Cubanálisis El Think-Tank

ARTÍCULO ORIGINAL PARA EL THINK-TANK DE CUBANÁLISIS

  

                                          Dr. Américo Martín, Venezuela

 

 

 

 

CUBA: ¿Quiénes son los nuevos reformistas?

 

Si la esencia de las subyacentes discrepancias ideológicas tenía relación con la política soviética de coexistencia pacífica con EEUU, las que se agitan ahora en la extraña del fidelismo aluden a la apertura y liberalización económica y a la adopción de una posición internacional menos conflictiva. Dogmáticos son los que pretenden congelar el fidelismo aun sin Fidel. Reformistas los que tienden a una superación del viejo y agotado régimen.

 

Que el problema se haya trasladado desde la simple subjetividad alusiva a las condiciones personales de Raúl, hasta esta soterrada lucha entre reformistas y dogmáticos nos da una pequeña luz, una hoja de ruta digamos, para entender no sólo el por qué del discurso del 17 de noviembre, sino el para qué, el desenlace, lo que podemos esperar de una crisis en la cumbre del totalitarismo. No estamos en la penumbra. La historia ha dictado su veredicto. En el melancólico regreso de China y Vietnam al capitalismo se prefigura el futuro de Cuba. Pero por el momento no es seguro aunque sea probable que, conforme a las tradiciones latinoamericanas y de la propia Cuba, se trate también de un retorno a la democracia.

 

La lucha es escondida. No se asume como tal ni mucho menos acepta nadie que se le acuñe el epíteto infamante de neoliberal. Pero no por eso puede desconocerse la realidad. La verdad puede apreciarse en los hechos, como querían los antiguos positivistas. Más tarde llegará la hora de las admisiones, cosa que en vida de Fidel resulta traumático y hasta peligroso. Hablando en términos objetivos, probablemente se puede visualizar que la tendencia reformista esté siendo encabezada por el ortodoxo marxista Raúl Castro y la dogmática por el ambiguo heterodoxo Fidel Castro. La muerte del marxismo es un hecho. Sus definiciones sólo sirven como lemas, ornamento o distintivos sin sustancia. Raúl podrá ser –y sentir que lo es- más comunista que Fidel. ¿Qué puede significar eso en la actualidad cubana? Apenas un barniz del pasado. En los aspectos puramente formales el militante comunista clásico era puntual, severo, disciplinado. Raúl indudablemente conserva esas cualidades, que le dan reputación de ortodoxo en el partido. Mas en la realidad viva pudiera estar sufriendo la impresionante metamorfosis brillantemente sobrellevada por Den Xiaoping y los líderes chinos del postmaoísmo. Comunista de fachada, capitalista de esencia. Definición por cierto que en aquellos no envuelve un compromiso de apertura democrática. En el epílogo de esta obra se analiza si por el contrario en el caso de los líderes cubanos la democracia podrá ser segregada de la liberación del mercado y la apertura de la economía.

 

Sincera o marrulleramente Raúl encabezó en el 2004 una campaña contra la corrupción y el liberalismo. En Cuba se admitía que la expansión del turismo, si bien principal instrumento para llevar agua al desierto de la tesorería, estaba minando la disciplina del partido, desatando la ansiedad del dinero y de la aplicación de métodos inmorales para satisfacerla. El problema tocaba muy de cerca al Ministro de las FAR porque el área del turismo ha estado bajo su responsabilidad no sólo a través de la empresa Gaviota y otras del complejo Gaesa, sino del propio ministerio del turismo, cuyo titular es un segundo yerno del hermano menor. Pero mientras más razones podía haber para que sus presuntos rivales lo atacaran, más duro y firme se mostró contra la pandemia. Anunció incluso expulsiones. No faltó quien viera en esta campaña una maniobra del ministro de las FAR para asegurarse la sucesión.

