Cubanálisis El Think-Tank

ARTÍCULO ESPECIAL EN EL THINK-TANK DE CUBANÁLISIS

2016: El año en que Cuba perdió a su líder histórico. Resumen político

 

Redacción Inter Press Service Cuba 

 

NOTA DE CUBANÁLISIS-EL THINK-TANK

La publicación de este documento para beneficio e información de los lectores no significa que Cubanálisis-El Think-Tank avale sus postulados y conclusiones, sino que nuestro sitio web se mantiene fiel al principio de publicar documentos sobre Cuba escritos con seriedad y profesionalismo aunque no se compartan las percepciones y opiniones de sus autores.

 

Cerca de la medianoche del 25 de noviembre, el presidente cubano Raúl Castro confirmó ante las cámaras de la televisión nacional la noticia del fallecimiento de su hermano y expresidente Fidel, a la edad de 90 años.

 

Las postrimerías de 2016 fueron testigo del primer funeral de Estado en la isla en más de medio siglo, debido al deceso del fundador de la Revolución cubana de 1959 y una de las figuras políticas más importantes del siglo XX.

 

Con nueve días de duelo oficial y homenajes a lo largo y ancho del país, millones de cubanos rindieron tributo al hombre que gobernó Cuba hasta 2006 y protagonizó una pulseada con una decena de administraciones estadounidenses.

 

Noviembre había iniciado con el polémico triunfo de Donald Trump en las elecciones presidenciales de Estados Unidos. Su victoria supone una gran interrogante para el futuro de las relaciones entre Washington y La Habana, después de dos años de un complicado y, para algunos, lento proceso para normalizar los nexos entre dos adversarios de la Guerra Fría.

 

Los anuncios del mandatario electo, relativos a presionar por un mejor acuerdo con el gobierno cubano bajo la amenaza de revertir el acercamiento iniciado por Barack Obama, podría suponer un regreso a épocas anteriores, marcadas por la confrontación y la falta de diálogo, si bien analistas ven poco probable este escenario.

 

Aunque el gobierno cubano sigue sin pronunciarse ante los amagos de Trump, sí ha reiterado que está dispuesto a dialogar con Washington desde el “respeto mutuo” y “sin concesiones”.

 

Las Fuerzas Armadas Revolucionarias (Ejército) desarrollaron, del 16 al 18 de noviembre, el Ejercicio Estratégico Bastión 2016, efectuado desde 1980 con una frecuencia de tres a cuatro años. Muchas personas leyeron en el contexto de estas maniobras militares un mensaje y “aviso”, al próximo inquilino de la Casa Blanca, de que el país está preparado para defenderse en cualquier escenario.

 

Si 2015 fue el año de aperturas de embajadas en las capitales de ambos países, 2016 atestiguó varias rondas de diálogo de la Comisión Binacional, la aprobación de acuerdos bilaterales y un exponencial crecimiento del número de visitantes estadounidenses a Cuba.

 

El sector turístico resultó quizás el más beneficiado con el deshielo diplomático, a lo cual ayudaron las flexibilizaciones de la administración Obama para viajes de ciudadanos estadounidenses, así como la autorización para que compañías de cruceros y aerolíneas operen en la isla.

 

Pero, sin dudas, el gran momento de este proceso fue la histórica visita de Obama a La Habana en marzo, para convertirse en el primer mandatario estadounidense en hacerlo en 88 años.

 

Casi a punto de finalizar el año, la Unión Europea derogó la denominada Posición Común que restringía las relaciones con la isla y suscribió con autoridades cubanas un importante acuerdo de diálogo y cooperación.

 

Con ello, el gobierno de Raúl Castro se anotó un nuevo triunfo diplomático y a la vez económico, teniendo en cuenta el decrecimiento del 0,9 por ciento del Producto Interno Bruto (PIB), derivado, entre otras causas, de las complejas situaciones económicas por las cuales atraviesan Venezuela y Brasil, dos de sus principales socios comerciales.

 

La normalización sigue en curso

 

Durante 2016, Cuba y Estados Unidos dialogaron sobre diferentes temas y consensuaron acuerdos sobre áreas de interés y necesaria cooperación, como la lucha contra el terrorismo, el narcotráfico, el tráfico de personas, el enfrentamiento al delito a nivel internacional, las telecomunicaciones y la salud.

 

Varias delegaciones empresariales, encabezadas por legisladores, gobernadores y funcionarios del gobierno estadounidense visitaron el país, a fin de explorar posibilidades de negocios y ampliar los nexos económicos y culturales, mientras autoridades cubanas viajaron con idénticos fines a la nación norteña.

 

Algunos funcionarios y personalidades de EE.UU. que visitaron Cuba en 2016:

 

Terry McAuliffe, gobernador del estado estadounidense de Virginia (enero).

 

Daniel Sepúlveda, subsecretario adjunto del Departamento de Estado y coordinador para la Política Internacional de las Comunicaciones y la Información (enero).

 

Delegación de legisladores integrada por los republicanos Tom Emmer (Minnesota), Paul Gozar (Arizona) y Mike Bishop (Michigan), y los demócratas Khaty Castor (Florida), John Garamendi y Alan Lowenthal (California) y Brendan Boyle (Pennsylvania) (febrero).

 

Anthony Foxx, secretario de Transporte (febrero y agosto).

 

Muriel Bowser, alcaldesa de Washington DC (febrero).

 

Delegación del Comité Presidencial para las Artes y las Humanidades (abril).

