Cubanálisis El Think-Tank

ARTÍCULO ESPECIAL EN EL THINK-TANK DE CUBANÁLISIS

Nota de Cubanálisis-El think-tank 

 

Cubanálisis se honra dando la bienvenida en sus páginas a Eduardo Martínez Rodríguez (E-maro), quien se define a sí mismo diciendo "como parte de mi currículo les puedo decir que cuento con una Licenciatura en Historia Universal por la Universidad de la Habana, hablo varios idiomas, en especial el inglés con el cual trabajé casi veinte años como guía de turistas y traductor. Tengo 21 premios literarios de poca monta y escribo desde la década del ochenta, pero hoy las editoriales nacionales no desean escuchar de mí por razones obvias. Paso de los sesenta y dos años de edad pero con excelente salud". Hoy presentamos sus tres primeros capítulos, con el compromiso de publicaremos más.

Bienvenido al Think-Tank de Cubanálisis, E-maro. 

 

100 Clases Magistrales para vivir en La Habana ( i )

 

Eduardo Martínez Rodríguez (E-maro)

Este libro es para lectores con deseos de entretenerse. Es como creemos que es el cubano.

Casi todas estas clases han sido publicadas digitalmente durante varios años consecutivos por las revistas Primavera Digital de Cuba y Cubanet, entre otras, ambas confeccionadas por periodistas independientes cubanos, pero basadas en servidores fuera de la isla para su protección.

Sinopsis: En este libro le ofrezco al lector curioso una variedad de supuestas clases universitarias, tal como si el oyente estuviese sentado en un pupitre dentro de un aula enorme y con buena acústica al estilo antiguo de inicios del siglo 20, como sucede en la Colina Universitaria en La Habana. En todas estas clases se trata sobre cómo sobrevive el cubano dentro de esta isla durante la etapa final del controversial gobierno de los Hermanos Castro. Fue (aunque cuando las escribo aún son) una etapa muy difícil para el nativo de a pie, sin recursos, pasando hambre y sin ninguna posibilidad de protestar. Somos tan originales que nos inventamos dentro de la isla los resultados de una guerra sin haber disparado un tiro, sin tener guerrillas ni terroristas armados. Los cráteres van por dentro.

Para un lector de un futuro medio muchas de estas historias y comentarios le servirán para entender qué pasó en la realidad. Esto es material historiográfico de primera fuente.

Estos trabajos han sido escritos en algún momento entre el dos mil ocho y el diecisiete cuando comienza el segundo tomo.

 

Clase 1. ¿Cómo vive el cubano dentro de su isla? Análisis según su vivienda.

Para algún extranjero  quien pretenda explicarse cómo vive el cubano dentro de su isla, cuál es la realidad real  donde malexistimos muchos y sobrevivimos algunos, va esta  clase.

En primer lugar por costumbre  inteligente muchos interesados buscan en los medios informativos de cada nación, pues se supone que sean quienes más conocen de sus cosas, lo que desean para hacerse una idea sobre todas las circunstancias y características de la sociedad a donde tal vez pretendamos ir o al menos conocer. 

En Cuba existe una característica que lo marca todo. Los medios informativos dentro de la isla son de exclusiva propiedad del gobierno y presentan una imagen elaborada de nuestra sociedad donde todo parece estar bien. Donde en los noticiarios rara vez se informa sobre algo mal que sea atañible al sistema sociopolítico o algún error de los infalibles políticos. Donde toda la población vive feliz y aceptativa de su situación.

Entonces, el investigador más sagaz, extrañado ante el rampante chovinismo y la evidente politización de las informaciones, buscará los medios alternativos o de la oposición, pero no encontrará ninguno dentro de la isla. ¿Qué raro? Los encontrará fuera de la geografía oficial controlada por el gobierno. Numerosas publicaciones de todo tipo alejadas al control gubernativo le informarán al neófito y se asustará al constatar la cantidad de problemas que según estos medios existen. ¿No estarán exagerando estos muchachos?

Entonces, si el entusiasta con el socialismo, o el amante del Caribe y sus excelentes playas y mulatas (según los brochures), y hasta el escéptico de derechas puede, se pagará un viaje a esta isla maravillosa para comprobar por su cuenta dónde está la verdad.