 

“Raúl fue categórico cuando dijo que la revolución se ve amenazada no sólo por EEUU sino también por la corrupción y las actitudes liberales que dan espacio para que crezca”

En sentido similar se pronunció el miembro del Buró Político José Ramón Ventura Machado, viejo socio del hermano menor desde la época heroica del mini estado guerrillero de oriente, en el que ejerció el “ministerio” de sanidad:

 

“Según una trascripción parcial de otra reunión de miembros del Partido Comunista en la provincia de Matanzas, Ventura Machado advirtió que Cuba no sólo estaba copiando la técnica de gestión capitalista, sino que también sus métodos y estilo… Machado, que se cree es la mano derecha de Raúl Castro, criticó a aquellos que se convirtieron ellos mismos en capitalistas. En la reunión de Matanzas se dijo que el liberalismo, la falta de control y la tolerancia están afectando al país entero”

 

Al explanar sus miedos, como lo hizo en el indicado discurso de noviembre del año pasado, Fidel enfatizó el peligro de una nueva perestroika cubana que se llevaría al diablo el esfuerzo de cinco décadas. Pocos días después, su fiel mensajero Felipe Pérez Roque volvió a lo mismo. Dibujaron un oscuro horizonte. ¡El capitalismo podía regresar a Cuba! Si estas insólitas reflexiones públicas hubieran sido las únicas, podrían haberse tomado como celo excesivo de un anciano preocupado de evitar la más pequeña mancha en su legado revolucionario. Pero el discurso de Pérez Roque un mes después no dejó la más mínima duda. Estaba claro para todos que el caudillo había conminado a su canciller a ratificar las preocupaciones que lo embargan. Puede decirse casi con certeza que el objetivo de la alarma de Fidel es Raúl. Su influencia en la economía a través de las FAR se había intensificado, lo que representa un problema serio. Porque parece demostrado que el hermano menor ha sido el músculo de varias medidas de liberalización, entre otras las adoptadas en 1993 tras la catástrofe soviética. El régimen revolucionario buscaba oxígeno y creyó encontrarlo por el camino de la liberación parcial de la economía. Esas medidas fueron de enorme importancia. Insinuaron claramente un viraje de perfil chino. Dos grandes decisiones lo confirman: la creación de los mercados libres campesinos y la libre circulación del dólar. Aunque el efecto de ellas fue positivo porque el agobio de la gente cedió un poco, la pupila inquieta de Fidel detectó el peligro de que el morbo del liberalismo comenzara –al igual que en China- a invadirlo todo. Entonces el caudillo estalló y de un plumazo aniquiló primero los mercados libres y después, animado por los masivos suministros sin contrapartida proporcionados por el gobierno de Chávez, hizo el anuncio triunfal de la abolición de la libre circulación del dólar.

 

El juego de avances y retrocesos, de dogmáticos versus reformistas ha continuado pero según la periodista colombiana Patricia Lee:

 

“Tras bambalinas, Raúl ya tiene en sus manos las riendas y controla los principales resortes de la economía y el poder. Su hermano Fidel posa para las fotos, pero el menor ya esta gobernando”

 

Exagera. Los controles militares de la economía sólo en parte pueden endosarse al activo de Raúl. Fidel sigue al mando. Suponer que un hombre como éste acepte quedar reducido a ser un figurón útil para posar frente a la prensa mientras su hermano gobierna, es desconocer por completo la idiosincrasia del caudillo. Es igualmente ignorar una realidad que escapa al control de Raúl y de cualquier humano normal: la caótica organización de la administración y los sectores económicos paralelos. Es un desorden calculado. Esta colocado ahí precisamente para que un solo personaje lo controle, el mismo que creó el ilegible palimpsesto cubano.

 

Raúl y las FAR

 

“Una encuesta llevada a cabo en 1998 y 1999 entre más de 1000 emigrantes cubanos llegados recientemente (A EEUU. Nota mía) reflejó que Raúl Castro era el menos respetado de los doce líderes cubanos de alto nivel que se mencionaban. Sólo el 2% de los encuestados lo citó como una figura nacional respetada, e incluso quedó un punto porcentual por debajo del general Colomé, su subordinado de confianza que actualmente encabeza el Ministerio del Interior. Esta opinión del Castro más joven está, por lo general, confirmada anecdóticamente por personas que han viajado a la isla, así como por desertores y refugiados”.

 

A pesar de los resultados de las encuestas y de todas las dudas acumuladas, el sentido común sugiere que Raúl Castro será en las primeras de cambio el sucesor lógico de Fidel, si se quiere evitar el estallido de una incontrolable transición. Obviamente, el punto de apoyo y plataforma del ambiguo sucesor no serían los votos, sino las botas. Serian las FAR, cuyo generalato en principio lo acepta como jefe natural. No es éste un respaldo puramente físico, sino también moral. Las FAR ha sido hasta ahora la institución más respetada, entre otras cosas porque el ciudadano corriente hasta hace poco tiempo la había percibido ajena a la represión directa. Esta opinión espontánea no se alejaba mucho de la realidad. Los hechos más notorios relacionados con las FAR fueron sus victorias en escenarios extranjeros, impresionantes varias de ellas, y por supuesto magnificadas por la propaganda oficial.