 

Stephanie Rawlings-Blake, alcaldesa de Baltimore (Maryland) y presidenta de la Conferencia de alcaldes de grandes ciudades de Estados Unidos (mayo).

 

Jeremiah W. Nixon, gobernador de Missouri (mayo).

 

María Contreras-Sweet, jefa de la Agencia de Pequeñas Empresas de Estados Unidos (junio).

 

John Bel Edwards, gobernador de Luisiana (octubre).

 

Michael Froman, representante de Comercio de Estados Unidos (octubre).

 

Jill Biden, esposa del vicepresidente Joseph Biden (octubre).

 

Sylvia Burwell, secretaria de Salud (octubre).

 

Earl Ray Tomblin, gobernador de Virginia Occidental (noviembre).

 

 

Si bien se constatan importantes avances en los nexos, muchos analistas y economistas consideran todavía muy cautos los pasos dados por ambas partes para cimentar de manera irreversible el acercamiento.

 

La parte cubana ralentiza cualquier decisión alegando que las medidas de Obama buscan el desmontaje del sistema político de orientación socialista, mediante el empoderamiento de algunos sectores de la sociedad civil, como son los nuevos dueños de negocios privados y la potenciación de las telecomunicaciones e Internet.

 

Insiste, además, en que el bloqueo económico constituye el principal obstáculo para el restablecimiento pleno de los vínculos, amenazados por posibles multas o sanciones contempladas en la legislación estadounidense en caso de negocios con Cuba.

 

La Casa Blanca sostiene, por su parte, que el presidente Obama ha usado ampliamente sus poderes ejecutivos para aflojar las cuerdas del bloqueo y que la eliminación de ese entramado de leyes depende por entero del Congreso.

 

No obstante, los efectos del acercamiento se constataron con la llegada, por primera vez, de cuatro millones de turistas al país caribeño, en lo cual influyó la ampliación de categorías de licencias para viajes a Cuba y la autorización para que ocho aerolíneas estadounidenses operen hasta 110 vuelos diarios a la isla, 20 de ellos a la capital.

 

Pero el aterrizaje en La Habana del Air Force One, el avión presidencial estadounidense, resumió como pocos el símbolo de esta relación de nuevo tipo que intentan tejer dos enconados adversarios de los últimos casi 60 años.

 

Obama, el presidente que vino con la lluvia

 

La Habana recibió con lluvias a Barack Obama, quien el 20 de marzo se convirtió en el primer mandatario estadounidense que pisó la isla en 88 años.

 

Su estancia de dos días en la capital cubana fue calificada como histórica, con la cual intentó cerrar más de medio siglo de mutuas hostilidades y desencuentros. El hecho se inscribe, para muchos, entre los puntos descollantes de su legado una vez que abandonara la Casa Blanca, el 20 de enero de 2017.

 

Acompañado de su familia, miembros de su gabinete, legisladores e importantes empresarios del país norteño, la visita suscitó numerosas opiniones y sentimientos que fueron de la esperanza y admiración a la desconfianza, las dudas o el escepticismo. Otros exteriorizaron sus dudas sobre la posibilidad de un más rápido avance de las relaciones entre ambos países en lo adelante.

 

Previo al arribo del jefe de Estado, los departamentos del Tesoro y de Comercio emitieron el 17 de marzo un nuevo paquete de medidas que modificaron la aplicación de algunos aspectos del bloqueo. La más significativa fue la autorización para el uso del dólar en las transacciones internacionales del país caribeño, lo que hasta el momento sigue sin hacerse efectivo, según el gobierno cubano.

 

Se trató del cuarto anuncio de este tipo efectuado por Washington después del 17 de diciembre de 2014, cuando los presidentes de ambos países dieron a conocer la decisión de restablecer relaciones diplomáticas.

 

Algunos funcionarios y delegaciones de Cuba que visitaron EE.UU. en 2016

 

Rodrigo Malmierca, ministro de Comercio e Inversión Extranjera (febrero).

 

Altos oficiales del Ministerio del Interior, entre ellos un coronel de la Policía, visitan instalaciones de la fuerza conjunta del Comando Sur en la base aérea y marítima de Cayo Hueso (abril).

 

Gustavo Rodríguez Rollero, ministro de Agricultura (junio).

 

Roberto Morales Ojeda, ministro de Salud Pública (junio).

 

11 emprendedores en la Cumbre Global de Emprendimiento en Stanford (junio).

 

Funcionarios del ministerio de Educación Superior (octubre).

 

Fernando González, viceministro primero de Ciencia, Tecnología y Medioambiente (diciembre).

 

Durante una conferencia de prensa el 17 de marzo, el ministro de Relaciones Exteriores, Bruno Rodríguez, reconoció la posición del presidente Obama contra el bloqueo y sus reiterados llamados al Congreso para levantarlo.

 

Pero reiteró que ese instrumento legal, decretado en 1962, sigue vigente en sus partes fundamentales y constituye el principal obstáculo para el desarrollo económico de Cuba. Durante sus primeras horas en La Habana, la familia presidencial visitó diferentes lugares del casco histórico de La Habana Vieja y fueron recibidos por el cardenal Jaime Ortega en la Catedral de la Virgen María de la Concepción Inmaculada.

 

Ortega, junto a otras personalidades de la Iglesia Católica, incluido el Papa Francisco, sirvieron de intermediarios en las negociaciones secretas para el restablecimiento de los vínculos tras 55 años de rivalidad entre Estados Unidos y Cuba.

