobreza, y han consagrado una cláusula democrática, análoga a la que rige en la Unión Europea, que impide la incorporación a MERCOSUR de países que no sean certificadamente democráticos (63)      

 

            Aunque pudiera pensarse lo contrario, el presidente Chávez y no Fidel Castro es el que está al frente del bloque aislacionista. Pese a eso, la influencia ideológica fidelista ha sido determinante para que se haya impuesto en el movimiento bolivariano una clara definición socialista, en una versión próxima, aunque no idéntica, a la que prevalece en Cuba. Y, por extensión, que el emblema de los países del ALBA sea el socialismo del siglo XXI. Pero en términos reales sólo Venezuela –aparte de Cuba, claro- se ha trazado una estrategia para alcanzar a plazo la meta socialista. En Nicaragua, el sandinismo, pese a su fuerte influencia en los medios y en el poder judicial, carece de mayoría propia en el Parlamento y debe encarar la oposición de partidos arraigados. En Ecuador, está por verse el contenido que adquiera la alusión que ha hecho el presidente Correa al socialismo siglo XXI, y en Bolivia la ambigüedad conceptual es el rasgo predominante.

 

            Pese a todo, en este bloque de países hay más homogeneidad orgánica, ideológica y política que en el de los países aperturistas. El ALBA, a diferencia de MERCOSUR, la CAN y el MCCA, no es propiamente un sistema de integración comercial, sino político y socialista. Eso no excluye la dimensión económica. Más bien la presupone, pero en un sentido algo bastardo. Como se sabe, el poderío financiero de Venezuela y la forma alegre como lo administra el  presidente Chávez, han sido determinantes para que países de precario desarrollo como Nicaragua (el más pobre de Centroamérica), Bolivia y Ecuador hayan adoptado un tono de abierta coincidencia con Venezuela y de mayor alineamiento con el ALBA  No importa que sepan que buena parte de las promesas del presidente venezolano son exageradas e inaplicables, de todas maneras la esperanza de esos países se funda en proyectos concretos que parecen haberse puesto en marcha. Destacan entre otros: la apertura de agencias de Bandes en Nicaragua y Ecuador dispuestas a suministrar créditos para viviendas, pequeños productores, cooperativas, a muy bajo interés y en buena parte no reembolsables. Se añaden las facilidades petroleras y el envío de fertilizantes; la posible adquisición por Venezuela de bonos “basura” (similares a los argentinos) emitidos por Bolivia, Ecuador y Nicaragua, y la anunciada construcción de sendas refinerías en Nicaragua y Ecuador (64)

 

            No menos importante es el banco del ALBA, ya aprobado cuando menos en forma preliminar. El único que no aparece en el Memorando de entendimiento del banco es Ecuador, seguramente porque hasta el momento no se ha incorporado al Pacto. Siendo Nicaragua, Cuba, Bolivia y Venezuela los interesados en impulsar esta nueva institución financiera, es fácil imaginar quién la “fondeará”.  Es una nueva liberalidad que puede llegar a ser insostenible, dados los signos alarmantes de la complicada situación económico-financiera de Venezuela. El presidente ha optado por desestimarla pero pocos dudan ya que está amenazando la continuidad del proceso bolivariano. En principio, podría decirse que el estado del músculo financiero de Venezuela será determinante en el futuro próximo del ALBA,

 

Para competir con la influencia energética mexicana, el gobierno venezolano corrió a ofrecer una refinería de 150 mil b/d de capacidad en León, Nicaragua, cuya primera piedra se colocaría en junio. Pero la realidad lo ha hecho retroceder y el proyecto se ha colocado, por decirlo así, en “baño María”. En cambio, en Panamá, probablemente para no depender del petróleo venezolano, se anuncia la construcción de una refinería para 250 b/d. Detrás de esos movimientos se advierte la competencia entre Calderón y Chávez. Lo malo es que la industria en México está tan plagada de problemas como la venezolana. A esta puja me refiero más adelante cuya índole, por eso mismo, es artificial y con muy poca proyección.

 

            La posibilidad del incumplimiento venezolano se hace cada vez más real, pero aún si su asistencia se mantuviera por un rato más, un pacto de naturaleza tan manipulada como éste es insostenible en el tiempo. Es razón suficiente para concluir que la fortaleza del bloque del ALBA es su debilidad. En apariencia más homogéneo que los restantes acuerdos subregionales, pero menos sostenible que éstos

 

¡Bien difícil es asar dos conejos a la vez!