 

También es verdad que las FAR y las para entonces llamadas Tropas de Milicias Territoriales llevaron el peso de la guerra contra la insurgencia anticastrista que operó en seis provincias de Cuba durante más de un lustro (1960-66) Para reprimir a los osados guerrilleros anticastristas –oficialmente llamados bandidos- el régimen fidelista ordenó a las tropas no detenerse en contemplaciones. La represión fue sanguinaria, con actos que recordaban la ferocidad de la guerra a muerte decretada por Bolívar durante la lucha emancipadora. Los cadáveres de los guerrilleros se exhibían en poblaciones rurales sólo con fines de amedrentamiento. Y no fue asunto de excesos de subalternos. El gobierno promulgó la ley 988 en la que se disponía el fusilamiento in situ de los insurgentes capturados, además de confiscarles sus haberes Nada parecido ocurrió con los movimientos guerrilleros de influencia castrista surgidos contemporáneamente en Latinoamérica.

 

Sin embargo aquellas confrontaciones transcurrieron entre enemigos armados. Los perseguidores también corrían el riesgo de perder la vida, y por lo demás, esa guerra había desaparecido de la memoria de Cuba desde la década de los 70, abrumada por el silencio oficial. En cambio muchos cubanos, por orgullo de gentilicio, seguían con la emoción con que aplaudían las victorias deportivas, la fuertemente pregonada lucha de sus compatriotas en África y el Medio Oriente. En semejantes aventuras, los líderes militares cobraron un prestigio significativo. Sus nombres casi llegaron a ser populares (*). General Arnaldo Ochoa, general Abelardo Colomé Ibarra, general Patricio La Guardia, general Joaquín Quinta Solá, general Leopoldo Cintra Frías, general Álvaro López Miera, general Enrique Acevedo González, general Ramón Pardo Guerra, general Víctor Shue Colás. Otros alcanzaron sus galones en actividades diversas, como los generales Orlando Amengual Vidal, Silvano Colón Sánchez, Antonio Enrique Lussón Batlle y Demetrio Montseny (Villa), de la edad de Raúl y compañero suyo y de Vilma Espín desde la resistencia contra Batista.

 

Está fuera de debate que los ciudadanos de la calle, víctimas muchos de ellos del fidelismo, consideran que el corazón de las ejecuciones es el MININT y no las FAR. Los agentes del MININT atropellan seres humanos desarmados. Es por directivas de ese Ministerio que salen a cumplir sus misiones los CDR, los Destacamentos de Respuesta Rápida, los odiados matones de los actos de repudio. A diferencia de otras revoluciones de signo parecido, en Cuba los líderes militares prevalecieron sobre los líderes civiles y tenían más prestigio que ellos. Es cierto que el ejército rojo de la revolución bolchevique alcanzó gran popularidad en el fuertemente nacionalista pueblo ruso, desde los primeros episodios de la guerra civil contra invasores extranjeros hasta el infierno de Stalingrado en las postrimerías de la 2da Guerra Mundial. Pero en ningún momento el ejército soviético estuvo por sobre el partido y le disputó el poder. El único intento en ese sentido fue el ocurrido durante la perstroika. Gorbachov fue detenido por los militares y Yeltsin se puso al frente del pueblo moscovita con el fin de rescatarlo. La intentona golpista fracasó y se elevaron como la levadura los créditos de los nuevos líderes reformistas de condición civil.

 

En Cuba el ejército es sin discusión hegemónico frente a un Partido de fuerte fachada burocrática pero más bien escaso de poder efectivo, salvo en alguna medida las estructuras regionales y sectores especializados. Es uno de los signos de la profunda militarización de la sociedad cubana. Quien carezca de sustento en la estructura militar no tendrá ninguna posibilidad frente a Raúl. Los dirigentes civiles más notorios y estimulados por Fidel podrían ser fácilmente barridos si nos guiáramos únicamente por su poder sustantivo, pero como puntos de equilibrio o refuerzo de liderazgos reales pueden jugar un papel destacado en el postfidelismo por poco que dure la jaqueada dictadura sin su seguro timonel. Al fin y al cabo, varios de ellos han adquirido una estimable experiencia en la Administración Publica y la diplomacia. Por supuesto, para que alguno (Lage, Alarcón, Pérez Roque) pudiera atreverse a disputarle a Raúl el vacío dejado por Fidel sería sobre la base de la garantía de sólido apoyo que reciba de cualquier poderosa fracción militar. Mascarón de proa, pues.