 

Posteriormente, el presidente y su familia decidieron romper el protocolo y cenaron en el restaurante privado San Cristóbal, como espaldarazo a los negocios privados, sector abierto al calor de la apertura cubana en 2010.

 

Obama rindió homenaje al prócer José Martí en el Memorial de la Plaza que lleva su nombre; luego sostuvo conversaciones oficiales con su homólogo, Raúl Castro, en el Palacio de la Revolución. Ambos gobernantes revisaron el progreso en la normalización de los vínculos bilaterales; los diálogos de paz en Colombia, que tuvieron lugar en La Habana; las oportunidades para el intercambio comercial y el apoyo al sector privado.

 

También mostraron disposición de avanzar en los puntos comunes y continuar dialogando en aquellos en los cuales existen profundas diferencias, como los relativos a los modelos políticos, la democracia, el ejercicio de los derechos humanos, la justicia social, las relaciones internacionales, la paz y estabilidad mundial.

 

Coincidieron en que queda por delante un largo camino por recorrer, a fin de construir una relación de nuevo tipo, como la que nunca ha existido entre las dos naciones. “Tenemos que ponernos al día con medio siglo de trabajo (…) avanzar en los intereses mutuos de los dos países incluyendo y mejorando las vidas de nuestras personas, cubanos y estadounidenses, y por eso estoy aquí”, dijo Obama.

 

En la tarde del día 21, Obama intercambió experiencias y opiniones con más de 200 mujeres y hombres del sector no estatal que presentaron sus emprendimientos, obstáculos y metas de crecimiento, a fin de encontrar nuevas oportunidades comerciales que generen trabajo y oportunidades para cubanos y estadounidenses. En el foro de negocios, que tuvo lugar en un local remozado del emblemático barrio de Habana Vieja, a orillas de la bahía capitalina, Obama aseguró que ambos países pueden “sentar las bases de la confianza”.

 

En horas de la mañana del martes 22, el mandatario estadounidense se dirigió al pueblo de Cuba con un discurso radiotelevisado desde el Gran Teatro de La Habana Alicia Alonso, al cual estuvieron invitados estudiantes universitarios, artistas, representantes de organizaciones religiosas, fraternales y de la sociedad civil.

 

En sus palabras, el gobernante llamó a construir un futuro conjunto, sin dejar de recalcar las diferencias entre los dos países en materia de unipartidismo, libertad y democracia. “Vine aquí para dejar atrás los últimos vestigios de la Guerra Fría en las Américas, vine aquí extendiendo la mano de la amistad al pueblo cubano”, señaló, mientras puso énfasis en los jóvenes como constructores del futuro y los emprendimientos privados como motor de desarrollo y prosperidad, citando ejemplos de algunos emprendedores cubanos exitosos.

 

Tras un encuentro con líderes de la disidencia interna, el gobernante asistió junto con su homólogo cubano a un juego amistoso de béisbol entre equipos de ambos países en el Estadio Latinoamericano. Raúl Castro acudió a despedirlo al Aeropuerto Internacional “José Martí”, e incluso acompañó a la familia Obama hasta el pie de la escalerilla del avión, antes de partir rumbo a Argentina, próxima escala de su gira.

 

VII Congreso del PCC: sin recambio generacional

 

Del 16 al 19 de abril sesionó en la capital cubana el VII Congreso del Partido Comunista de Cuba (PCC, único). Allí se analizaron y aprobaron varios documentos considerados de importancia estratégica para el futuro del país.

 

El cónclave, el más importante del PCC cada cinco años, tuvo lugar en medio del proceso de recomposición de relaciones bilaterales con Estados Unidos y a menos de un mes de la histórica visita a La Habana del presidente Obama.

 

Como elemento fundamental, estuvo la voluntad de los cerca de mil delegados de mantener en curso el programa de transformaciones iniciadas en 2008, que continuarán implementándose “sin prisa pero sin pausa”, frase casi simbólica que reiteró una vez más Raúl Castro, el primer secretario de la organización.

 

Los asistentes revisaron y modificaron varios documentos, entre ellos los “Lineamientos de la Política Económica y Social del Partido y la Revolución”, el programa de reformas aprobado por el anterior congreso, en 2011. Se agregaron seis nuevos lineamientos.

 

Marino Murillo, vicepresidente del Consejo de Ministros, anunció que fueron aprobados seis nuevos lineamientos: uno dirigido a continuar fortaleciendo la contabilidad como herramienta oportuna para la toma de decisiones; potenciar el papel de la inversión extranjera directa en la introducción de tecnología de avanzada y parques tecnológicos, e implantar una política sobre desarrollo del cine cubano.

 

Para el sector del turismo se acordó una directiva que propone velar para que las expresiones artísticas vinculadas a la actividad turística muestren fielmente la política trazada; mientras que otra ratifica la necesidad de perfeccionar un programa de capacitación integral a todas las personas y directivos que participan en la implementación de los lineamientos.

 

El perfeccionamiento de los órganos del poder popular, como vía para consolidar la democracia socialista, es el sexto lineamiento aprobado, como parte de los 274 que guiarán la política económica y social de Cuba.

 

Como resultado del proceso de actualización de los lineamientos para el periodo 2016-2021, se establecen 274 directrices, estructuradas en 13 capítulos.