Muy probablemente llegue a la isla por avión, peor por barco, y comience a notar de inmediato la intensa propaganda política visual que le reafirma que aquí todos somos felices. Que tenemos un sistema educativo muy especial y completo, un sistema de salud increíble donde hay tantos galenos que los exportamos, que no hay armas en la calle, ni tanto crimen, que no se ve a tanta policía superarmada y esta se comporta amable y educada cuando interactúa con los turistas y los residentes. Que los viejecitos se ven en los parques y explanadas haciendo ejercicios para conservar su buen físico o simplemente tomando el sol, su cotidianidad segura; que los niños y jóvenes están todos uniformados y en sus escuelas; que los mulatos, los negros y los blancos en las calles, en ese orden, regalan a las visitantes bellos y atractivos piropos llenos de proposiciones interesantes, a los visitantes también. Que en los hoteles hay de todo y  el personal está muy bien entrenado, es muy servicial y amable. Se montará en algún ómnibus climatizado y un guía bien documentado y amable le mostrará La Habana, o la ciudad que guste. Se retornará al aeropuerto y se irá convencido de que esta isla es su nuevo lugar favorito donde vivir cuando se retire.

Algunos, muy pocos, desecharán los viajes enlatados, las propuestas elegantes y cómodas de por ejemplo, ver a nuestra campiña desde detrás de los cristales entintados de un transporte bien refrigerado, se irá a pie. Se saldrá de lo que dicen las guías turísticas. Entonces, si no lo asaltan y le roban a la fuerza su dinero y los documentos, o lo matan, o no lo detiene la Seguridad del Estado por sospechoso de espía, conocerá la verdad, la realidad cotidiana de cada uno de los nacionales.

Pero tampoco será todo el mundo quien se lo diga. Tiene  usted que demostrar que no es algún agente encubierto del gobierno, o un policía de civil, o algún chivato provocando para sacarle información, algo de eso. Busque usted a alguna persona que no trabaje para las autoridades, que no sea cuentapropista del turismo o demasiado pendejo. Entonces escuchará usted las cosas que no ha querido escuchar. Probablemente mucho más de lo que ha sospechado, y se pondrá triste.

Triste porque la Cuba de hoy está tan llena de contradicciones que se podrían resolver  con tan solo algunas soluciones sencillas como, digamos, cambiando de gobierno. Está tan llena de miserias humanas por el gran estrés de la población para subsistir, está tan repleta de basuras, de hambre, de ineficiencias dolosas, de hipocresía crónica…

Comprobará que dentro de Cuba, a pesar de la propaganda, existen varias clases de cubanos. Clases sociales antagónicas peor que en el capitalismo porque la superior tiene todo el poder y acalla, aplasta a las demás debajo cuando debíamos ser todos iguales. Hoy nos centraremos en sus lugares de residencia.

Clase de nuevos ricos.

(De después del 59). Antes de esta fecha los adinerados y poderosos no se ocultaban para serlo ni pretendían que los de abajo creyeran otra cosa.

Irá el visitante (muy hipotética e improbablemente) a una  residencia en los barrios elegantes y caros de antaño (Siboney, Atabey, Cubanacán, Nuevo Vedado, Kholy) donde residen los políticos y altos militares, barrios muy custodiados por muy diversos recursos humanos y electrónicos, y verá a una vivienda que se toma media manzana, un alto muro o cerca a su alrededor con imposibilidad de ver hacia adentro. Y si es invitado e ingresa notará lo bien cuidado del lugar, notará varios empleados domésticos laborando; lo bien abastecido de la despensa, la exagerada amplitud por ocupante, los excelentes medios electrónicos, incluyendo un televisor de pantalla plana de cincuenta pulgadas encendido con disponibilidad de varios canales extranjeros por cable, incluyendo la CNN. Probablemente se vean varias computadoras de mesa en los cuartos, alguna laptop tirada sobre el sofá. Tendrán anexo a la vivienda un garaje para tres autos, generalmente Audis, Mercedes, BMW o VW. Le dirán que Cuba es lo mejor del mundo y que hay que respetar su autonomía, idiosincrasia y sistema de gobierno, etc.