 

            El temperamento del presidente Chávez es tan movedizo como lo son sus postulados y afectos ideológicos. Sus recientes alusiones a Gramsci y Trosky, dos eminentes teóricos marxistas, no son sin embargo casuales. El ilustre pensador italiano introdujo una rotunda modificación en la concepción revolucionaria de Lenin, guiada ésta por la tesis de que el proletariado asaltaría el poder burgués en forma directa, cuando las condiciones lo aconsejaran. Gramsci separó la toma política del poder, del logro previo de una hegemonía cultural en la sociedad, que la haría posible. Gramsci imaginaba que por medio de una sostenida lucha ideológica en todos los ámbitos del saber, sería posible alcanzar esa hegemonía aun cuando se mantuviera por un tiempo más el control político capitalista del Estado. Dos actos separados, que harían de la revolución no un hecho instantáneo sino un proceso prolongado, mediante el cual la sociedad civil absorbiera progresivamente las funciones del Estado.

 

            Con el respeto que merece un pensador de su talla, Gramsci nos proporciona una ilusión, fruto de su fe carbonaria en que el socialismo es el destino inexorable de la Humanidad y que su constante aplazamiento proviene de la resistencia que opone la cultura burguesa, cuyo predominio actual es el obstáculo que debe vencerse. La cuestión consiste pues en librar una lucha ideológica en todos los terrenos, incluso desentrañar el significado del sentido común, para que la bruma se despeje y el socialismo aparezca a la vista en toda su radiante verdad. Esa revolución cultural concebida para triunfar antes de la toma del poder, rompe con el orden impuesto por el marxismo leninismo clásico, para el que aquella sería la consecuencia lógica de la victoria de la revolución socialista. Confundir “la verdad” con el socialismo es un simple acto de fe y es lo que me parece que flota en las reflexiones de Gramsci. Se supone que la nueva hegemonía de la fuerza emergente revolucionaria implica una cada vez más perfecta y extendida organización de la sociedad civil, de modo que pueda “absorber” lo esencial del poder del Estado.

 

            El intelectual chileno Fernando Mires, quien en visita a Venezuela quiso observar personalmente el proceso bolivariano, asegura que Chávez asume “brillantemente” a Gramsci, pero para desnaturalizarlo (65) En su caso habría ciertamente una “absorción” pero de signo contrario a lo que, en su opinión, pensaba Gramsci. Sería la sociedad civil la fagocitada por el Estado y no al revés. Y en efecto, el socialismo bolivariano se ha caracterizado por multiplicar la burocracia, expandir la influencia militarista, centralizar el poder, restringir los espacios democráticos y consolidar un Estado autoritario que muchos ven avanzar, con sus marchas y contramarchas, hacia la dictadura. Personalmente no lo considero fatal. La sociedad civil venezolana ha tenido una enorme capacidad de resistencia y por eso la última palabra no se ha dicho. Pero es demasiado que semejante regresión quiera encubrirse bajo el pensamiento de Gramsci.

 

            Trotsky, en cambio, es citado por el presidente para apuntalar un aspecto genuino de su propia política. Se trata, en cierto modo, de una cita pertinente. La teoría de la revolución permanente, reactualizada por Trotsky y Parvus, consideraba imposible el triunfo definitivo del socialismo en Rusia de no extenderse al resto de Europa o cuando menos a sus naciones más avanzadas. Nacida en un sitio determinado, la revolución sería fatalmente estrangulada si se quedara dentro de las fronteras nacionales. El desbalance con el sistema capitalista es extremadamente desproporcionado para una revolución local, porque aquel es un sistema mundial y opera como tal cuando se discute su hegemonía planetaria.

 

El marxismo clásico sostenía que la revolución socialista era nacional por su forma e internacional por su contenido, de allí su vocación expansiva. Revolución que no traspasa las fronteras de su propio país, está destinada al fracaso. Es pues una fuerte pulsión interior la que explica el desorbitado activismo internacional del presidente Chávez. La exportación de su modelo se convierte para él en una necesidad de sobrevivencia; no es una simple y prescindible explosión de vanidad personal.