 

A la cita partidista asistieron apenas 55 jóvenes en representación de los 671.344 militantes del PCC, un descenso de la militancia al cierre de 2015 con respecto a los casi 800.000 integrantes registrados en 2011.

 

Aunque se esperaba un importante recambio generacional, la reunión concluyó con la reelección de su primer y segundo secretarios, que sobrepasan los 80 años, la ratificación de otros 10 veteranos del Buró Político y la incorporación de cinco nuevos integrantes con edades por encima de los 40 años.

 

No obstante, el propio el mandatario cubano reconoció que, “por inexorable ley de la vida este será el último congreso presidido por la generación histórica”.

 

La renovación más evidente fue en el Comité Central, formado por 142 integrantes, de los cuales más de dos tercios nacieron después de 1959. Aun así, el promedio de edad de ese órgano es de 54 años.

 

Se acordó implementar el límite de 60 años como edad máxima para ingresar al Comité Central y hasta 70 años para ocupar cargos de dirección, así como el tope de dos períodos de cinco años en estos cargos. También se propuso replicar la medida en el gobierno, para lo que volvió a anunciar el requerido referendo constitucional.

 

La agenda del VII Congreso incluyó la revisión del cumplimiento de los objetivos de la Conferencia Nacional del PCC, efectuada en enero de 2012 para tratar asuntos de carácter social y de orden interno de la organización, definida constitucionalmente como fuerza dirigente superior de la sociedad y el Estado.

 

Las y los delegados aprobaron el Proyecto de Conceptualización del Modelo Económico y Social Cubano de Desarrollo Socialista, las bases del Plan nacional de Desarrollo para 2030, el informe sobre los resultados de la implementación de los lineamientos en su primer quinquenio y su actualización para el periodo de 2016 a 2020.

 

Como acuerdo del Congreso, los dos primeros textos fueron debatidos meses después por toda la militancia del PCC, la Unión de Jóvenes Comunistas, representantes de organizaciones de masas y amplios sectores de la sociedad.

 

A inicios de enero sesionó el pleno del Comité Central del PCC, cuyos integrantes reconocieron que en cinco años solo se implementó 21 por ciento de los 313 Lineamientos y que “algunas de las medidas todavía no tienen un impacto real en la economía familiar”.

 

Por ello, en marzo el diario Granma consideró innecesario “desplegar, a mi­tad de camino, un nuevo proceso de debate a escala de toda la sociedad”. En su lugar, dijo, “lo que corresponde es terminar lo iniciado, continuar la ejecución de la voluntad popular expresada hace cinco años, y seguir avanzando por el rumbo que trazó el VI Congreso”.

 

Se facultó al pleno del Comité Central la aprobación definitiva de la conceptualización del modelo económico, incluyendo las modificaciones resultantes del proceso de consulta, así como recomendar a la Asamblea Nacional del Poder Popular (parlamento unicameral) el análisis de ese documento.

 

Cuando ello suceda, se convertirá en la nueva guía teórica de los cambios económicos, sociales y políticos que pilota el gobierno de Raúl Castro para salir de la profunda depresión en que vive este país socialista hace 25 años.

 

La conceptualización del modelo “tiene como objetivos esenciales explicar y fundamentar con claridad y rigor sus características principales, con vista a su mejor comprensión”, apuntó una de las cuatro resoluciones del Congreso.

 

La cita partidista estuvo precedida por preocupaciones sobre la escasa discusión popular de los principales documentos del VII Congreso por parte de la militancia y ciudadanos, quienes reclamaron mayor transparencia y participación en los análisis.

 

Otros activistas criticaron que el enfrentamiento a problemas sociales, como la inequidad y la discriminación sexual y de raza, debió formar parte de la agenda del congreso.

 

La isla dice adiós a Fidel Castro

 

La celebración el 13 de agosto de su cumpleaños 90 estuvo precedida de un vasto despliegue mediático. Exposiciones fotográficas, lanzamientos de libros, conciertos, mensajes de felicitación en las redes sociales, foros y documentales sobre su vida y obra integraron el programa festivo.

 

Para muchos supuso parte de una campaña para reafirmar su figura como principal valor simbólico de la Revolución, ante el proceso de transformaciones emprendidas por el presidente Raúl Castro y la visita en marzo de Barack Obama, la cual criticó.

 

Durante su intervención en la sesión de clausura del VII Congreso del PCC, el líder revolucionario se refirió a la proximidad de su nonagésimo cumpleaños, mientras apuntó, premonitoriamente, que “tal vez sea una de las últimas veces que hable en esta sala” del Palacio de Convenciones capitalino, mientras atribuyó al azar haber vivido tanto tiempo.

 

Alejado del poder y de la vida pública desde 2006, la última vez que se le vio en público fue el día de su onomástico, durante una gala homenaje en el habanero teatro Karl Marx, en compañía de su hermano Raúl y del presidente venezolano Nicolás Maduro.

 

Tras su fallecimiento en La Habana, a las 10:29 pm del 25 de noviembre, por causas sin precisar, el gobierno cubano declaró nueve días de duelo oficial y actividades de recordación en todo el país.

 

Durante dichas jornadas, la radio y la televisión, todas estatales, solo transmitieron contenidos históricos, patrióticos y escasas noticias nacionales e internacionales. Los comercios estatales y hasta los crecientes negocios privados debieron interrumpir la venta de bebidas alcohólicas.