 

 

Tomemos el caso del vicepresidente Carlos Lage. En los últimos tiempos ha recibido cada vez más responsabilidades por encargo de Fidel. ¿Significa que sea el favorito, según piensan algunos? No tiene fuerza militar ni carisma. Seria tal vez un nombre útil en un gobierno de compromiso. Porque si este personaje es la carta en la manga del caudillo –cosa difícil de creer- no tendrá posibilidades frente a Raúl, salvo que en el postfidelismo se proyectara el fenómeno de las apariencias y realidades del poder. El sucesor real –probablemente Raúl- le conferiría a un civil un cargo presidencial tan nominal como lo fueran los de Manuel Urrutia y Oswaldo Dorticós. De paso, sería esa una forma de burlar la Ley Helms-Burton, que expresamente niega cualquier flexibilización de la política estadounidense si el poder se ejerciera por alguno de los dos hermanos Castro.

 

Raúl ha cultivado buenas relaciones con muchos oficiales, y ciertamente con casi todos los arriba mencionados. Parece haberse ganado el respeto de una buena parte de ellos, si nos atenemos a las ocasionales declaraciones que estos han dado sobre el Ministro de las FAR. Transcribamos de seguidas fragmentos seleccionados de palabras vertidas acerca de Raúl, su importancia para las FAR y ciertos rasgos de su personalidad, por parte de cuatro generales altamente calificados y muy representativos del sentimiento de las esferas decisivas del ejército cubano. Nos dan una medida de la influencia real del menor de los Castro, que seria indiscutible si no supiéramos que el conocido secreto militar incluye algunas veces el secreto de las verdaderas intenciones de los oficiales con poder.

 

General de división Ramón Pardo Guerra:

 

“Raúl me impactó desde el primer momento. Es muy humano. Tiene un carácter fuerte pero justo. Es muy ético, de profundos principios. Puedes franquearte con él sin ningún temor”

 

General de división Joaquín Quinta Solá:

 

“Siempre le oí decir a Raúl que esta revolución era para los obreros y campesinos. Es muy critico con el egoísmo y tiene una relación fraternal con los combatientes”

 

General de división, Abelardo Colomé (Furry):

 

“Raúl ha desempeñado un papel muy importante en el desarrollo de las Fuerzas Armadas y en la educación y formación de sus oficiales, dando el palo cuando hay que darlo y tirando la mano cuando hay que tirarla. Raúl inspira confianza. Es un revolucionario con el que se puede discutir todo tipo de problemas. Es un hombre de paciencia, de mucho detalle, respeta profundamente a la familia y, sobre todo, busca siempre la manera de ayudar a Fidel”

 

General de División Raúl Menéndez Tomassevich (fallecido):

 

“… nació entre Raúl y yo una estrecha amistad. Considero a Raúl como parte de mi familia… Los hermanos te los impone la vida. Los amigos los escoge uno. A él lo quiero más que a un hermano” (11)

 

He tomado una muestra de generales muy significativos, con mucho poder. En vida lo tuvo Menéndez Tomassevich un verdadero emblema en el medio militar cubano. En las palabras de estos señores se repiten las mismas ideas: Raúl es accesible, se puede discutir cualquier tema con él, y además guarda una relación fraternal con los elementos de tropa y siente genuino afecto por su familia. Cierta o no, esta percepción se ha ido imponiendo. La cercanía de Raúl con la elite militar de Cuba debería convertirlo en garantía de permanencia en el mando y el privilegio, habida cuenta de que la salida de Fidel seguramente desatará una lucha por el poder de la cual todo puede esperarse. A Raúl lo tienen cerca, se han acostumbrado a plantearle problemas y a escuchar sus respuestas. Si apareciera otro en el solio presidencial una inquietante sombra cubriría el ambiente. ¿Habrá un nuevo reparto de liderazgos y subliderazgos tanto civiles como militares? Con Raúl –pensarán- ya el barajo se dio y los beneficia a ellos, los militares encumbrados.

 

Otra cosa, por supuesto, es lo que ocurre con los niveles de mando inferiores, a los que el hermano menor no llega ni puede físicamente llegar.

 

Fragmentos del libro "La sucesión de Fidel: una herida abierta"