Para esta clase de nuevos ricos socialistas no importa realmente el dinero, aunque lo poseen, sino el poder, las relaciones e influencias. Este grupo no tiene necesidad de violentar ninguna ley o reglamento, al menos visiblemente. Estas personas nunca visitan los supermercados o tiendas públicas. Tienen sus exclusivas, incluyendo clínicas de salud.

Clase media alta.

Visitará, menos dificultosamente, a un apartamento en Miramar, aún con mucho espacio por  ocupante, buenos recursos, tal vez alquile a turistas, incluso puede que tengan un televisor de cincuenta pulgadas, pero ya no tendrá canales por cable por pago, ni antena satelital. Generalmente, descubrirá usted después, en la medida que haga amistad con estas personas, a pesar de que puedan ser adeptos al sistema y/o funcionarios gubernamentales, rentan o pagan a algún otro vecino por la instalación de un cable clandestino para poder ver alguna señal de emisoras generalmente norteamericanas de habla hispana. Eso es alto pecado en esta nación y si son descubiertos recibirán elevadas multas por parte de los cuerpos policiacos, así como el retiro del cable y de las antenas al propietario. Nadie puede ver televisión fuera de los canales oficiales dentro de esta isla, aunque pague por el servicio o desee hacerlo. Bueno, nadie, excepto los de la clase alta descritos arriba. Verá aquí, en esta clase media alta, una buena computadora tal vez con Internet conectada. El propietario de la vivienda llegará en su coche Lada, o Geely ahora, en muy buen estado y lo dejará en el exclusivo y custodiado estacionamiento del sótano. Estas dos viviendas anteriores siempre tendrán aire acondicionado central. Casi todos estos habitantes hasta aquí son hoscos, arrogantes, y tienden a familiarizarse o expresarse poco con los demás fuera de su círculo íntimo, aunque se muestran muy educados y amables llegado el caso. Tienen sus mercados casi exclusivos como el Palco o Miramar Trade Center, etc. Son decididamente socialistas o Revolucionarios.

Clase media baja.

Le será más asequible llegar a una casona de Centro Habana, de Diez de Octubre o La Habana Vieja en buen estado constructivo e ingresar a un domicilio de gente muy amable, generalmente con algún negocio privado como renta de habitaciones a turistas (no a cubanos) o alguna cafetería o paladar (restaurante) elegante. Verá un televisor de pantalla plana de veinte o treinta pulgadas. Se notará un confort medio. Puede que tengan el cable (antena ilegal) pero serán muy cautos con esto apagando el equipo cuando arriban extraños. Puede que sean músicos conocidos, artistas de renombre, artesanos diestros, literatos exitosos, o bandidos de media monta, (los de cuello blanco pertenecen a las clases superiores). Estos asisten a los mismos mercados de suministros o servicios que todos los demás de abajo, pero cuentan con mayores ingresos por lo que son mejor atendidos. Asistirán a los mismos hospitales y policlínicos que los de abajo, pero como pueden dejar mayores propinas, no sufrirán las largas esperas por las ausencias de médicos, otro personal imprescindible, o los graves desabastecimientos de medicamentos que no conocen los de arriba. Estas personas se callan cuidadosamente sus opiniones políticas. Temen perder lo poco que tienen o han conseguido con tanto esfuerzo.

La Clase baja.

A las viviendas de estas personas usted puede ingresar muy fácilmente si son invitados. Son siempre extremadamente amables y si tienen televisor es alguno de antigua pantalla gorda. Todas las puertas se mantienen abiertas. No hay antenas ni cables. Los muebles son viejos y puede que sucios. Si ven computadora será un P3 o algo parecido ya cacharreado. Todos los muchachos tendrán IPhone viejos con juegos o música escandalosa incorporados. Generalmente visten y se pelan a la usanza de los raperos norteamericanos, no importa la raza. Tendrán siempre escasos abastecimientos materiales (agradecerán que usted les regale veinte Cuc con lo cual irán directa e inmediatamente al mercado más cercano) y muchísimas dificultades con el transporte, el sistema de salud muy ineficiente, con la inamistosa y ruda policía e inspectores, etc. Sus casas no tienen garaje, o si tienen auto será un cacharrón antediluviano reconstruido estilo tanque de guerra, diseñado para cargar numerosos pasajeros por las destrozadas calles de las urbes locales. El garaje será externo y hecho con planchas de acero oxidadas u otros materiales de desecho. Estos son los obreros o trabajadores de todo tipo quienes sobreviven con un minúsculo salario e inventando algo que les aporta más de efectivo para sobrevivir. La inmensa mayoría no se ocultan para expresar su descontento con el Estado y el gobierno en diversas gradaciones de acuerdo a su información e inteligencia incorporada. Algunos viejos comunistas serán reticentes en criticar al sistema aunque la estén pasando visiblemente muy mal. Eso les inculcaron.