 

            La política internacional de Venezuela se afinca en la estrategia de formar ejes revolucionarios mundiales y americanos y al mismo tiempo ganar aliados para objetivos más amplios y menos profundos. Por eso, al tiempo que promueve el ALBA ha intentado ingresar en MERCOSUR y forjar lazos de colaboración con los Estados aperturistas. No le ha sido fácil desempeñarse en esos dos niveles, habida cuenta de que hay entre ellos zonas de antagonismo. Usando a fondo el poder financiero de Venezuela, el gobierno cultivó las mejores relaciones posibles con países naturalmente moderados. La lista es larga, comenzando con Brasil, Argentina, Uruguay y Paraguay,  los países antillanos, Centroamérica, República Dominicana. Pero como simultáneamente fortalecía nexos con los grupos disidentes revolucionarios de los mismos países a los que se acercaba, no pudo evitar el estallido de fuertes fricciones diplomáticas que con el tiempo le han ido destruyendo lo que con tenacidad de araña tejió.

 

            Los diplomáticos venezolanos fueron acusados oficialmente de intervenir en los asuntos internos en Chile, Perú, Ecuador, México, Bolivia, Brasil y Argentina. Con suerte y habilidad el presidente Chávez ha podido restañar heridas no sin pagar el precio de malquistar a crecientes sectores de opinión, pero una latente reticencia se ha ido propagando, a la espera de motivos para manifestarse. Algunos piensan que el gobierno venezolano está pagando por la mala calidad de sus diplomáticos, colocados allí por razones de fidelidad incondicional, sin poseer la formación profesional o la experiencia que exigen esas funciones. Pero no se trata de eso, aunque ciertamente la diplomacia venezolana de este tiempo deje profesionalmente mucho que desear. La causa eficiente de las fricciones aludidas es el difícil manejo de las dos estrategias: la del estímulo al eje revolucionario contra gobiernos con los que simultáneamente busca estructurar alianzas amplias. Es una doble contabilidad típicamente venezolana. Los diplomáticos de otros países no necesitan apoyar grupos afines en el interior de otros países porque el objeto de sus alianzas es uno solo, compartido por todos. El drama internacional de Venezuela es que quiere jugar en dos tableros que se excluyen, penosa tarea, imposible de sostener todo el tiempo.

 

            El golpe contra la libertad de expresión a propósito de la erradicación de RCTV del espectro radioeléctrico venezolano tuvo, como se sabe, una honda repercusión social y política en el país, pero sus ondas se han extendido a América y Europa. No cabe duda que la desconfianza contra las ambigüedades de la política exterior venezolana, ha acentuado la contundencia de la respuesta por parte de varios Congresos, movimientos políticos, organizaciones de defensa de los Derechos Humanos y de la casi generalidad de los medios. Y lo más importante: ha provocado una crisis en las relaciones del gobierno de Chávez con MERCOSUR, y sobre todo con Brasil. Varios candidatos de izquierda han creído prudente desmarcarse de Chávez, notoriamente el ex sacerdote Fernando Lugo, que encabeza los sondeos de opinión en Paraguay.

           

Los Estados Unidos socialistas de América Latina

 

            Hombre de retos, Chávez, quien muchas veces ha proclamado que la mejor defensa es el ataque, no se siente feliz con tanto traspié. Es posible que eso explique el redoblado esfuerzo por acelerar la puesta en escena del eje revolucionario. El retorno parcial de Fidel Castro al escenario cubano ha contribuido a su despliegue, todavía tentativo. Rechazado en MERCOSUR, poco dispuesto a retornar a la CAN, y disuelto por su voluntad el G-3, Chávez ha ido desapareciendo de las organizaciones de integración regional. Debilitado el ángulo amplio de su política exterior, sólo le queda transitar a marcha forzada el aislacionista, la alianza revolucionaria “contra todo y contra todos”. No es un repliegue total, por supuesto. Siempre se podrá volver al intercambio de sonrisas cuando sea necesario. Álvaro Uribe y Chávez mantienen relaciones inteligentes, al margen de sus enormes diferencias en casi todos los planos. No quisiera Chávez que el Plan Colombia se extendiera a Venezuela, ni Uribe que las FARC, el ELN y el Polo Democrático Alternativo      recibieran un fuerte respaldo exterior, cuando –pese a su gran popularidad y éxitos militares y políticos- está siendo duramente atacado en Colombia y EEUU por el desagradable asunto de los paramilitares, que ha arrastrado a la cárcel a diputados y personalidades del uribismo Está en veremos la posibilidad de que sea aprobado en el Senado gringo un TLC similar al que negocian Panamá y Perú