 

Organizaciones profesionales, artísticas, sociales y religiosas compartieron su sentir por el fallecimiento y en múltiples mensajes expresaron condolencias a familiares, personas cercanas y seguidores de su ideario, al tiempo que destacaron la figura de Castro como un político que colocó a Cuba en la arena internacional y su compromiso con la lucha por la independencia y justicia social.

 

La Plaza de la Revolución, en la capital cubana, acogió los días 28 y 29 de noviembre a centenares de miles de personas que rindieron tributo al hombre que más años gobernó el país, como primer ministro desde 1959 hasta 1976, y luego como presidente del Consejo de Estado y de Ministros, cargo que ocupó hasta 2008, dos años después de entregar el mando a su hermano, Raúl Castro, electo por la Asamblea Nacional (parlamento).

 

El día 29, en horas de la noche, miles de cubanas y cubanos de todas las edades, junto a líderes de naciones de América Latina, le rindieron tributo póstumo en la colmada Plaza de la Revolución “José Martí”. Un acto similar tuvo lugar el 3 de diciembre en la Plaza de la Revolución Antonio Maceo, en la oriental ciudad de Santiago de Cuba, a unos 870 kilómetros al sureste de La Habana, donde el presidente Raúl Castro pronunció otro discurso.

 

En sus palabras, el jefe de Estado se refirió a convertir en ley la voluntad del fallecido de que “su nombre y su figura nunca fueran utilizados para denominar instituciones, plazas, parques, avenidas, calles u otros sitios públicos, ni erigir en su memoria monumentos, bustos, estatuas y otras formas similares de tributo”.

 

La propuesta legislativa fue aprobada el 27 de diciembre, durante una sesión del parlamento.

 

Por cuatro días, del 30 de noviembre al 3 de diciembre, los restos mortales recorrieron en peregrinación casi 1.000 kilómetros hasta la oriental urbe, rehaciendo en sentido contrario el recorrido que emprendiera de joven, junto a los triunfantes guerrilleros barbudos, quienes el 2 de enero de 1959 partieron de Santiago de Cuba rumbo a La Habana.

 

En la mañana del 4 de diciembre, en una ceremonia privada a la cual acudieron familiares y algunos jefes de Estado y Gobierno, la urna con las cenizas fue depositada en una piedra pulida de granito traída desde la Sierra Maestra.

 

Ubicado en el cementerio de Santa Ifigenia, muy cerca de donde reposan los restos del apóstol nacional, José Martí (1853-1895), el mausoleo incluye una pared de hormigón, con el concepto de Revolución que expresó Fidel el primero de mayo de 2000, grabado en letras doradas.

 

La diplomacia, una carta ganadora

 

Tres hechos significativos resumen los resultados de la diplomacia cubana en 2016: la abstención de Estados Unidos e Israel ante la resolución en Naciones Unidas que exige el fin del bloqueo económico, comercial y financiero de Washington; la firma del acuerdo para acabar el conflicto colombiano y la rúbrica del Acuerdo de Diálogo Político y Cooperación con la Unión Europea.

 

La resolución 70/5 de la Asamblea General de Naciones Unidas “Necesidad de poner fin al bloqueo económico, comercial y financiero impuesto por los Estados Unidos de América contra Cuba” fue avalada el 26 de octubre por 191 naciones, con las abstenciones de Estados Unidos e Israel, países que votaron en contra durante 24 años consecutivos.

 

La votación en la ONU fue precedida, como es habitual, por una intensa campaña diplomática del gobierno en el país y, a nivel internacional, con la novedad de una fuerte presencia en las redes sociales este año.

 

A través de las etiquetas #YoVotoVsBloqueo y #CubaesNuestra, los internautas publicaron imágenes, videos y textos donde manifestaron su rechazo a las medidas de persecución financiera y obstáculos al intercambio comercial entre ambos países.

 

La embajadora estadounidense ante la ONU, Samantha Power, explicó ante el plenario de la Asamblea General que la resolución contra el bloqueo “es un perfecto ejemplo de por qué la política de Estados Unidos contra Cuba no ha funcionado”.

 

Por su parte, el ministro cubano de Relaciones Exteriores, Bruno Rodríguez, valoró el voto de abstención como “un paso positivo en el futuro de mejoramiento de las relaciones entre Estados Unidos y Cuba”.

 

Sin embargo, el jefe de la diplomacia cubana acotó que “el bloqueo económico comercial y financiero persiste” y “provoca daños al pueblo cubano y obstaculiza el desarrollo económico del país”.

 

En este sentido, organizaciones de la sociedad civil solicitaron al Congreso estadounidense el levantamiento de esa política hostil hacia Cuba, toda vez que “constituye una limitación sustantiva del derecho al desarrollo del pueblo de Cuba, que genera carencias y sufrimientos a las familias cubanas, con un sensible impacto humanitario”.

 

Fin de la Posición Común

 

Finalmente, el 12 de diciembre se firmó el Acuerdo de Diálogo Político y Cooperación (PDCA) con Cuba, negociado durante casi dos años con la Unión Europea (UE).

 

La Habana y Bruselas comenzaron sus conversaciones el 29 de abril de 2014 y concluyeron tras siete rondas bilaterales de trabajo, en marzo de 2016. El proceso tuvo su mayor impulso durante 2015, en paralelo a las negociaciones entre Cuba y Estados Unidos.

 

Muchos analistas leyeron este acontecimiento como una pragmática reacción de la Unión a los cambios que operan en la nación caribeña. La UE es el segundo socio comercial de la isla, además del mayor inversor extranjero en el país y el punto de origen de un tercio de los turistas que recibe, según datos oficiales.