La Clase ultrabaja.

Esta reside en los numerosos tugurios suburbanos o en las zonas donde también se encuentran tugurios urbanos muy céntricos, incluyendo el Vedado, antiguo centro de la ciudad (hoy no existe un centro definido). Esto es la zona sur no reconstruida de La Habana Vieja, gran parte de Centro Habana muy deteriorada, el Cerro, La Lisa, y otra grandísima parte de las urbanizaciones actuales. No es recomendable a los no residentes y ni desconocedores de estos lugares la visite. Nunca son bienvenidos y si lo son no saldrán del lugar. Aquí residen los desempleados crónicos, los traficantes de drogas y de todo tipo de cosas, algunos obreros manuales. La policía y otras autoridades incursionan poco por estos lares. Las viviendas son generalmente covachas malolientes, muchas veces carentes de agua potable, o mansiones de muy mal gusto edificadas sin plan ni diseño previo, enrejadas estilo fuertes o prisiones para evitar robos. Quienes pueden dedicar algo de pensamiento a la política se manifiestan agresivamente contra el sistema. Muchos son ilegales en la capital y residen en llega-y-pon y viviendas muy aisladas, ocultas e ilegales, confeccionadas con cualquier material o cosa en lugares generalmente insalubres.

Desgraciadamente ese es el noventa por ciento de la población urbana cubana.

La Clase rural se inserta en estas dos últimas clasificaciones, pero con potencialmente algo de poderío económico al producir la primera demanda de la población. Generalmente residen en viviendas insalubres y gozan de escasa cultura proporcional a la media cubana. No poseen artificios electrónicos destacables, mucho menos computadoras y acceso a Internet. Su información internacional es muy escasa y tienden a creer en la propaganda sistémica oficial.

Por hoy creo que basta. Nos vemos en la próxima clase sobre Cuba. 

 

Clase 2. ¿Cómo somos los cubanos?

Para continuar les voy a presentar un par de páginas con extractos del libro del señor José Ingenieros que en muchas formas nos ilustra el cómo y el porqué de este pueblo y esta revolución de los Hermanos Castro aceptando y acatando un sistema social, el cual al inicio gozó de mucha legitimidad gracias a trabajar recogiendo y manipulando el sentir nacional y prometiendo resolver todos los problemas sociales y acercar los sueños de la población más y menos humilde. Ya después de la segunda década de su existencia comenzaba a notarse que los resultados de los esfuerzos distaban mucho de la realidad y de las promesas iniciales. Los políticos y sus medios de prensa comenzaron a ocultar lo deficiente y malo para engrandecer lo disminuyente bueno. Ya para los noventa pocos realmente creíamos que nuestro ensayo social iba a mejorar en algo la existencia de todos mientras solamente lo lograba con algunos encumbrados. El resto solo compartimos miseria.

Tal vez no le agrade lo que hace muchos años este señor expresó, pero despójese de chovinismo y observe a su alrededor. De todas formas no lo escribió por nosotros, pero me resulta que el sayo nos puede servir y mucho. Escoja usted para vestirnos el que le guste, pero lea estos conceptos con calma. El texto completo es denso y difícil, pero usted puede buscárselo. En Cuba, por lo menos desde 1959, nunca se ha publicado.

Ideas de José Ingenieros en El hombre Mediocre. (Todas son extractos de este libro).

“Las existencias vegetativas no tienen biografía: en la historia de su sociedad sólo vive el que deja rastros en las cosas o en los espíritus. La vida vale por el uso que de ella hacemos, por las obras que realizamos. No ha vivido más el que cuenta más años, sino el que ha sentido mejor un ideal; las canas denuncian la vejez, pero no dicen cuánta juventud la precedió.

Las costumbres y las leyes pueden establecer derechos y deberes comunes a todos los hombres; pero éstos serán siempre tan desiguales como las olas que erizan la superficie de un océano.