 

            El objetivo macro del eje revolucionario, aún nebuloso para los observadores externos pero probablemente en mesurado desarrollo, es la constitución de un solo Estado, del cual formarían parte los actuales socios del ALBA, lo que confirmaría el carácter no comercial de ese Pacto.  Trotsky, por cierto, propuso lo mismo en relación con el viejo mundo. Levantó la consigna de Los Estados Unidos de Europa, que ahora tienta a los presidentes Chávez y Castro, suponiendo que éste se encuentre en capacidad de imponer su voluntad al régimen cubano. Los Estados Unidos de Latinoamérica tendrían lógicamente una estructura federada o confederada. En África y Medio Oriente, Nasser (Egipto), Assad (Siria) y Kadhaffi (Libia) crearon la República Árabe Unida (RAU), de corta duración. En América, Bolívar fundó Colombia, con base en Quito (Ecuador), Nueva Granada y Venezuela, que también fracasó. Los cinco países de la original Centroamérica no pudieron sostener el sueño de la Federación de Morazán, condenándose a una empobrecedora fragmentación de la cual tratan de salir,  y Argentina pudo quedar reducida a igual condición después de la escisión de Paraguay y la República Oriental de Uruguay, si su balcanización no hubiera sido detenida a tiempo

           

El ALBA no se ha configurado ni se percibe como alianza de gobiernos, sino de pueblos. La eventual Federación Socialista seguramente tratará de no quedarse en el ámbito de los gobiernos que la integran. Y es natural que así sea. Entre gobiernos se entablan por lo general relaciones pragmáticas, de mutuo provecho, muy sometidas a las reglas y el lenguaje de la diplomacia. En esa dimensión, como se ha dicho, el ALBA no tendrá mucha vida. Pero entre “los pueblos” se puede ser más franco y desenfadado. El radicalismo de Chávez y su abierta confrontación con EEUU lo han convertido en ídolo de muchos sectores de izquierda extrema, de conglomerados excluidos y de activistas de movimientos étnicos y de la antipolítica. Estos grupos, sin embargo, le imponen al presidente venezolano su propia visión de la integración, cuyos aspectos más resaltantes son:

 

1.         el rechazo a la globalización

 

2.         la teoría de que la integración latinoamericana no puede basarse en el mezquino interés del lucro, sino únicamente en la solidaridad y la inclusión social y por eso la denegación de MERCOSUR y la CAN como modelos de integración. De ahí, precisamente, la curiosa postura chavista que ha pasado de la exaltación de MERCOSUR a su anuncio de que luchará por transformarlo para imprimirle los objetivos de inclusión. “Como es ahora, no sirve para nada”, llegó a decir.

 

3.         la hostilidad contra los TLC con EEUU y en menor medida con la UE, y el respaldo al ALBA

 

4.         El antiimperialismo, no concebido en términos de negociación, sino de lucha hasta la liquidación del sistema capitalista

 

5.         La reivindicación cultural del pasado aborigen y el rechazo al legado hispánico

 

6.                  La idea de que Latinoamérica es pluriétnica y por lo tanto el mapa político-territorial debería rehacerse sobre las fronteras de los territorios ocupados soberanamente por las comunidades indias

 

            Este programa recoge, aparte de disparatadas extravagancias, algunas reivindicaciones legítimas y perfectamente defendibles, pero las incorpora a una estrategia aislacionista, reductiva, conflictivista y en algunos casos racista. Además, desconoce la enorme importancia de la negociación norte-sur y del impacto científico-tecnológico de lo que se ha llamado la globalización. Autoexcluirse de la disputa por captar tecnología de punta y capitales de inversión, equivale a perpetuar la pobreza y castrar la cultura, precisamente cuando se pretende defenderla. La cultura no es cerrazón autocomplaciente y cultivo del pasado, sino apertura e intercambio mundial. La cuestión no es rechazar in toto la globalización, sino saber cómo hacerlo para beneficiarse de sus ventajas y minimizar sus peligros.