 

Con el incierto rumbo que podrían tomar las relaciones con Estados Unidos, una vez que Donald Trump asuma el poder, el acercamiento a la UE podría significar un soplo de aire fresco para la deteriorada economía cubana, que al cierre de 2016 confirmó su recesión al disminuir en 0,9 por ciento el PIB.

 

No obstante, la alta representante de la UE para Asuntos Exteriores y Política de Seguridad, Federica Mogherini descartó que el cambio de gobierno en Washington afecte las relaciones entre la UE y Cuba.

 

Mogherini afirmó a periodistas que Bruselas continuará expresando su “preocupación” por el impacto extraterritorial de las sanciones estadounidenses a Cuba, en interés no solo de la isla y su gente, sino también del bloque europeo.

 

Con el PDCA, ambas partes sepultaron la Posición Común promovida en 1996 por el entonces presidente del gobierno español, José María Aznar, la cual condicionó la cooperación con la UE a mejoras de los derechos humanos en la isla caribeña.

 

La Habana consideraba “injerencista” y “discriminatoria” esa política, que intentaba además “favorecer un proceso de transición hacia una democracia pluralista”.

 

Según el texto firmado, disponible en la página web de la Delegación de la UE en la capital cubana, el acuerdo tiene por objeto consolidar y reforzar las relaciones bilaterales en los ámbitos del diálogo político, la cooperación y el comercio, sobre la base del respeto mutuo, la reciprocidad, el interés común y el respeto de la soberanía.

 

El acuerdo de unas 100 páginas se divide en tres capítulos: Diálogo Político, que aborda cuestiones como gobernabilidad, derechos humanos, estabilidad y seguridad internacional y regional y armas de destrucción masiva, entre otros; Cooperación, un segmento más amplio sobre los sectores para este fin; y Economía y Comercio.

 

Se aplicará en un primer momento de manera provisional y parcial, a la espera de un proceso de ratificación por parte de la Eurocámara, así como de los parlamentos de los 28 países del bloque. El rechazo de alguno pondría fin al acuerdo.

 

Las relaciones se orientarán a respaldar el proceso de modernización de la economía y la sociedad cubanas, así como a cooperar bilateralmente y en los foros internacionales con vistas a fortalecer la democracia, los derechos humanos y la lucha contra la discriminación, y a alcanzar los objetivos de desarrollo sostenible.

 

Por lo pronto, ambas partes confirmaron la voluntad de sellar una relación a largo plazo, lo que supondrá para Cuba la posibilidad de diversificar sus nexos comerciales y económicos y mantener un mayor equilibrio en sus relaciones internacionales.

 

No obstante, el tema de los derechos humanos sigue siendo la manzana de la discordia, por lo cual se decidió abordarlo en un diálogo separado, con el objetivo de consensuar posturas. Al respecto, la Comisión de Derechos Humanos y Reconciliación Nacional aseguró que en 2016 fueron documentadas alrededor de 9.940 detenciones arbitrarias contra miembros de grupos opositores.

 

Si bien en la mayoría de los casos son liberados a las pocas horas, muchos de los apresados aseguran que este tipo de acciones preventivas han aumentado y las califican de hostigamiento permanente contra la gestión de dichos grupos.

 

Por su parte, el Gobierno los acusa de ser financiados desde Estados Unidos para promover un cambio político en Cuba.

 

Bitácora opositora

 

Algunos hechos y figuras más importantes vinculadas al sector opositor en el año que concluyó:

 

-Eduardo Cardet: Fue elegido en noviembre coordinador nacional del Movimiento Cristiano Liberación (MCL), cargo vacante desde la muerte del líder y fundador de la organización, Oswaldo Payá, el 22 de julio de 2012.

 

El 24 de marzo presentó a la Asamblea Nacional (parlamento) 10.000 nuevas firmas de apoyo al Proyecto Varela, a fin de reclamar derechos como la libertad de asociación, de prensa, elecciones libres, para crear empresas, así como la excarcelación de presos políticos.

 

El 12 de julio, el MCL entregó a la instancia legislativa la propuesta “Un cubano, un voto”, texto que propone los cambios que “deberá incluir la nueva ley electoral para que sea considerada una Ley verdaderamente democrática”.

 

Desde el 30 de noviembre se encuentra en prisión provisional en la oriental provincia de Holguín, acusado de “desacato, escándalo público, resistencia a la autoridad y lesiones”, lo cual podría acarrearle hasta tres años de cárcel.

 

-Damas de Blanco y #TodosMarchamos: Integrantes del grupo Damas de Blanco continúan desarrollando la campaña #TodosMarchamos, iniciativa que impulsa el Foro por los Derechos y Libertades (ForoDyL) -integrado por diferentes formaciones opositoras-, con el objetivo, entre otros, de defender su derecho a la manifestación pública.

 

-Centro de Información Legal Cubalex: Fuerzas de seguridad allanaron el 23 de septiembre el independiente Centro de Información Legal Cubalex, que ofrece asesoría legal gratuita, elabora informes sobre violaciones de derechos humanos para organismos internacionales y tramita la legalización de organizaciones de la sociedad civil, mientras aboga por la suya ante el Ministerio de Justicia.