Otro fue el parecer del poeta Horacio: (aurea mediocritas) poniendo en la tranquilidad y en la independencia el mayor bienestar del hombre, enalteció los goces de un vivir sencillo que dista por igual de la opulencia y la miseria, llamando áurea a esa mediocridad material. En cierto sentido epicúreo, su sentencia es verdadera y confirma el remoto proverbio árabe: "Un mediano bienestar tranquilo es preferible a la opulencia llena de preocupaciones".

¿Quién no se atribuye alguna virtud, cierto talento o un firme carácter? Muchos cerebros torpes se envanecen de su testarudez, confundiendo la parálisis con la firmeza, que es don de pocos elegidos; los bribones se jactan de su bigardía y desvergüenza, equivocándolas con el ingenio; los serviles y los parapoco pavonéanse de honestas, como si la incapacidad del mal pudiera en caso alguno confundirse con la virtud.

Si hubiera de tenerse en cuenta la buena opinión que todos los hombres tienen de sí mismos, sería imposible discurrir de los que se caracterizan por la ausencia de personalidad. Todos creen tener una; y muy suya. Ninguno advierte que la sociedad le ha sometido a esa operación aritmética que consiste en reducir muchas cantidades a un denominador común: la mediocridad.

Tal resulta en la magnífica silueta de Hello, traspapelado prosista católico que nos enseñó a admirar Rubén Darío. Distingue al mediocre del imbécil; éste ocupa un extremo del mundo y el genio ocupa el otro; el mediocre está en el centro. ¿Será, entonces, lo que en filosofía, en política o en literatura, se llama un ecléctico, un justo medio? De ninguna manera, contesta. El que es justo-medio lo sabe, tiene la intención de serlo; el hombre mediocre es justo-medio sin sospecharlo. Lo es por naturaleza, no por opinión; por carácter, no por accidente. En todo minuto de su vida, y en cualquier estado de ánimo, será siempre mediocre. Su rasgo característico, absolutamente inequívoco, es su deferencia por la opinión de los demás. No habla nunca; repite siempre.

Juzga a los hombres como los oye juzgar. Reverenciará a su más cruel adversario, si éste se encumbra; desdeñará a su mejor amigo si nadie lo elogia. Su criterio carece de iniciativas. Sus admiraciones son prudentes. Sus entusiasmos son oficiales.

El mediocre aspira a confundirse en los que le rodean; el original tiende a diferenciarse de ellos. Mientras el uno se concreta a pensar con la cabeza de la sociedad, el otro aspira a pensar con la propia. En ello estriba la desconfianza que suele rodear a los caracteres originales: nada parece tan peligroso como un hombre que aspira a pensar con su cabeza.

El hombre mediocre es una sombra proyectada por la sociedad; es por esencia imitativo y está perfectamente adaptado para vivir en rebaño, reflejando las rutinas, prejuicios y dogmatismos reconocidamente útiles para la domesticidad. Así como el inferior hereda el "alma de la especie", el mediocre adquiere el "alma de la sociedad". Su característica es imitar a cuantos le rodean: pensar con cabeza ajena y ser incapaz de formarse ideales propios.

(Sin embargo) los distintos elementos sociales se sirven mutuamente de sostén; en vez de mirarse como enemigos debieran considerarse cooperadores de una obra única, pero complicada. Si en el mundo no hubiera más que rebeldes, no podría marchar; tornárase imposible la rebeldía si faltara contra quien rebelarse. Y, sin los innovadores, ¿quién empujaría el carro de la vida sobre el que van aquéllos tan satisfechos? En vez de combatirse, ambas partes debieran entender que ninguna tendría motivo de existir como la otra no existiese. El conservador sagaz puede bendecir al revolucionario, tanto como éste a él. He aquí una nueva base para la tolerancia: cada hombre necesita de su enemigo.

La psicología de los hombres mediocres caracterízase por un riesgo común: la incapacidad de concebir una perfección, de formarse un ideal.

Son rutinarios, honestos y mansos; piensan con la cabeza de los demás, comparten la ajena hipocresía moral y ajustan su carácter a las domesticidades convencionales.