 

            Estas ideas e inspiraciones no han caído del cielo. Durante años, diferentes reuniones las han ido perfeccionando y proyectando. Su impacto sobre la inquieta imaginación del presidente Chávez parece haber sido demoledor. Destacan entre ellas las Cumbres Suramericanas de Naciones. En la II Cumbre, reunida en Cochabamba, (Bolivia) el discurso del mandatario venezolano (seguido de declaraciones suyas y de su canciller Maduro) fue casi un rompeaguas. Condenó de improviso a MERCOSUR, lo que en nada condecía con sus exageradas loas prodigadas cuando pedía ingresar a ese Pacto, incluso pagando el precio de retirarse de la CAN con el fin de ajustarse a sus términos, que no autorizan la pertenencia simultánea a otros mercados. Las declaraciones de Chávez fueron dura y públicamente rechazadas por el canciller uruguayo Gargano.

 

            La disputa que hemos explicado lleva en su seno otra, entre lo que Teodoro Petkoff ha llamado “las dos izquierdas” o, dicho de otra manera, las dos formas de entender el socialismo. Esa confrontación se ha agudizado y lo seguirá haciendo en el futuro. Pueden esperarse momentos de remanso y de aparente retroceso, pero la diferencia es tan honda y los caminos tan contradictorios que no parece que haya regreso. Por supuesto, es de dudar que la corriente socialista aislacionista pueda hacer realidad el sueño de un nuevo Estado con base en un grupo de países. Se trata de un objetivo francamente quimérico. En cambio es perfectamente posible que pueda conformar un movimiento político latinoamericano a su imagen y semejanza. El ALBA tiene cuatro expresiones gubernamentales,  pero su intención es extenderse vigorosamente fuera del área estatal. Que estallen, por eso, duros enfrentamientos, puede ser inevitable.

 

             El caso de los Sin Tierra en Brasil es un ejemplo inquietante. Aliados históricos del presidente Lula da Silva y componente importante de la confluencia que le aseguró su elección y reelección, proclamaron en su conferencia de junio 2007 en Brasilia, su decisión de enfrentarlo. Anunciaron que lo combatirán porque se ha convertido en jefe de “un gobierno burgués”, al tiempo que apoyaron ruidosamente a Chávez y Fidel. Que el incidente se escenificara en la patria de Lula y coincidiera con el aplazamiento de la entrada de Venezuela a MERCOSUR, es una coincidencia (66)

 

Continuará

 

NOTAS:

 

(61) Desde la aprobación del TLC, las exportaciones chilenas a EEUU se incrementaron de 2004 a 2005  en 28%. Cifra superior al crecimiento de sus exportaciones, también sustancial, a Europa y Asia. Los embarques chilenos a todo el mundo crecieron en 23%, es decir: 5% menos que el aumento de sus exportaciones a EEUU. A este país tampoco le fue mal, lo que demuestra que la calidad del TLC no es a priori buena o mala sino que depende de la firmeza, habilidad, astucia y claridad como se hagan las negociaciones.

 

(62) En la Carta Democrática Interamericana de la OEA se exige que la democracia lo sea de origen y de desempeño. A raíz de las fuertes fricciones entre el gobierno del presidente Chávez y el Parlamento y los medios de Brasil, se habla de aplazar la incorporación de Venezuela a MERCOSUR hasta que acredite su condición democrática. Obviamente están refiriéndose a la democracia de desempeño, que estaría en duda por la conducta del gobierno venezolano frente a la libertad de expresión.

 

(63) La versión de Chávez es que es EEUU el más interesado en los TLC. Olvida el fuerte proteccionismo en el Congreso y los sindicatos gringos. La potencia norteña mantiene ambiciones de dominio y seguramente tratará de redoblar su influencia, pero Latinoamérica con su propia visión  defenderá sus intereses. Por la rendija de las contradicciones del otro, es posible ganar mucho en las negociaciones. Chile y México lo demuestran. Brasil, con el acuerdo etanol con EEUU, también.

 

(64) En materia de refinerías las promesas de Chávez son delirantes. Ha ofrecido construir decenas de ellas. Están a la espera la de Paraguay y la “mega” de Ecuador. Pero me temo que, al igual que la de Nicaragua, se ralentizarán o quizá no se materialicen.

 

(65) Fernando Mires, Recuerdos de Venezuela, 15 de junio 2007. Internet

 

(66) El Movimiento de los Sin Tierra de Brasil (MST) dice contar con dos millones de afiliados. Es, en todo caso, una fuerza poderosa, con la que siempre había contado Lula. La presencia espiritual de Chávez en la asamblea de Brasilia probablemente irrite al presidente brasileño