 

-Manuel Cuesta Morúa: Recibió el 5 de diciembre, en Washington, el Premio a la Democracia Ion Ratio (Ion Ratiu Democracy Award) de 2016, que otorga el centro de estudios Wilson Center. El galardón reconoce su “trabajo extenso en las reformas democráticas en Cuba” y le otorga una beca de un mes en el centro para trabajar con las comunidades académicas y de formulación de políticas de la capital estadounidense.

 

-Danilo Maldonado, El Sexto: El artista grafitero fue detenido en varias ocasiones a lo largo del año por sus acciones contestatarias, que el gobierno considera contrarrevolucionarias y de alteración del orden público. Se mantiene en prisión desde que en la madrugada del 26 de noviembre, al conocer la muerte del ex presidente Fidel Castro, escribió en un muro del hotel Habana Libre la frase: “Se fue”.

 

-José Daniel Ferrer y la Unión Patriótica de Cuba (Unpacu): El coordinador nacional de Unpacu recibió por primera vez, en abril, autorización para viajar al extranjero por una sola vez. Es uno de los miembros del Grupo de los 75 que rechazó el exilio como condición para ser excarcelado tras su apresamiento en 2003.

 

-Guillermo Fariñas: Durante 54 días mantuvo una huelga de hambre y sed, la cual levantó el 12 de septiembre para exigir al presidente Raúl Castro el cese de la represión contra opositores en la isla.

 

La Habana: capital para el diálogo y la concordia

 

Tras 52 años de conflicto armado, las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia y el gobierno del presidente Juan Manuel Santos suscribieron el 23 de agosto un histórico acuerdo en la capital cubana para poner fin al conflicto.

 

 

 

Los negociadores de las dos partes y los representantes de los países acompañantes oficializaron el logro de un pacto que pone fin a uno de los conflictos más viejos del mundo y pretende “la construcción de una paz estable y duradera”.

 

La Organización de las Naciones Unidas, apoyada por la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños (Celac), tendrá el papel de verificación de los acuerdos, que incluyen 180 días para la dejación total de las armas por los miembros de las FARC, que deberán concentrarse en una serie de puntos preestablecidos durante ese periodo.

 

Además, La Habana fue sede de la VII Cumbre de la Asociación de Estados del Caribe, del 2 al 4 de junio, a la que asistieron 22 jefes de Estado y de Gobierno de las 25 naciones integrantes de esa organización, creada en 1994.

 

En tanto, los gobiernos de los países que bañan sus costas en el mar Caribe reivindicaron en La Habana su vocación de paz para enfrentar unidos los grandes desafíos de la región, que van desde adaptarse y mitigar los riesgos del cambio climático, hasta fortalecer la integración y el desarrollo sostenible.

 

La Declaración de La Habana, aprobada por consenso junto con el Plan de Acción 2016-2018, saludó y expresó su apoyo al éxito del plan de paz colombiano y al que se iniciaría con el Ejército de Liberación Nacional, “para que ambos conduzcan a alcanzar un acuerdo estable y duradero en bien del pueblo colombiano”.

 

Ratificó asimismo en su punto 9, la vigencia de la Proclama de América Latina y el Caribe como Zona de Paz, suscrita por los Jefes de Estado y de Gobierno de la región en la Segunda Cumbre de la Celac, celebrada en La Habana en enero de 2014.

 

Éxodo de cubanos con EE.UU. en el horizonte

 

El panorama migratorio en los últimos 12 meses estuvo matizado por la persistente salida de miles de cubanos, sobre todo hacia Estados Unidos, como consecuencia del acercamiento entre Washington y La Habana.

 

Décadas de enfrentamiento político convirtieron a los residentes en la isla en merecedores de un exclusivo privilegio: la posibilidad de optar por la residencia en la nación norteña al año y un día de su llegada.

 

Muchos temieron que el avance de las relaciones entre los gobiernos de Raúl Castro y Barack Obama eliminara estas ventajas migratorias, como finalmente ocurrió el 12 de enero de 2017.

 

Especialistas indican que esa causa, junto al esquivo despegue económico de Cuba, favorecieron que la emigración cubana hacia Estados Unidos se quintuplicara en los últimos cinco años.

 

Cifras migratorias

 

Según la Oficina de Operaciones en el Terreno del Servicio de Aduanas y Protección de Fronteras, en el año fiscal 2016 (del 1 de octubre de 2015 al 30 de septiembre de 2016) ingresaron a Estados Unidos más de 50.000 cubanos.

 

La cifra significa 18 por ciento de aumento comparando con el año fiscal 2015, cuando se contabilizaron 43.159.

 

Los números indican que 80 por ciento ingresó por México, acogiéndose a la política de pies secos y pies mojados, por los puntos fronterizos de Laredo, El Paso y San Diego.

 

Los cubanos que utilizaron el mar como vía de salida fueron 7.358, un 65 por ciento más que en 2015, cuando se reportaron 4.473 balseros.

 

Durante el año fiscal 2014, previo al anuncio del restablecimiento de relaciones diplomáticas, se reportó el arribó a tierras estadounidense de 24.278 cubanos.

 

Durante las rondas de diálogo respecto al tema, la parte cubana expresó preocupación por el trato migratorio preferencial a sus ciudadanos, por considerarlo un estímulo a la emigración irregular y el tráfico de personas.

 

Las autoridades criticaron, asimismo, la persistencia de la política de “pies secos/pies mojados”, dictada en 1996 por el presidente William Clinton (1993-2001); la Ley de Ajuste Cubano (1966) y el Programa de Parole para Profesionales Médicos Cubanos, que comenzó en 2006 bajo el gobierno del presidente George W. Bush (2001-2009) y facilita emigrar a galenos mientras trabajan en misiones en el extranjero.