Están fuera de su órbita el ingenio, la virtud y la dignidad, privilegios de los caracteres excelentes; sufren de ellos y los desdeñan. Son ciegos para las auroras; ignoran la quimera del artista, el ensueño del sabio y la pasión del apóstol. Condenados a vegetar, no sospechan que existe el infinito más allá de sus horizontes.

El horror de lo desconocido los ata a mil prejuicios, tornándolos timoratos e indecisos: nada aguijonea su curiosidad; carecen de iniciativa y miran siempre al pasado, como si tuvieran los ojos en la nuca.

Son incapaces de virtud; no la conciben o les exige demasiado esfuerzo. Ningún afán de santidad alborota la sangre en su corazón; a veces no delinquen por cobardía ante el remordimiento.

No vibran a las tensiones más altas de la energía; son fríos, aunque ignoren la serenidad; apáticos sin ser previsores; acomodaticios siempre, nunca equilibrados. No saben estremecerse de escalofrío bajo una tierna caricia, ni abalanzarse de indignación ante una ofensa.

No viven su vida para sí mismos, sino para el fantasma que proyectan en la opinión de sus similares. Carecen de línea; su personalidad se borra como un trazo de carbón bajo el esfumino, hasta desaparecer.

Trocan su honor por una prebenda y echan llave a su dignidad por evitarse un peligro; renunciarían a vivir antes que gritar la verdad frente al error de muchos. Su cerebro y su corazón están entorpecidos por igual, como los polos de un imán gastado.

Cuando se arrebañan son peligrosos. La fuerza del número suple a la febledad individual: acomúnanse por millares para oprimir a cuantos desdeñan encadenar su mente con los eslabones de la rutina.

Substraídos a la curiosidad del sabio por la coraza de su insignificancia, fortifícanse en la cohesión del total; por eso la mediocridad es moralmente peligrosa y su conjunto es nocivo en ciertos momentos de la historia: cuando reina el clima de la mediocridad.

Épocas hay en que el equilibrio social se rompe en su favor. El ambiente tórnase refractario a todo afán de perfección; los ideales se agostan y la dignidad se ausenta; los hombres acomodaticios tienen su primavera florida. Los estados conviértense en mediocracias; la falta de aspiraciones que mantengan alto el nivel de moral y de cultura, ahonda la ciénaga constantemente.

Aunque aislados no merezcan atención, en conjunto constituyen un régimen, representan un sistema especial de intereses inconmovibles. Subvierten la tabla de los valores morales, falseando nombres, desvirtuando conceptos: pensar es un desvarío, la dignidad es irreverencia, es lirismo la justicia, la sinceridad es tontera, la admiración una imprudencia, la pasión ingenuidad, la virtud una estupidez.

 

La vulgaridad es el renunciamiento al pudor de lo innoble.

La mediocridad es el complejo velamen de las sociedades, las resistencias que éstas oponen al viento para utilizar su pujanza; la energía que infla las velas, y arrastra el buque entero, y lo conduce, y lo orienta, son los idealistas: siempre resistidos por aquélla. Así resistiéndolos, como las velas al viento, los rutinarios aprovechan el empuje de los creadores. El progreso humano es la resultante de ese contraste perpetuo entre masas inertes y energías propulsoras.

Nunca se ha visto un tonto originalizado por contigüidad y es frecuente que un ingenio se amodorre entre pazguatos. Es más contagiosa la mediocridad que el talento.

 

Clase 3. Los boteros Tanques de Guerra. ¿Quién le pone el cascabel al gato?

En esta lección se trata sobre taxis.

Hoy ha salido en nuestros periódicos nacionales la nota de prensa emitida por el gobierno de la provincia. Es tan solo aplicable para la ciudad de La Habana, pero ha sido impresa y publicada en estos diarios nacionales para que les sirva el sayo a todos. La noche anterior fue leída minuciosamente por el archicomunista bigotón animador del Noticiero de las Ocho.

Resulta que han vuelto a las mismas de meses atrás en cuanto a los precios y las formas de operar de los taxistas privados conocidos como boteros. Esto es ya viejo, pero parece que de todas formas el gobierno no entiende, en realidad nunca ha entendido.

Seguramente alguien encumbrado, lo cual dudo pues estos personajes tienen varios autos a su disposición con más que suficiente combustible, o algunas personas de a pie cercanos a estos anteriores, se han quejado de nuevo sobre que los boteros están cobrando de más. Todo aquí está al revés. Por eso en esta nación nada sale bien desde hace sesenta años. Intentaremos ilustrar desde el inicio de esta crisis.

