Cubanálisis El Think-Tank

ARTÍCULO ORIGINAL PARA EL THINK-TANK DE CUBANÁLISIS

                                          Américo Martín, Venezuela

 

NACIONALIZACIÓN Y SOCIALISMO ( I )

 

            Es importante debatir sobre el socialismo. El tema se originó en el poder pero ha ido desbordando sus fronteras. Dejaré sentada mi opinión en dos artículos: el primero, referido al papel atribuido a las nacionalizaciones y el segundo, al tema del llamado socialismo del siglo XXI

 

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  La revolución -acaba de anunciar el presidente- tiene ahora un rumbo,  una de cuyas premisas es la nacionalización, viejo tema del socialismo real.

 

Pero entiéndase bien. La nacionalización, más allá de lo que se piense de ella, es un recurso de gobiernos de cualquier signo. Un acérrimo enemigo del actual dio el paso mayúsculo de aplicarla al petróleo, el antiguo emblema nacionalista desde Lázaro Cárdenas, 70 años atrás.

 

Pero la justificación de medidas como esa, se supone que resida en el pésimo estado en que se encuentre la empresa privada en cuestión y la importancia de los bienes o servicios que produzca. Se trataría de una intervención para sanear sectores significativos,  sin burócratas adiposos ni corruptos ávidos. Pero la novedad que nos ofrece el proceso bolivariano no va por ahí. Enfatiza las razones estratégicas y aún los principios revolucionarios, así se trate de empresas en excelentes condiciones, que al ser expropiadas pudieran más bien hundirse en la ineficiencia.         

 

Acabo de escribir la palabra “novedad”. ¿Lo es, en efecto? La historia lo desmiente. El socialismo real abolió casi por completo la iniciativa privada, imprudencia que lo sepultó  en el pantano. E incluso, algunos de aquellos países que aún se asumen socialistas y siguen dirigidos por partidos comunistas, como China y Vietnam, abandonaron la creencia de que para alcanzar cualquier destino final, debía nacionalizarse necesariamente la economía. China es hoy el primer país del mundo en privatización masiva. El emblemático Vietnam, tan invocado por Che Guevara, no se queda atrás.

 

            ¿Y qué nos dicen los socialistas afiliados a la II Internacional? Probablemente el régimen bolivariano no reconozca la condición revolucionaria del SPD alemán, el Labour Party inglés, el SPO austriaco, el PSOE español, el PT brasileño o el PSCH de Chile. Pero es impresionante la experiencia de esas organizaciones en el asunto in comento. Al principio, claro está, levantaron la bandera de la nacionalización, pero en fecha tan temprana como 1959, el SPD, durante la conferencia socialista de Bad Godesberg y dirigido por  Willy Brandt, hizo un envoltorio con el marxismo y el dogma de la nacionalización y lo tiró al cesto. Poco antes, los laboristas ingleses habían asumido las nacionalizaciones con fe religiosa, pero dieron marcha atrás en 1950 cuando el sistema crujió y la derrotada Alemania en la guerra mundial,  desplazó a Inglaterra en ritmo de desarrollo, volumen de empleo e ingreso per cápita. Años después, el socialista francés Francois Miterrand detuvo al borde del abismo su plan privatizador. Felipe González siguió su ejemplo en España.

 

            ¿Y qué decir de Allende, invocado con tanta frecuencia por el gobierno bolivariano? Empezó a toda marcha el programa, combinándolo por cierto con el delirio de la autogestión, pero, político experimentado y de antigua trayectoria socialdemócrata, frenó cuando apreció los efectos catastróficos de aquella ilusión. Respaldado por el ministro Orlando Millas y objetado por la poderosa extrema izquierda, intentó reprivatizar, pero ya era tarde. Lo abatió el zarpazo pinochetista,  alentado por el desastre económico de Chile.

 

            La conclusión entonces es clara. La peregrina tesis de que la quimera del socialismo deba pasar necesariamente por una etapa de estatización de la economía, ha sido reiteradamente cuestionada por la numerosa experiencia. En rigor, igual le ocurre al socialismo. En ningún caso, las nacionalizaciones mejoraron la economía ni la transformaron en un sentido socialista, como veremos la próxima semana. Pero la catástrofe fue mayor cuando se atuvieron a inspiraciones estratégicas y no a la racionalidad económica.

 

            Las nacionalizaciones que comienza a toda vela en Venezuela están marcadas por el peso de lo político. El régimen apuntó primero a los llamados sectores estratégicos de la economía, pero aún sin completarlos, el diapasón sigue creciendo en producción, transporte, almacenamiento, refrigeración y cadenas de comercialización de alimentos.

 

Con tan vasta experiencia histórica, podemos jurar que esta política fracasará. Pero en la muy dudosa hipótesis de que no fuera así, vale poner a prueba lo que espera el gobierno con eso. En mi próximo artículo, me referiré a la falsa relación causal entre el mito de la nacionalización y la utopía del socialismo, supuesta verdad apodíctica de la que se ufanan sus seguidores.

 

                                                                                                                                                                                                    (continuará)