 

Dichas demandas volvieron a emerger durante el II encuentro técnico sobre enfrentamiento al tráfico ilícito de emigrantes y el fraude migratorio, con el objetivo de incrementar la cooperación bilateral en esta área.

 

La singular crisis migratoria iniciada en noviembre de 2015 tuvo repercusiones a nivel regional, teniendo en cuenta que los cubanos escogieron países de Sur y Centroamérica en su ruta hacia Estados Unidos.

 

Ello derivó en reacciones diversas por parte de las autoridades de esas naciones para frenar los corredores generados por los emigrantes y frenar el tráfico de personas.

 

Gobiernos como Nicaragua decidieron cerrar sus fronteras, mientras Ecuador optó por la deportación de 121 cubanos que permanecían en ese país en un limbo migratorio, hecho que generó no pocas reacciones y críticas.

 

A finales de agosto, los cancilleres de Colombia, Costa Rica, Ecuador, El Salvador, Guatemala, México, Nicaragua, Panamá y Perú enviaron una carta al secretario de Estado estadounidense, John Kerry, en la cual pidieron revisar su política hacia Cuba, atajar la crisis de emigrantes en el continente y suspender los privilegios hacia los cubanos.

 

Al respecto, el diario estadounidense The New York Times calificó de “anacrónica” e “irracional” la política migratoria de Washington hacia Cuba, mientras criticó el rechazo del gobierno de Barack Obama a modificarla.

 

La migración ilegal de ciudadanos de la isla “ha engendrado operaciones de tráfico humano a través de América Central y del Sur, por lo que esos países han tenido que proporcionarle refugio, a menudo durante varios meses, a los miles de cubanos que quedan varados en el camino”, opinó el rotativo en un editorial el 2 de septiembre.

 

En Estados Unidos, nuevas voces exhortaron a modificar las facilidades diplomáticas de las cuales gozaban los cubanos.

 

Los congresistas por Texas, el republicano Blake Farenthold y el demócrata Henry Cuéllar, presentaron en marzo un proyecto de ley para anular este trato preferencial, mientras que, en enero, el senador republicano Marco Rubio presentó un proyecto de ley para modificar la Ley de Ajuste Cubano, con el objetivo de que solo los cubanos perseguidos políticamente obtuvieran sus beneficios.

 

Asimismo, el entonces candidato presidencial Donald Trump consideró injusto que Estados Unidos diera preferencias a los migrantes cubanos a partir de la legislación promulgada en 1966.

 

En medio de este panorama, el gobierno cubano continuó la actualización de su política migratoria, al anunciar el 22 de abril que cualquier persona de nacionalidad cubana podría enrolarse como pasajero y tripulante en cruceros y buques mercantes para entrar y salir de Cuba.

 

Durante décadas, la negativa oficial a que los cubanos salieran o entraran por mar, o incluso abordaran embarcaciones para paseos en aguas nacionales, fue objeto de duras críticas y suponía un obstáculo para viajeros de origen cubanoamericano, quienes visitan el país solo mediante vía aérea.

 

Al anunciar la medida, el diario oficial Granma aclaró que para enrolarse co­mo tripulantes en las embarcaciones, los interesados deben hacerlo a través de las instituciones empleadoras.

 

Preparando la sucesión anunciada

 

Cuba entra a 2017 con un complejo panorama, marcado por el inicio de la presidencia de Donald Trump en Estados Unidos y una economía en recesión que recibe los efectos negativos de las crisis o ralentización en países como Venezuela, Brasil y China, principales socios comerciales.

 

Muchos son cautos y prefieren esperar los primeros pasos de la nueva administración estadounidense para ver si, efectivamente, Trump cumple sus promesas de revertir gran parte del acercamiento incentivado por Obama.

 

Ello supondría para La Habana retos adicionales en el proceso de transformaciones iniciado en 2010, conocido como actualización del modelo económico, y que requiere un mayor dinamismo y un grueso monto de inversiones, a fin de cumplir con los propósitos gubernamentales de construir un socialismo próspero y sostenible.

 

Mientras, Raúl Castro se alista para su último año de gestión. Varias veces ha reiterado que entregará los cargos de presidente de los Consejos de Estado y de Ministros, tras cumplir en 2018 el segundo mandato para el que fue reelecto en febrero de 2013.

 

Un fuerte “candidato” a suceder a Castro es Miguel Díaz-Canel, actual primer vicepresidente del Consejo de Estado, a quien el mandatario ha elogiado por su tenacidad y sistematicidad en el trabajo, espíritu autocrítico, su constante vinculación con el pueblo y alto sentido del trabajo colectivo.

 

Su actual cargo le confiere la responsabilidad de sustituir en sus funciones al presidente del Consejo de Estado, en caso de ausencia, enfermedad o muerte de este. Según Castro, es una manera de preservar, sin interrupciones de ningún tipo, la continuidad y estabilidad de la nación.

 

Si bien el próximo mandatario de Cuba no dispondrá del liderazgo carismático de Fidel y Raúl Castro, deberá hallar nuevas formas de articular la nación bajo un nuevo pacto social que preserve los mejores logros del periodo revolucionario, encauce el empoderamiento de la ciudadanía y garantice el desarrollo integral del país.