En Cuba existen varios tipos de taxis, unos carísimos (cobran siempre en cuc) propiedad del gobierno con diversas modalidades de laboreo y autos bastante modernos desactivados de la renta, pero de esos no les voy a hablar, pues no se mencionan en la nuevas disposiciones leoninas.

Los llamados Boteros son simples taxistas privados, con coches privados, en su inmensa mayoría autos extremadamente viejos y siempre muy deteriorados, casi sin excepción de factura norteamericana construidos en los cincuenta, incluso los cuarenta después de la guerra. Estos autos enormes han sido todos remotorizados con máquinas que usan combustible diésel, generalmente motores reacondicionados provenientes de camiones o camionetas estatales dados de baja por algún accidente,  deterioro o cambalache. Su capacidad interior es generalmente ampliada a siete u ocho pasajeros, incluso diez, pues espacio sobra. Otras veces incluso alargan la carrocería o el techo, refuerzan  las suspensiones, los frenos, la transmisión, el diferencial, aumentan el tamaño de los neumáticos y las llantas, acomodan más luces, y finalmente adaptan un claxon ensordecedor para quitar a los  tímidos del camino. A estos les llamamos tanques de guerra. Algunos incluso intimidan. Estos taxis generalmente siguen una ruta determinada, muy conocida y de alta demanda invariablemente con tarifas más o menos fijas de diez o veinte pesos cup no importa la distancia en el recorrido habitual. Son taxis colectivos, comunistas. Estos son los afectados.

Existen otros taxis boteros con autos más pequeños de diseño europeo tan antiguos como los anteriores, además Ladas, Moskoviches y otros, todos con motores de gasolina.  Estos no hacen recorridos, sino se estacionan en alguna piquera de origen espontáneo según la demanda, por lo general compitiendo con los taxis amarillo negros del estado (casi todos Ladas muy veteranos y mal conservados), pero en Cup (No para turistas). Estos vehículos con motores de gasolina y menor capacidad no pueden rodar sin clientes pues no habría plusvalía, ganancia. ¿Entienden? Muchos de estos taxistas operan sin licencia y de forma irregular. Los carros que utilizan combustible diésel tienen siempre que tener licencia pues siempre están en las mismas rutas y los policías e inspectores los pueden detectar y detener fácilmente. Cuando usted adquiere una licencia como Botero le colocan una pegatina en el parabrisas.

El objetivo de la clase de hoy está centrado en estos llamados Tanques de Guerra que, como dijimos, son los afectados. Años atrás estos muchachos quienes los conducen, no siempre sus propietarios, adquirían el diésel de contrabando a un precio inicial de tres pesos el litro hasta unos ocho o diez antes de la crisis. El diésel es mucho más barato pues abundaba en el mercado negro proveniente de los vehículos estatales como camiones, ómnibus, locomotoras e incluso barcos con amplios consumos y abastecimientos. La gasolina resulta mucho más cara en el mercado sumergido porque los vehículos que la utilizan  consumen muy poco y sus capacidades en el tanque son pequeñas. La gasolina de contrabando está casi al mismo precio que en las gasolineras estatales, que dicho sea de paso, todas son propiedad del Estado. Un litro de cualquier combustible cuesta aproximadamente un cuc, o veinticinco cups, dos veces el salario del día de un obrero.

A mediados del año 2016 el Estado comenzó a confrontar problemas con Venezuela ya que esta nación se ve en dificultades para continuar regalándonos más de cien mil barriles diarios para nuestro funcionamiento y nos vimos precisados a traerlo de Rusia, pero las cantidades se empequeñecieron drásticamente, el ejecutivo cortó a la mitad todas las cuotas de combustibles a todas las empresas e  instituciones de su propiedad. No se puede robar mucho ahora, pues no alcanza ni para trabajar lo normal,  o lo poco que se hace. Incluso en la empresa de un vecino mío fueron asignados dos autos chinos eléctricos de donación, a prueba, con una autonomía de doscientos cincuenta kilómetros por carga de la batería y ningún chofer los quería pues no tenían “búsqueda”. El combustible diésel comenzó a escasear y los boteros se vieron presionados a comprarlo en las gasolineras todas llamadas Cupet a un cuc el litro. Cobrar diez pesos no es rentable. Usted no puede cobrar veinte pesos por pasajeros desde Santiago de Las Vegas hasta el Parque Central, por ejemplo, porque el coche le consumirá tres litros, más o menos, tres Cuc. Usted colecta ciento cuarenta pesos (siete asientos) o algo más de cinco cuc. Le quedan dos o tres pesos que no pagan el desgaste de los carísimos neumáticos, el alto consumo del difícil encontrar aceite lubricante del motor y otras partes, la depreciación del vehículo que en un año se destruye totalmente debido al pésimo estado de las avenidas y peor de las calles. ¿Y con qué se queda usted? ¿Se ha preguntado cuánto vale diez o doce horas tras un pesado timón dentro de un extremadamente caluroso y ruidoso vehículo, como un tanque de guerra? Usted termina exhausto.

Muchos de estos choferes no son los propietarios y tienen que entregar a los verdaderos dueños unos cincuenta cuc al día, el resto es de ellos. ¿Qué cómo lo hacen? Yo no sé. Los reales dueños tienen que correr con los recambios y los difíciles neumáticos nuevos, así como con el pago de los muy altos impuestos por las licencias, etc.

Entonces, tras probablemente escuchar algunos reclamos de algunos trasnochados pasajeros quienes suponen que les han cobrado de más, generan nuevos reglamentos y medidas coercitivas para intentar paliar la situación. El gobierno alega que los precios de los combustibles no han subido en el último año. Es verdad, pero también todos los funcionarios conocen al dedillo esto que les acabo de explicar, sobre que los boteros no adquieren, no pueden, adquirir el combustible en las gasolineras estatales, pues no les generaría ganancias.

Fijar los precios es un absurdo, pues en primer lugar es un negocio privado y usted cobra lo que se le ocurra, el cliente lo acepta o lo deja. El Estado no aporta absolutamente nada para este tipo de labor, no facilita ninguna pieza, o combustible más barato, nada. Incluso los famosos chapistas cubanos ya pueden obtener licencias para reconstruir los autos, pero en absolutamente ninguna parte de esta isla les venden legalmente los materiales como el oxígeno y el acetileno, a pesar de que desde hace años lo anuncian. ¿Cómo lo hacen estos magos de las carrocerías? El Estado solo impone restricciones. Es a lo que está acostumbrado, la solución más fácil y no requiere de inversiones. Lanza a la calle un ejército de inspectores y  policías a imponer exageradas multas, e incluso amenazan con decomisar los vehículos. Es diametralmente lo contrario que deberían hacer como facilitar esta labor que transporta a la inmensa mayoría de los nacionales, pues el transporte urbano, de propiedad estatal, se mantiene marcadamente ineficiente, siempre lo ha sido. En las ciudades interiores como incluso Santiago de Cuba, el transporte urbano e intermunicipal, interprovincial incluso, lo realizan camiones privados con sesenta años o más de buen uso. Se ven pocos ómnibus y casi siempre en mal estado.

Lanzar precios fijos obligatorios para los diversos tramos, para lo cual no existe ningún reglamento, código o acuerdo gremial, etc., con la amenaza incluso de decomisar los vehículos, como lo ha hecho el gobierno el día 8-2-17, solo traerá una consecuencia. Los boteros se irán de vacaciones hasta cuando la tormenta pase. Si los obligan a pagar los impuestos a pesar de no estar rodando en las calles, pues entregarán sus licencias y a otra cosa. ¿Quién se fastidia al final? El pueblo, los de a pie que no cuentan con autos estatales y privados quienes tendrán que vérselas con las escasas guaguas, con su apretujadera, malos olores, calor y carteristas.

Así ha sido eternamente, paga Liborio. Este gobierno siempre hace exactamente lo contrario a lo que la lógica indica y genera lo que nadie quiere: Más problemas. Pudieron haber hecho algo bueno cuando comenzaron a vender coches nuevos o de segunda mano, pero se equivocaron en los exorbitantes precios. Sientan un desmoralizador precedente. Hagan lo que yo digo, no lo que yo hago, parecen decir. Ellos sí pueden, los boteros no. ¿Quién le pone el cascabel al gato?